En cada rincón de la Tierra caen fragmentos de meteoritos, pero de los aproximadamente 80.000 meteoritos descubiertos hasta hoy solo un puñado se conoce como angritas. Y al menos uno de ellos podría ser el remanente de un protoplaneta de nuestro sistema solar, según lo sugiere un trabajo de investigación.
Los investigadores que estudiaban el NWA 12774, una angrita hallada en el desierto del Sahara, notaron que las presiones que se requerirían para formar la estructura química del fragmento no podrían haber existido dentro de los asteroides más pequeños. Además, los delicados y afilados cristales que había dentro de la angrita indicaban que se había originado a poca profundidad. En un trabajo reciente publicado en Earth and Planetary Science Letters el equipo presentó una posibilidad inesperada: ¿esa angrita formó parte de un perdido embrión planetario en nuestro sistema solar?
“Los meteoritos son, en esencia, una biblioteca de información sobre la formación y evolución del sistema solar inicial”, le dijo a Gizmodo Aaron S. Bell, autor principal del trabajo y científico de la tierra de la Universidad de Colorado Boulder. “Las angritas en particular preservan el registro de los procesos ocurridos al principio mismo de la formación de los planetas”.
Antiguas extrañezas
Las angritas se cuentan entre los más antiguos meteoritos de basalto y los estudios de isótopos los ubican en el tiempo: 4,56 mil millones de años atrás, según explicó Bell. Pero su composición química los aparta de los basaltos que se encuentran en la Tierra, la Luna o incluso, en Marte. Porque las angritas, por ejemplo, tienen bajos niveles de sílice, y una química mineral que los distingue, añadió.

El caso del NWA 12774 es mucho más extraño. Esta angrita en particular contenía clinopiroxeno, mineral que se encuentra por debajo de la superficie de la Tierra, con niveles excepcionalmente altos de aluminio, “una firma química que se relaciona habitualmente con la cristalización a alta presión. Esa observación sugirió que la formación ocurrió bajo condiciones que no se esperan de un asteroide pequeño, apuntando a que provino de un cuerpo mucho más grande”, señaló Bell.
La roca se raja y se parte
Para explicarlo mejor, Bell y sus colegas diseñaron un experimento que confirmaría cuánta presión haría falta para cristalizar clinopiroxina rica en aluminio. El equipo entonces desarrolló y puso a prueba una herramienta termodinámica de computación, y la alimentaron con las composiciones que se había medido en el NWA 12774. Al hacerlo, pudieron “captar la composición de granos individuales de mineral y usar la termodinámica para inferir bajo qué condiciones se formaron y a partir de allí, el tamaño del cuerpo de donde provinieron”, dijo Bell.

Las pruebas revelaron que los cristales habrían requerido al menos 17,5 kilobares de presión. Para ponerlo en perspectiva, la presión que hay en el fondo de la Fosa de las Marianas es de alrededor de 1 kilobar, según declaraciones de la universidad sobre este hallazgo. Al seguir con los cálculos encontraron que la angrita tendría que haber venido de un cuerpo con un radio de al menos 1.000 kilómetros. En comparación, el radio medio de la Luna es de 1.738 km.
Tal vez, un planeta perdido
Ese sería un cálculo conservador en realidad. Las imágenes de rayos X del fragmento mostraron que los bordes de los cristales eran afilados y estaban bien preservados, algo que no habría sucedido al estar a gran profundidad respecto de la superficie. En ese caso el cuerpo de donde provino podría haber tenido el tamaño de Marte, que tiene un radio de 3.300 km.
“Estos meteoritos han preservado evidencia de un camino diferente del desarrollo inicial de los planetas. Hay muchos meteoritos guardados en cajones que no se han estudiado en detalle, por lo que es probable que no conozcamos otros protoplanetas”, añadió Bell en las declaraciones.
Por supuesto, no podemos volver el tiempo atrás para ver si el NWA 12774 cayó realmente desde alguna parte ya perdida del sistema solar. Con todo, las angritas —como cualquier otro meteorito antiguo— son objetos únicos de los inicios del sistema solar que nos revelan datos valiosos sobre la geoquímica de los inicios de este sistema, y eso constituye una “notable oportunidad”, según le dijo Bell a Gizmodo.