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Ciencia

Descubren una gigantesca fábrica medieval de plata y latón oculta bajo el desierto del Sahara durante siglos

Un hallazgo arqueológico en el sur de Marruecos ha sacado a la luz una sorprendente infraestructura que permaneció oculta durante siglos. La investigación revela una actividad industrial mucho más avanzada de lo imaginado y ofrece nuevas pistas sobre el poder económico que alcanzó una antigua ciudad del Sahara.
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Durante siglos, una antigua ciudad en el extremo sur de Marruecos permaneció envuelta por el silencio del desierto y el paso del tiempo. Lo que parecía un conjunto de ruinas olvidadas acaba de revelar un pasado mucho más complejo de lo que se creía. Un reciente descubrimiento arqueológico demuestra que este enclave desempeñó un papel clave en la economía medieval y abre una nueva perspectiva sobre las rutas comerciales que cruzaban el Sahara.

Una ciudad estratégica en el corazón de las rutas del Sahara

En una región árida del sur de Marruecos, muy cerca de la actual localidad de Akka y al pie de las montañas del Anti-Atlas, se encuentran los restos de Tamdult, una ciudad que durante la Edad Media fue un punto fundamental para el comercio transahariano. Por allí circulaban caravanas cargadas de oro, marfil, cobre y otros productos de enorme valor que conectaban el norte de África con las regiones situadas al sur del desierto.

Ahora, una investigación publicada en la revista Historical Metallurgy ha revelado que Tamdult no solo era un importante centro comercial, sino también un complejo industrial especializado en el procesamiento de metales preciosos. El trabajo, realizado por un equipo internacional de arqueólogos, modifica la visión que hasta ahora existía sobre el desarrollo tecnológico de esta zona del noroeste africano.

Las evidencias recuperadas durante las excavaciones, junto con monedas pertenecientes a los periodos almorávide y almohade y análisis mediante radiocarbono, indican que la ciudad vivió su mayor etapa de actividad entre los años 1233 y 1430.

Aunque antiguos cronistas islámicos ya habían mencionado la existencia de minas de oro y plata en las cercanías, nunca se había documentado una infraestructura industrial capaz de transformar esos recursos a gran escala. Ese vacío histórico acaba de llenarse gracias a los nuevos descubrimientos.

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Excavaciones que revelaron una sofisticada industria metalúrgica

Los trabajos arqueológicos fueron dirigidos por especialistas del Instituto de Chipre con la colaboración del Museo Británico y del Instituto Nacional de Ciencias de la Arqueología y del Patrimonio de Marruecos (INSAP).

Las excavaciones permitieron documentar hasta dos metros de estratos arqueológicos excepcionalmente bien conservados. La escasa acumulación de sedimentos protegió numerosos restos relacionados con actividades metalúrgicas desarrolladas hace varios siglos.

Los investigadores identificaron distintas zonas especializadas dentro del asentamiento. En el sector occidental aparecieron grandes acumulaciones de escorias asociadas al procesamiento del cobre. En cambio, las áreas orientales y sudorientales concentraban residuos vinculados con la producción de plata y plomo.

Uno de los descubrimientos más importantes fue un taller situado en la parte fortificada de la ciudad. Allí se localizaron hogares de combustión, restos de un horno para fundición de cobre y fragmentos de toberas cerámicas utilizadas para introducir aire en el fuego, elementos que demuestran un elevado nivel de conocimiento técnico para la época.

Cómo transformaban los minerales en metales de gran valor

El estudio permitió reconstruir buena parte del proceso utilizado para obtener plata. Primero se fundía el mineral rico en plomo que contenía pequeñas cantidades del metal precioso. Posteriormente se realizaba un procedimiento conocido como copelación, mediante el cual era posible separar la plata del plomo oxidado y obtener un material mucho más puro.

Aunque los restos de este proceso no son abundantes, su tamaño y características indican que la producción era considerable. Uno de los fragmentos encontrados permite estimar que se obtenían piezas de plata cercanas al medio kilogramo, una cantidad significativa para los estándares medievales.

Después del refinado, la plata líquida se vertía en moldes cerámicos con pequeñas cavidades que permitían fabricar piezas listas para almacenarse o comercializarse. Muchos de estos moldes todavía conservaban diminutas gotas del metal adheridas a su superficie, una evidencia directa del trabajo que allí se realizaba.

Sin embargo, el hallazgo que más sorprendió a los investigadores fue la confirmación de que en Tamdult también se fabricaba latón, una aleación muy apreciada en el mundo islámico por su apariencia similar al oro.

Los análisis mediante fluorescencia de rayos X detectaron restos de zinc en crisoles y moldes utilizados durante la producción. Esto demuestra que los artesanos calentaban cobre junto con minerales de zinc y carbón vegetal dentro de recipientes refractarios. Durante el proceso, el zinc se incorporaba al cobre formando la aleación, que posteriormente era fundida en lingotes para su distribución.

Un legado que obliga a replantear la historia de la región

La actividad metalúrgica de Tamdult estuvo estrechamente ligada a la riqueza mineral de la región de Akka y del macizo de Djebel Addana, donde abundan minerales como galena, calcopirita y pirita, fundamentales para la producción de distintos metales.

Aunque en las inmediaciones no existían importantes depósitos de plata, las investigaciones indican que el mineral era transportado desde yacimientos situados a más de 20 kilómetros. Esto demuestra que la ciudad funcionaba como un gran centro logístico capaz de recibir materias primas, procesarlas y redistribuir productos terminados hacia las principales rutas comerciales del Sahara.

A partir del siglo XIV, Tamdult comenzó a perder relevancia por razones que aún generan debate entre los especialistas. Entre las hipótesis aparecen conflictos internos, cambios climáticos o transformaciones políticas y religiosas que pudieron afectar la estabilidad de la región.

Otro aspecto que sigue despertando preguntas es la ausencia de evidencias relacionadas con la producción de hierro. Los arqueólogos consideran que la escasez de combustible en un entorno desértico pudo haber llevado a priorizar la fabricación de metales mucho más valiosos, aunque tampoco descartan que la siderurgia se desarrollara fuera del recinto fortificado.

Gracias a estos descubrimientos, Tamdult se consolida como uno de los complejos metalúrgicos islámicos medievales mejor conservados del noroeste de África. Sus restos ofrecen una imagen mucho más completa de la capacidad tecnológica, económica y comercial que alcanzaron las ciudades que prosperaron durante siglos en las rutas del desierto del Sahara.

 

[Fuente: Infobae]

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