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Ciencia

El “oro de los tontos” escondía una riqueza real bajo el océano. Científicos encontraron una concentración récord de oro invisible dentro de una caldera volcánica situada al sur de Tokio

Un análisis microscópico ha revelado concentraciones extraordinarias de oro ocultas dentro de la pirita de una caldera submarina japonesa. El depósito resulta prometedor, pero convertirlo en una mina implicaría superar enormes obstáculos técnicos y ambientales.
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El oro no siempre reluce. A veces ni siquiera forma pequeñas vetas, pepitas o partículas reconocibles bajo un microscopio. Puede permanecer integrado átomo por átomo dentro de otro mineral, oculto de tal manera que una roca aparentemente corriente termina almacenando una riqueza difícil de detectar.

Eso es precisamente lo que un equipo japonés ha encontrado bajo el océano Pacífico. Según el estudio publicado en Scientific Reports, algunas muestras de pirita recuperadas en la caldera submarina de Higashi-Aogashima contienen hasta un 1,9% de oro en peso. Los autores sostienen que se trata de la mayor concentración conocida de este metal dentro de pirita procedente de un depósito hidrotermal.

El hallazgo no significa que Japón haya inaugurado una mina de oro submarina ni que el fondo marino esté cubierto de pepitas listas para ser recogidas. Lo descubierto es más complejo: oro “invisible”, atrapado dentro de la estructura cristalina de un mineral conocido popularmente como el oro de los tontos.

Una enorme caldera volcánica escondida bajo el océano

El “oro de los tontos” escondía una riqueza real bajo el océano. Científicos encontraron una concentración récord de oro invisible dentro de una caldera volcánica situada al sur de Tokio
© Japan Agency for Marine-Earth Science Technology.

La caldera de Higashi-Aogashima se encuentra aproximadamente a 360 kilómetros al sur de Tokio y unos 12 kilómetros al este de la isla de Aogashima, dentro del arco volcánico de Izu-Ogasawara. Su fondo mide alrededor de 7,5 kilómetros de largo por 6,5 de ancho y alcanza una profundidad máxima cercana a los 820 metros.

Aunque 820 metros continúan siendo una distancia enorme para cualquier operación industrial, el depósito es relativamente poco profundo si se compara con otros campos hidrotermales situados a varios kilómetros bajo la superficie. Esa circunstancia es una de las razones por las que la zona despierta especial interés económico.

De acuerdo con la Universidad de Tokio, los primeros indicios de depósitos masivos de sulfuros aparecieron en muestras de sedimentos recogidas en 2013. Dos años después, un vehículo submarino autónomo elaboró imágenes acústicas tridimensionales del terreno y permitió identificar varios montículos relacionados con la actividad hidrotermal.

Actualmente se conocen tres áreas activas dentro de la caldera: Central Cone, Southeast y East. En ellas, el agua marina penetra a través de fracturas, se calienta al entrar en contacto con las rocas volcánicas y vuelve a salir cargada de metales. Al mezclarse con el agua fría del océano, esos materiales precipitan y construyen chimeneas negras y montículos de sulfuros.

El oro estaba encerrado dentro del “oro de los tontos”

Las muestras utilizadas en el nuevo trabajo fueron recogidas mediante vehículos operados a distancia durante expediciones realizadas en 2021 y 2022. Procedían tanto de montículos minerales como de una chimenea hidrotermal activa de unos 40 metros de altura.

Los investigadores recurrieron a la espectrometría de masas de iones secundarios, una técnica conocida como SIMS. Según explican en el artículo, el método puede detectar concentraciones de oro de apenas siete partes por mil millones y analizar cómo se distribuyen los elementos a escalas extremadamente pequeñas.

Los resultados fueron sorprendentes. La concentración de oro dentro de los granos de pirita osciló desde 0,43 hasta 19.231 partes por millón. Ese valor máximo equivale aproximadamente al 1,9% del peso del mineral. La media de las 135 mediciones fue de 844 partes por millón.

La diferencia con otros depósitos es enorme. En función de la comparación incluida en el estudio, la pirita de campos hidrotermales del canal de Okinawa había alcanzado hasta unas 202 partes por millón, mientras que las muestras de la caldera submarina de Niuatahi, en Tonga, se situaban cerca de 198. Higashi-Aogashima multiplica esos máximos por casi cien.

Las rocas completas también son extraordinariamente ricas. Los análisis anteriores habían registrado hasta 275 partes por millón de oro, con un promedio de 102 en algunos montículos. Como referencia, una base de datos de 130 depósitos masivos de sulfuros submarinos mostraba concentraciones comprendidas entre 0,01 y 43 partes por millón.

No encontraron pepitas microscópicas flotando en la roca

El “oro de los tontos” escondía una riqueza real bajo el océano. Científicos encontraron una concentración récord de oro invisible dentro de una caldera volcánica situada al sur de Tokio
© Japan Agency for Marine-Earth Science Technology.

El llamado oro invisible puede presentarse de dos maneras. Una consiste en diminutas nanopartículas encerradas dentro del mineral. La otra ocurre cuando los átomos de oro pasan a formar parte de la propia red cristalina de la pirita, sustituyendo o acompañando a otros elementos.

En este caso, el análisis de alta resolución no encontró cambios bruscos que delataran la presencia de nanopartículas dentro de los granos estudiados. Según los autores, la explicación más probable es que el oro se encuentre distribuido de manera bastante uniforme dentro de la estructura cristalina de la pirita.

Los científicos observaron además que las concentraciones más elevadas aparecían en una variedad de pirita con formas redondeadas y capas concéntricas, denominada pirita coloforme. Esos cristales también contenían cantidades elevadas de arsénico, plomo o cobre.

El arsénico puede deformar la estructura de la pirita y facilitar la entrada de los iones de oro. El nuevo trabajo plantea que el plomo y el cobre podrían desempeñar una función semejante. Sin embargo, los propios investigadores reconocen que el mecanismo exacto todavía necesita más datos y experimentos.

El depósito tiene oro, pero todavía no es una mina

Que una roca contenga mucho oro no significa necesariamente que sea rentable explotarla. Primero habría que extraer los sulfuros del fondo oceánico, transportarlos hasta la superficie y procesar enormes cantidades de material para separar un metal que no aparece en forma de pepitas, sino incorporado químicamente a la pirita.

Japón ya ha desarrollado y probado tecnologías para excavar y elevar sulfuros masivos del fondo marino. La agencia estatal JOGMEC señala que realizó la primera prueba piloto mundial de excavación y elevación continua de este tipo de depósitos. Aun así, esas demostraciones no equivalen a una industria comercial estable, rentable y capaz de operar durante años.

El estudio tampoco calcula el volumen total del depósito ni cuánto oro recuperable contiene toda la caldera. Por eso, describir Higashi-Aogashima como una “mina de oro récord” resulta prematuro. Por ahora es un campo hidrotermal con concentraciones excepcionalmente elevadas y un potencial económico todavía incierto.

La riqueza mineral comparte espacio con un ecosistema desconocido

Las chimeneas hidrotermales no son únicamente fábricas naturales de metales. Como explica la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, el agua marina se filtra por la corteza, es calentada por el magma y regresa al océano cargada de minerales. Alrededor de esos fluidos prosperan comunidades alimentadas por la quimiosíntesis, sin depender directamente de la luz solar.

Bacterias, moluscos, crustáceos, gusanos, esponjas y otros organismos pueden especializarse hasta tal punto que solo viven en un campo concreto. En Higashi-Aogashima, además, todavía no se conoce con precisión la diversidad biológica asociada a todas sus chimeneas activas.

La minería podría destruir directamente las estructuras, levantar nubes de sedimentos y modificar la circulación de los fluidos. Una evaluación global publicada en npj Ocean Sustainability concluyó que los respiraderos activos son ecosistemas raros, aislados y vulnerables, y que únicamente una pequeña proporción disfruta de una protección completa.

El descubrimiento deja así a Japón frente a una paradoja. En una caldera volcánica relativamente accesible ha aparecido la pirita más rica en oro analizada hasta ahora. Pero el mismo proceso geológico que concentró ese metal también construyó un ecosistema del que todavía conocemos muy poco. El fondo del Pacífico puede esconder una extraordinaria reserva mineral. Antes de convertirla en una mina, habrá que decidir si es posible extraer su oro sin destruir algo que quizá resulte mucho más difícil de reemplazar.

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