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Ciencia

El desierto de Arabia estuvo lleno de lagos hace miles de años, pero los humanos evitaron instalarse allí. Científicos recorrieron 1.500 kilómetros y descubrieron la sorprendente razón

Una expedición encontró restos de 55 antiguos lagos en el desierto de Arabia, pero ninguna herramienta humana. Un estudio publicado en Nature revela que la falta de piedras adecuadas pudo impedir los asentamientos prehistóricos.
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Hoy es uno de los lugares más inhóspitos del planeta, una extensión de aproximadamente 650.000 kilómetros cuadrados dominada por dunas, arena y temperaturas extremas. Sin embargo, hace decenas de miles de años, el desierto de Rub al-Jali, en la península arábiga, era muy diferente. Las lluvias alimentaban lagos, aparecían zonas de vegetación y las condiciones parecían favorables para que nuestros antepasados se establecieran allí. Pero una expedición científica acaba de encontrar algo que nadie esperaba.

Tras recorrer aproximadamente 1.500 kilómetros y examinar 125 lugares, un equipo internacional encontró evidencias de 55 antiguos lagos, pero ninguna herramienta de piedra ni otros rastros arqueológicos de ocupación humana en las localidades estudiadas. El resultado desconcertó a los investigadores porque, en aquella misma época, existían asentamientos humanos alrededor del desierto.

La explicación podría cambiar nuestra interpretación de las primeras migraciones humanas. Según el estudio publicado en Nature, el problema no era únicamente encontrar agua: los grupos prehistóricos también necesitaban piedras apropiadas para fabricar las herramientas de las que dependía buena parte de su supervivencia.

Había agua suficiente, pero faltaba un recurso que podía ser todavía más importante

El desierto de Arabia estuvo lleno de lagos hace miles de años, pero los humanos evitaron instalarse allí. Científicos recorrieron 1.500 kilómetros y descubrieron la sorprendente razón
Vista aérea de una zona de exploración científica entre las dunas del desierto de Arabia. Los investigadores recorrieron aproximadamente 1.500 kilómetros para estudiar antiguos ambientes lacustres y comprender qué factores condicionaron los asentamientos humanos prehistóricos. © KAUST.

La investigación se concentró en el Rub al-Jali, conocido como el Cuarto Vacío, que ocupa gran parte del sur de Arabia Saudita y se extiende hacia otros países de la región.

Durante determinados períodos húmedos del Pleistoceno, hace entre aproximadamente 122.000 y 67.000 años, el aumento de las precipitaciones y del nivel de las aguas subterráneas permitió la formación de numerosos lagos. Los científicos encontraron sedimentos lacustres, conchas de moluscos de agua dulce e incluso fragmentos de huevos de avestruz.

Sin embargo, faltaba algo fundamental. Los investigadores no encontraron sílex ni otras rocas adecuadas para producir herramientas mediante talla. En buena parte del interior del desierto, los materiales geológicos disponibles simplemente no presentaban las propiedades necesarias para fabricar filos resistentes.

La diferencia era enorme respecto a las zonas periféricas, donde sí existen yacimientos prehistóricos junto a fuentes de agua y afloramientos de piedra. Según explicó Rudolf Dellmour, investigador de la Universidad de Viena y primer autor del trabajo, en el comunicado de la Academia Checa de Ciencias, el equipo encontró una sucesión de antiguos lagos sin ninguna evidencia de herramientas humanas.

El descubrimiento podría cambiar los mapas de las primeras migraciones humanas

El desierto de Arabia estuvo lleno de lagos hace miles de años, pero los humanos evitaron instalarse allí. Científicos recorrieron 1.500 kilómetros y descubrieron la sorprendente razón
Restos de antiguos depósitos lacustres encontrados entre las dunas del desierto de Arabia. Las fotografías muestran sedimentos, superficies endurecidas y conchas de moluscos de agua dulce que demuestran que la región tuvo lagos durante períodos más húmedos del pasado. © Rudolf W. Dellmour y colaboradores / Nature (2026).

Para comprobar si la ausencia de herramientas era una casualidad, los investigadores desarrollaron un modelo que combinaba dos factores: la presencia de agua y la disponibilidad de materias primas para fabricar utensilios.

El resultado fue revelador. El 57% de las zonas de la península arábiga consideradas accesibles al agua se encuentra sobre formaciones geológicas que carecen de rocas apropiadas para tallar herramientas, según el análisis.

Esto significa que los modelos anteriores, basados principalmente en el clima y los recursos hídricos, podrían haber sobreestimado las regiones realmente adecuadas para establecer poblaciones durante el Paleolítico.

El desierto de Arabia estuvo lleno de lagos hace miles de años, pero los humanos evitaron instalarse allí. Científicos recorrieron 1.500 kilómetros y descubrieron la sorprendente razón
Un investigador examina la superficie del desierto de Arabia en busca de evidencias geológicas y arqueológicas. El nuevo estudio analizó 125 localidades y encontró numerosos depósitos de antiguos lagos, pero ninguna herramienta de piedra en los lugares examinados. © KAUST.

La conclusión también tiene implicaciones para comprender la expansión de Homo sapiens fuera de África. Aunque determinados corredores del desierto pudieron disponer de lagos y vegetación, eso no garantizaba que fueran adecuados para establecer comunidades durante períodos prolongados.

No obstante, los autores reconocen una limitación: la ausencia de restos arqueológicos en los lugares examinados no demuestra que ninguna persona haya atravesado jamás esas regiones. Es posible que existieran desplazamientos ocasionales que todavía no hayan dejado evidencias identificables.

El hallazgo propone una forma diferente de reconstruir nuestro pasado. En lugar de observar únicamente dónde había agua, los arqueólogos deberán considerar también qué materiales podían obtener nuestros antepasados y cómo condicionaban sus desplazamientos. Porque, hace decenas de miles de años, un lago podía ofrecer agua suficiente para sobrevivir, pero sin una piedra adecuada para fabricar herramientas quizá no bastaba para quedarse a vivir allí.

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