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Ciencia

Después de 20 años cerrada, una de las tumbas más grandes del Valle de los Reyes vuelve a abrir. Dentro, los colores de un Egipto que parecía perdido

Durante dos décadas, la tumba de Amenhotep III permaneció sellada en silencio, mientras 260 especialistas japoneses y egipcios trabajaban en su restauración. Hoy vuelve a recibir visitantes con murales intactos, cámaras funerarias reconstruidas y la huella viva de un faraón que gobernó hace más de 3.300 años.
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El Valle de los Reyes ha vuelto a respirar. A orillas del Nilo, frente a la antigua Tebas, se ha reabierto una de las joyas más imponentes del Egipto faraónico: la tumba de Amenhotep III, el monarca que gobernó entre 1390 y 1350 a. C. Su reinado marcó el cénit del Reino Nuevo, una época de prosperidad, arte refinado y poder sin precedentes. Y ahora, dos milenios después, su morada eterna vuelve a recibir luz, aire… y visitantes.

Durante más de 20 años, el recinto funerario permaneció cerrado al público. No era por olvido, sino por precaución. El paso del tiempo, los saqueos, las crecidas del Nilo y las primeras excavaciones del siglo XIX habían dejado la estructura al borde del colapso. Fue entonces cuando un equipo de la Universidad de Waseda (Japón), en colaboración con la UNESCO y el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, emprendió una restauración que hoy se considera ejemplar.

Un descenso al corazón del faraón

Egipto reabre la tumba de un faraón tras dos décadas de restauración. Lo que encontraron dentro ha dejado sin palabras a los arqueólogos
© Unsplash – Getty.

El acceso a la tumba es una experiencia en sí misma. Un corredor descendente de 36 metros de largo y 14 metros de profundidad conduce a las cámaras principales. Las paredes, cubiertas de jeroglíficos y escenas funerarias, parecen recién pintadas. En los murales restaurados se aprecian fragmentos de textos del Libro de los Muertos, procesiones rituales y retratos de Amenhotep acompañado de las diosas protectoras del Más Allá.

Lo que durante años fue una masa oscura de piedra y polvo, hoy resplandece bajo la tenue luz artificial. “Hemos devuelto el color al silencio”, explicó Mohamed Ismail Khaled, del Consejo Supremo de Antigüedades, durante la reapertura. Detrás de esa frase poética hay un trabajo de precisión quirúrgica: más de 260 especialistas participaron en la restauración, desde ingenieros estructurales hasta expertos en pigmentos naturales y microbiólogos encargados de eliminar hongos sin dañar la pintura.

El legado que sobrevivió al saqueo

La tumba fue descubierta en 1799, durante la ocupación napoleónica. Desde entonces, su historia fue una mezcla de gloria y expolio. Los objetos funerarios, estatuas y piezas del ajuar real fueron repartidos entre el Louvre, el Metropolitan Museum de Nueva York y el Castillo de Highclere, en Reino Unido.
En el Valle de los Reyes solo quedaron los muros, las cámaras vacías y una atmósfera de misterio.

Aun así, el recinto conserva tres cámaras principales: la del faraón y las de sus dos esposas, Tiye (abuela de Tutankamón) y Sitamun. Las pinturas de estos espacios son, según la Universidad de Waseda, “de las mejor conservadas del Reino Nuevo”, una afirmación que cobra sentido al ver los tonos azules, rojos y dorados que aún resisten al tiempo.

Un templo para la eternidad

Egipto reabre la tumba de un faraón tras dos décadas de restauración. Lo que encontraron dentro ha dejado sin palabras a los arqueólogos
© Viajeropedia.

El complejo de Amenhotep III no era solo una tumba: era una declaración de inmortalidad. Desde el Nilo partía una calzada ceremonial jalonada con estatuas osiríacas del faraón, que conducía hasta el templo funerario, donde se realizaban los ritos del culto al soberano difunto. Cerca del acceso se levantaba una pirámide satélite, posiblemente destinada al ka del faraón, su energía vital según la creencia egipcia.

Aunque el sarcófago y la momia reposan hoy en el Museo Nacional de la Civilización Egipcia de El Cairo, el visitante puede recorrer los espacios donde se celebraban las ceremonias del renacimiento simbólico del rey. El aire está impregnado de una sensación extraña: como si el tiempo, aquí dentro, aún se moviera al ritmo de los antiguos sacerdotes.

De la oscuridad al brillo

Egipto reabre la tumba de un faraón tras dos décadas de restauración. Lo que encontraron dentro ha dejado sin palabras a los arqueólogos
© Viajeropedia.

La reapertura no solo devuelve al turismo una de las tumbas más grandes del Valle de los Reyes; también marca un hito en la conservación arqueológica internacional. “Este proyecto representa el más alto estándar de restauración integrada”, afirmó la directora regional de la UNESCO durante la inauguración.

El método japonés, que combinó técnicas tradicionales de consolidación con escaneo 3D, permitió recomponer secciones completas de pintura sin alterar su trazo original. Cada grieta, cada capa de yeso, fue analizada bajo microscopio. El resultado: un equilibrio entre la ciencia y la reverencia por el pasado.

Un eco de la antigua Tebas

Los visitantes que hoy descienden al interior de la tumba de Amenhotep III pueden, además, visitar el cercano templo funerario de Kom al Hetan, donde todavía se alzan los Colosos de Memnón, dos estatuas de granito de 18 metros que custodian la entrada del valle desde hace más de tres milenios.

Allí, entre el silencio y el viento del desierto, el Egipto de los faraones sigue vivo. No en los museos, sino en los lugares donde aún resuena su eco.
Y quizá eso sea lo más extraordinario de todo: que 3.300 años después, Amenhotep III siga recibiendo visitas.

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