El noviembre pasado, ocurrió algo que, a simple vista, pudo pasar desapercibido: dieciocho asteroides entraron dentro de la órbita lunar sin que los sistemas de vigilancia los detectaran a tiempo. La mayoría aparecieron en los registros cuando ya estaban casi encima, demasiado cerca como para activar cualquier protocolo de alerta.
Es un recordatorio incómodo de lo difícil que sigue siendo ver a tiempo los objetos pequeños que se acercan desde direcciones desfavorables o desde el lado diurno de la Tierra.
Un mes inusualmente activo… y casi invisible para los telescopios
Según los datos recopilados por Tony Dunn, creador de la animación que circuló entre astrónomos aficionados y profesionales, noviembre mostró un patrón preocupante: detecciones consecutivas hechas tarde, muy cerca de la máxima aproximación.
En total, fueron dieciocho objetos cruzaron la órbita lunar —menos de 384.000 km— sin previo aviso. No es un récord (octubre tuvo treinta), pero sí una señal clara: los algoritmos y telescopios actuales, por muy avanzados que sean, siguen fallando en el rango de los asteroides pequeños.
Varios de ellos apenas medían entre 12 y 28 metros. Ese rango es suficiente para producir un bólido intenso al entrar en la atmósfera, similar al de Cheliábinsk en 2013, cuya onda expansiva rompió cristales y causó lesiones en más de un millar de personas.
El caso 2025 WV13: un objeto del tamaño de una casa a 24.000 km

Entre los asteroides detectados, uno destaca especialmente: 2025 WV13. Con un tamaño comparable al de una vivienda, pasó a unos 24.000 km de la superficie terrestre.
Ese es un margen más cercano que muchos satélites de comunicaciones, que operan a 35.786 km. A esa distancia, incluso la gravedad terrestre puede modificar la trayectoria del objeto, tal como muestra la animación de Dunn.
El problema no es su paso cercano. El problema es que no lo vimos hasta que ya había pasado el punto crítico. Para un objeto de ese tamaño, las horas —o incluso los minutos— pueden marcar la diferencia entre una entrada atmosférica inofensiva sobre el océano y un bólido sobre una ciudad.
¿Por qué seguimos detectando tan tarde estos asteroides?
La respuesta es bastante frustrante, pero simple: son demasiado pequeños y demasiado oscuros.
Los telescopios diseñados para vigilancia planetaria captan bien los objetos grandes, pero con cuerpos de menos de 30 metros la luminosidad cae en picada. Muchos se acercan desde direcciones en las que el brillo solar los oculta o desde el hemisferio diurno, donde prácticamente no hay capacidad de observación.
Además, las campañas de seguimiento dependen de redes de telescopios repartidos por el mundo que no siempre pueden cubrir todas las regiones del cielo. Detectar un asteroide pequeño antes de que impacte sigue siendo un logro excepcional: solo ha ocurrido unas pocas veces en la historia, y siempre con pocas horas de antelación.
¿Debemos preocuparnos? La respuesta es matizada
Los astrónomos coinciden en que estos acercamientos no suponen un riesgo inmediato para la vida humana. La mayoría de estos objetos se desintegraría en la atmósfera o produciría eventos luminosos espectaculares sin consecuencias graves.
Pero el problema va más allá: lo que muestran estos datos es un vacío operativo. Tener incluso de 24 a 48 horas de margen podría permitir cerrar aeropuertos, evacuar áreas de riesgo o alertar a poblaciones vulnerables. Hoy, ese margen no existe de forma sistemática.
Y no es un fenómeno aislado. En los últimos doce meses se han registrado 191 objetos dentro de la órbita lunar. Solo en noviembre pasado, después del 29, aún se añadieron tres más a la lista.
18 asteroids passed closer than the Moon in November. And every one of them was discovered this month. #Astronomy
— Tony Dunn (@tony873004.bsky.social) 29 de noviembre de 2025, 20:58
El desafío real: detectar lo pequeño antes de que esté encima
El reto no pasa por los asteroides gigantes, que se detectan años antes. El auténtico punto débil del sistema son los objetos que tienen el tamaño suficiente para causar daños locales pero que son prácticamente invisibles hasta que ya están a tiro.
Proyectos como NEO Surveyor de la NASA, o los telescopios de la ESA en La Silla y Tenerife, buscan cerrar ese agujero. Pero su despliegue completo tomará tiempo, y mientras tanto dependemos de detecciones tardías, animaciones colaborativas y un poco de buena suerte.
Hasta entonces, el noviembre del 2025 queda como una señal silenciosa: no es que los asteroides se acerquen más. Es que solo los vemos cuando ya están saludando desde la ventana.