La recuperación de especies extintas en libertad o al borde de desaparecer suele requerir estrategias extraordinarias. En Europa, un equipo de investigadores apostó por una técnica que parece sacada de una película: enseñar a las aves a migrar siguiendo aeronaves ultraligeras. Los resultados fueron prometedores durante años, pero una inesperada intervención de la naturaleza mostró que el camino hacia la restauración completa está lleno de desafíos difíciles de prever.
Una especie que estuvo a punto de desaparecer
Durante siglos, el ibis eremita formó parte de numerosos ecosistemas europeos. Sin embargo, la presión humana terminó llevándolo al borde de la desaparición. La caza intensiva y la transformación de sus hábitats naturales provocaron que esta singular ave, reconocible por su plumaje oscuro, su cabeza desnuda y su característico pico curvado, desapareciera de amplias zonas del continente.
Ante esta situación, diversos programas de conservación comenzaron a trabajar para recuperar sus poblaciones. El objetivo no solo era aumentar el número de ejemplares, sino también devolverles comportamientos esenciales para sobrevivir en libertad, entre ellos uno de los más importantes: la migración.
La tarea no era sencilla. Muchas de las aves nacían en cautividad y nunca habían aprendido las rutas que sus antepasados recorrían cada año. Sin esa información, resultaba prácticamente imposible que pudieran desplazarse con éxito entre sus áreas de reproducción y sus zonas de invernada.

El sorprendente método para enseñarles a migrar
Para resolver este problema, los especialistas desarrollaron una estrategia tan innovadora como efectiva. Desde sus primeras semanas de vida, los polluelos son criados por cuidadores que actúan como figuras parentales. Gracias a este vínculo, las aves aprenden a seguirlos durante sus primeros vuelos.
Más adelante, esos cuidadores utilizan aeronaves ultraligeras para guiarlas a través de miles de kilómetros. De esta manera, los ejemplares recorren rutas que conectan Europa Central con el sur de España, donde pasan los meses más fríos del año.
La finalidad de este proceso es que memoricen el trayecto y puedan repetirlo por cuenta propia en temporadas posteriores. Durante años, el proyecto impulsado por el equipo Waldrappteam fue acumulando evidencias de que el método funcionaba.
Entre las aves participantes se encontraban Dr. Saurier y Espi, dos ibis eremitas criados en Austria que se convirtieron en protagonistas involuntarios de una historia que llamó la atención de conservacionistas de toda Europa.
Una prueba que parecía confirmar el éxito del proyecto
En 2023, ambos ejemplares completaron junto a otras aves una extensa migración hacia Andalucía siguiendo uno de los ultraligeros utilizados por los investigadores. El recorrido fue considerado un importante avance para el programa de restauración.
La verdadera prueba llegó tiempo después. En 2025, Dr. Saurier y Espi emprendieron el regreso hacia el norte de Europa sin asistencia humana. Para los científicos, aquello representaba una demostración contundente de que las aves habían aprendido correctamente la ruta.
El logro era especialmente significativo porque confirmaba que individuos nacidos y criados bajo supervisión humana podían recuperar una conducta migratoria compleja y transmitirla potencialmente a futuras generaciones.
Todo parecía indicar que la recuperación de la especie avanzaba según lo previsto y que los esfuerzos realizados durante décadas comenzaban a dar resultados visibles.
Cuando la naturaleza impone sus propias reglas
Sin embargo, el éxito del programa no podía eliminar todos los riesgos que enfrentan los animales salvajes. Durante un posterior desplazamiento hacia España, Dr. Saurier y Espi encontraron un obstáculo imposible de evitar.
Ambos ejemplares fueron capturados por un búho real en la provincia de Cuenca. La noticia supuso un duro golpe para los investigadores, que habían seguido de cerca la evolución de estas aves desde sus primeros días de vida.
Aun así, los expertos destacan que este desenlace forma parte de la realidad de cualquier especie que regresa a la naturaleza. Una vez liberados, los animales deben enfrentarse a depredadores, condiciones climáticas adversas y múltiples amenazas presentes en su entorno.
Aunque la pérdida de estos dos ejemplares resultó dolorosa para el proyecto, los responsables consideran que el balance sigue siendo positivo. El ibis eremita ha recuperado rutas migratorias que permanecieron abandonadas durante siglos y nuevas generaciones continúan aprendiendo el camino. Su historia demuestra que restaurar una especie es posible, pero también que existen desafíos que ni la tecnología más avanzada puede controlar por completo.
[Fuente: Diario UNO]