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Ciencia

Llevamos décadas buscando vida en la superficie de Marte, pero quizá la respuesta esté bajo sus volcanes. Una misión propone descender a cuevas y pozos profundos donde el planeta aún podría guardar calor, agua y bioseñales

La superficie de Marte está castigada por radiación, frío extremo y una atmósfera tenue. Pero bajo tierra podría existir un entorno más estable. Orpheus propone explorar la región de Cerberus Fossae, una de las zonas geológicamente más interesantes del planeta.
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Marte siempre jugó a dos cosas al mismo tiempo. Desde lejos parece un mundo muerto, helado y seco. Desde cerca, en cambio, ofrece pistas constantes de que alguna vez fue más dinámico, más húmedo y quizá más habitable de lo que su paisaje actual deja imaginar. El problema, tal vez, no es solo qué buscamos. Es dónde lo estamos buscando.

La mayoría de las misiones modernas se concentraron en la superficie: llanuras antiguas, deltas fosilizados, minerales hidratados, capas sedimentarias y rocas que pudieron guardar memoria de un Marte con agua. Todo eso fue valioso. Pero también tiene una limitación evidente: la superficie marciana es hostil. Radiación intensa, temperaturas extremas, atmósfera muy tenue y química oxidante la convierten en uno de los peores lugares posibles para conservar vida actual o rastros delicados del pasado.

La nueva idea es dejar de mirar solo el polvo rojo y bajar al interior de Marte

Llevamos décadas buscando vida en la superficie de Marte y quizá estábamos mirando en el lugar equivocado. Una misión propone entrar en sus volcanes y cuevas profundas
© ESA / DLR / FU Berlin (G. Neukum).

Esa es la lógica detrás de Orpheus, un concepto de misión presentado por Connor Bunn y Pascal Lee, investigadores vinculados al SETI Institute, la University of Florida, el Mars Institute y NASA Ames. La propuesta plantea enviar un vehículo tipo hopper, capaz de despegar y aterrizar en vertical, para explorar fisuras volcánicas, pozos y posibles cuevas en Cerberus Fossae, dentro de la provincia volcánica de Elysium.

El nombre no es casual. En la mitología griega, Orfeo descendía al inframundo. En Marte, este Orpheus tendría una misión parecida en versión robótica: bajar a zonas donde un rover convencional difícilmente podría moverse. No se trata de recorrer kilómetros sobre ruedas, sino de saltar entre puntos de interés, asomarse a respiraderos volcánicos y buscar allí algo que la superficie quizá ya borró.

El propio resumen de la propuesta es claro: Orpheus buscaría bioseñales, incluida la posibilidad de vida existente, y también intentaría reconstruir parte de la historia del agua, la evolución y el origen geológico del planeta rojo.

Cerberus Fossae no es un lugar cualquiera: es una de las zonas más inquietas del Marte moderno

La elección del sitio es, probablemente, lo más interesante del proyecto. Cerberus Fossae se encuentra en Elysium Planitia, una región que concentra algunas de las evidencias volcánicas más jóvenes identificadas en Marte. La propuesta destaca una unidad conocida como Cerberus Fossae Mantling Unit, un depósito piroclástico de unos 20 por 15 kilómetros que podría haberse formado hace apenas entre 46.000 y 222.000 años. En escala geológica, eso es prácticamente ayer.

Ese dato importa por dos motivos. Primero, porque los materiales jóvenes han tenido menos tiempo para degradarse. Segundo, porque una actividad volcánica relativamente reciente puede implicar calor residual, circulación de volátiles y ambientes subterráneos más interesantes desde el punto de vista astrobiológico.

La zona, además, no parece completamente silenciosa. La misión InSight de la NASA detectó varios marsquakes (temblores marcianos) procedentes de Cerberus Fossae. JPL explicó que dos sismos claros, de magnitudes 3,3 y 3,1, se originaron allí, la misma región donde ya se habían registrado otros eventos fuertes al inicio de la misión.

Otros análisis sísmicos también apuntan en esa dirección. Un trabajo sobre la tectónica de Cerberus Fossae sostiene que buena parte de la sismicidad marciana medida por InSight procede de ese sistema de fosas, con eventos compatibles con una región estructuralmente débil y potencialmente cálida en profundidad.

Las cuevas volcánicas podrían ofrecer justo lo que la superficie ya no puede dar

En la Tierra, muchos científicos consideran que algunos ambientes subterráneos e hidrotermales fueron refugios importantes para la vida primitiva. Son lugares protegidos, con química activa, gradientes de temperatura y fuentes de energía que no dependen necesariamente de la luz solar.

Marte podría tener una versión mucho más dura y reducida de ese escenario. Las cavidades volcánicas, respiraderos y tubos de lava pueden ofrecer protección frente a la radiación, temperaturas menos extremas y espacios donde el hielo, los gases o minerales alterados interactúen durante largos periodos. No sería un paraíso biológico, claro. Pero sí un candidato mucho mejor que una llanura expuesta al Sol, al frío y al bombardeo constante de partículas.

La propuesta de Orpheus parte justamente de esa premisa: la superficie marciana actual probablemente es demasiado hostil para albergar vida existente, mientras que el subsuelo podría ofrecer extremos más moderados. Además, el documento recuerda que ya se han inventariado más de 1.000 pozos, cuevas y depresiones volcano-tectónicas en Marte, especialmente agrupadas en las provincias volcánicas de Tharsis y Elysium.

Orpheus no rodaría como Perseverance: tendría que saltar

Llevamos décadas buscando vida en la superficie de Marte y quizá estábamos mirando en el lugar equivocado. Una misión propone entrar en sus volcanes y cuevas profundas
© ESA / DLR / FU Berlin (G. Neukum).

Ahí aparece la parte tecnológica del proyecto. Un rover tradicional funciona bien en llanuras, cráteres y terrenos relativamente transitables. Pero una grieta volcánica, un pozo profundo o un respiradero con paredes abruptas son otra historia. Las ruedas sirven poco cuando el objetivo está abajo.

Por eso Orpheus está pensado como un vehículo VTOL, es decir, con capacidad de despegue y aterrizaje vertical. En lugar de avanzar solo sobre el suelo, saltaría entre zonas de interés, descendería a cavidades accesibles y podría volver a elevarse para continuar la exploración. La propuesta menciona como objetivos los depósitos de la Cerberus Fossae Mantling Unit y los respiraderos volcánicos de Cerberus Tholus 1, donde se identificaron varios pozos o cuevas interpretados como posibles vents volcánicos.

Su carga científica también apunta a algo más ambicioso que tomar fotografías. Orpheus llevaría cámaras omnidireccionales a color, un espectrómetro de infrarrojo cercano, radar de penetración terrestre y un detector de bioseñales. La idea sería observar, analizar minerales, sondear cavidades poco profundas y buscar indicios químicos o biológicos en ambientes protegidos.

Si Marte guarda una respuesta, quizá esté debajo de la superficie

Conviene aclararlo: Orpheus todavía no es una misión aprobada camino a Marte. Es un concepto. Falta financiación, validación técnica, diseño final y años de desarrollo antes de que algo así pueda despegar. Pero su valor está en que corrige un sesgo histórico: la idea de que las respuestas más importantes de Marte tenían que estar necesariamente en la superficie.

La superficie nos contó mucho. Nos habló de antiguos ríos, lagos, minerales formados con agua y paisajes que alguna vez fueron muy distintos. Pero si la pregunta es por vida actual, o por bioseñales mejor conservadas, tal vez haya que mirar donde el planeta ofrece refugio: bajo lava, roca y oscuridad.

Quizá Marte no esté muerto. Quizá simplemente cerró la puerta de arriba hace millones de años y dejó parte de su historia en los sótanos. Y si alguna misión futura quiere encontrarla, tal vez no necesite recorrer otro cráter. Tal vez tenga que hacer algo mucho más difícil: atreverse a bajar.

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