Desde finales del siglo XX, la cosmología se apoyaba en una certeza: el universo se expande y lo hace cada vez más rápido. Esa idea, cimentada en las observaciones de supernovas lejanas, le dio nombre a una de las mayores incógnitas de la física moderna: la energía oscura, una fuerza misteriosa que empuja las galaxias hacia fuera. Pero un nuevo estudio de la Universidad Yonsei, en Corea del Sur, acaba de ponerlo todo en duda. Según sus resultados, la expansión del universo ya no se acelera, sino que se frena.
La teoría que tambalea

Los investigadores analizaron cientos de explosiones estelares —supernovas tipo Ia—, las mismas que en 1998 revelaron la aceleración cósmica y merecieron el Premio Nobel de Física en 2011. Durante décadas, se consideraron “candelas estándar”, faros luminosos cuya intensidad permitía calcular distancias cósmicas con precisión. Sin embargo, el nuevo trabajo sugiere que no todas brillan igual: su luminosidad depende de la edad de las estrellas progenitoras.
Las supernovas jóvenes, explican los autores, aparecen sistemáticamente más débiles que las más antiguas, lo que podría haber distorsionado las mediciones originales. Una vez corregido este sesgo, el modelo cosmológico estándar —el famoso ΛCDM— ya no encaja con los datos. En su lugar, surge una imagen radical: el universo habría dejado atrás su fase de aceleración y estaría entrando en una etapa de expansión desacelerada.
Energía oscura en revisión

El hallazgo, publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, plantea una pregunta incómoda: ¿y si la energía oscura no es una constante, sino una fuerza que se debilita con el tiempo? Según el profesor Young-Wook Lee, autor principal del estudio, “nuestros resultados muestran que la energía oscura evoluciona mucho más rápido de lo que pensábamos. Si se confirman, supondrán un cambio de paradigma en la cosmología moderna”.
La hipótesis desafía 27 años de consenso y se alinea con algunas observaciones recientes del proyecto DESI, que también detectó indicios de que la energía oscura podría estar variando en intensidad. En conjunto, ambos estudios apuntan a que el universo no se acelera, sino que comienza a perder impulso.
El futuro del cosmos, en pausa
El siguiente paso será contrastar los resultados con los datos que obtendrá el Observatorio Vera C. Rubin, en Chile, cuya cámara de 3.200 megapíxeles rastreará decenas de miles de galaxias. En cinco años, su catálogo podría confirmar o descartar definitivamente esta desaceleración.
Si el estudio coreano está en lo cierto, no solo habría que reescribir la historia del cosmos, sino su destino. El universo podría estar entrando en un nuevo equilibrio, una expansión más lenta, más frágil, quizás preludio de otra fase que aún no comprendemos.
Porque, al fin y al cabo, incluso el propio universo puede cansarse de seguir creciendo.