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Ciencia

Se ha observado el parpadeo más brillante del universo. Un agujero negro devoró una estrella y liberó un destello 10 billones de veces más luminoso que el Sol

Ocurrió hace diez mil millones de años, cuando el cosmos aún era joven. Una estrella gigante fue destruida por un agujero negro supermasivo, generando la explosión de luz más potente jamás detectada. Su resplandor viajó durante eones antes de llegar a nosotros.
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Durante los primeros milenios del universo, los agujeros negros crecían en silencio, alimentándose de estrellas jóvenes. Pero, de tanto en tanto, la gravedad jugaba una partida peligrosa: una estrella se acercaba demasiado, y el abismo la convertía en una llamarada.

Eso fue exactamente lo que sucedió con el evento bautizado AT2021lwx, captado por primera vez en 2018 desde el Observatorio Palomar, en California. Los astrónomos creyeron al principio que se trataba de una supernova. Pero los números eran imposibles: el brillo del fenómeno superaba en 10 billones de veces al del Sol y persistía durante años. Ninguna explosión estelar conocida podía producir semejante energía.

“Al principio no creíamos los datos”, admitió Matthew Graham, del Caltech y autor principal del estudio publicado en Nature Astronomy. “Parecía demasiado brillante para ser real.”

Un banquete de gravedad y fuego

El parpadeo más brillante del universo: el agujero negro que devoró una estrella y liberó un destello 10 billones de veces más luminoso que el Sol.
© Shutterstock – Elena11.

La explicación llegó cuando los investigadores entendieron lo que estaban viendo. Una estrella entre 30 y 200 veces más masiva que el Sol había sido arrastrada por un agujero negro supermasivo de unos 300 millones de masas solares.

Al cruzar el punto de no retorno, el astro fue estirado como una cuerda incandescente. Parte de su material cayó en espiral hacia el núcleo del agujero negro, liberando una energía descomunal. El resto se lanzó al espacio a velocidades relativistas, formando un disco de fuego que brilló como ningún otro.

El destello alcanzó su máximo en junio de 2018, siendo 30 veces más luminoso que cualquier otro fenómeno de su tipo. Desde entonces, su luz se ha ido desvaneciendo lentamente, como un eco que todavía recorre el vacío.

“La estrella se acercó tanto que fue estirada hasta volverse larga y delgada… Ese material luego espiralizó alrededor del agujero negro mientras caía”, explicó la astrónoma K.E. Saavik Ford, coautora del estudio.

Una ventana al universo primitivo

El parpadeo más brillante del universo: el agujero negro que devoró una estrella y liberó un destello 10 billones de veces más luminoso que el Sol.
© IAA-CSIC.

El brillo que hoy llega a la Tierra proviene de una galaxia situada a 10 mil millones de años luz, lo que significa que el evento ocurrió cuando el universo tenía menos de un tercio de su edad actual.

Verlo equivale a observar un recuerdo de la infancia del cosmos. Un momento en que los agujeros negros moldeaban la materia que los rodeaba, devorando estrellas enteras en banquetes de luz.

Los científicos, utilizando telescopios en California, Arizona y Hawái, descartaron otras causas posibles: ni supernovas, ni chorros de radiación, ni efectos de lente gravitacional podían justificar una luminosidad semejante.

“El destello aún se está apagando”, señaló Graham. “Esperamos que dure unos once años en total.”

El corazón oscuro del universo

El hallazgo no solo rompe un récord. También abre una nueva ventana al comportamiento de los agujeros negros cuando el universo era joven. Cada evento de este tipo —llamado TDE, por tidal disruption event— permite medir cómo estas entidades devoran materia, alteran el gas interestelar y dan forma a sus galaxias anfitrionas.

“Observar un destello así es como ver un corazón latiendo dentro de la oscuridad cósmica”, explica Joseph Michail, del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica. “Nos muestra cómo los agujeros negros interactúan con su entorno y cómo transforman la energía en luz.”

A medida que el resplandor de AT2021lwx se desvanece, queda la lección de su viaje. La prueba de que incluso en los confines del tiempo, el universo aún puede sorprendernos con un solo parpadeo.

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