Saltar al contenido
Ciencia

Durante 25 años creímos que este fósil era el pulpo más antiguo del mundo. Un nuevo análisis acaba de demostrar que en realidad era otra cosa

Un ejemplar hallado en Illinois y considerado durante décadas una pieza clave en la evolución de los pulpos acaba de ser reclasificado. El cambio no es menor: obliga a corregir parte de la historia evolutiva de estos animales.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

Hay descubrimientos científicos que no solo añaden una pieza nueva al rompecabezas, sino que obligan a dar vuelta una que ya estaba puesta desde hace décadas. Eso es exactamente lo que acaba de pasar con uno de los fósiles más famosos de los cefalópodos.

Durante 25 años, un ejemplar encontrado en Illinois, Estados Unidos, fue tratado como una especie de reliquia evolutiva: el pulpo más antiguo del mundo. Su importancia era enorme porque parecía empujar el origen de estos animales hasta hace unos 300 millones de años, mucho antes de lo que indicaban otros registros fósiles. El problema es que ahora, después de una nueva revisión científica, ese fósil ya no cuenta esa historia.

El “pulpo más antiguo del mundo” llevaba décadas generando sospechas

Durante 25 años creímos que este fósil era el pulpo más antiguo del mundo. Un nuevo análisis acaba de demostrar que en realidad era otra cosa
© Ocean Exploration Trust.

El fósil fue descrito en el año 2000 con el nombre Pohlsepia mazonensis y rápidamente ganó notoriedad. Su aspecto parecía apoyar esa interpretación: una silueta redondeada, estructuras que recordaban a aletas y un conjunto de tentáculos que encajaban bastante bien con la idea de un pulpo primitivo.

No solo eso. El hallazgo era tan llamativo que terminó apareciendo incluso en el Guinness Book of Records como el pulpo más antiguo conocido. Pero había un problema: no terminaba de encajar bien en el árbol evolutivo de los pulpos.

Durante años, distintos paleontólogos sospecharon que algo no cuadraba. Si realmente se trataba de un octópodo tan antiguo, entonces había que explicar por qué aparecía tan pronto en la historia de los cefalópodos y por qué mostraba una mezcla rara de características que no terminaban de convencer del todo. La cuestión es que, hasta ahora, nadie tenía una forma clara de resolver esa duda.

La clave estaba oculta en una estructura diminuta que llevaba 300 millones de años enterrada

Durante 25 años creímos que este fósil era el pulpo más antiguo del mundo. Un nuevo análisis acaba de demostrar que en realidad era otra cosa
© Thomas Clements / University of Reading.

La respuesta no apareció mirando el fósil desde fuera, sino atravesándolo. El equipo liderado por Thomas Clements, de la Universidad de Reading, utilizó técnicas de imagen por sincrotrón, una herramienta que emplea haces de luz extremadamente intensos para penetrar la roca y revelar detalles ocultos en el interior del fósil. Y fue ahí donde apareció la pista decisiva: una rádula.

La rádula es una estructura típica de muchos moluscos, algo así como una lengua recubierta de diminutos dientes. En este caso, los investigadores identificaron al menos 11 dientes por fila, un detalle pequeño pero brutalmente importante. ¿Por qué? Porque los pulpos modernos suelen presentar siete o nueve dientes por fila, mientras que los nautilos pueden tener hasta 13. Ese dato fue suficiente para desmontar la vieja identificación.

En realidad, no era un pulpo: era un antiguo pariente del Nautilus

Durante 25 años creímos que este fósil era el pulpo más antiguo del mundo. Un nuevo análisis acaba de demostrar que en realidad era otra cosa
© Ocean Exploration Trust / NOAA.

Con esa nueva evidencia, el equipo concluyó que el fósil no pertenecía a un pulpo primitivo, sino a Paleocadmus pohli, un antiguo pariente del Nautilus ya conocido en el mismo yacimiento de Mazon Creek, en Illinois.

Eso explica también por qué el fósil había confundido tanto a los científicos. Según los autores, el animal se habría descompuesto antes de fosilizarse, alterando por completo su forma original y haciéndolo parecer mucho más similar a un pulpo de lo que realmente era. Y ahí está una de las partes más fascinantes del hallazgo: la ciencia no estaba “viendo mal” el fósil, estaba viendo una versión distorsionada de su cadáver.

Eso también explicaría la aparente ausencia de un caparazón, algo típico en nautilos. En animales actuales de este grupo, los tejidos blandos pueden separarse del caparazón tras la muerte, dejando restos que, si uno no tiene más contexto, pueden resultar engañosos.

Lo que cambia no es solo el nombre del fósil, sino la historia evolutiva de los pulpos

Durante 25 años creímos que este fósil era el pulpo más antiguo del mundo. Un nuevo análisis acaba de demostrar que en realidad era otra cosa
© Marley Parker / Ocean Exploration Trust.

Y esto es lo importante de verdad. Si Pohlsepia deja de ser un pulpo, entonces los pulpos ya no tienen ese registro fósil tan antiguo que parecía colocarlos hace 300 millones de años en la historia de la vida.

Eso implica que el origen de los pulpos modernos y su separación de otros cefalópodos como los calamares probablemente ocurrió mucho más tarde, ya en la era Mesozoica, y no tan atrás en el tiempo como se había llegado a pensar. En otras palabras: la cronología de la evolución de los pulpos acaba de moverse.

Y al mismo tiempo, el fósil gana otra importancia distinta. Ahora pasa a representar el registro más antiguo conocido de tejidos blandos de un nautilo, adelantando ese récord en unos 220 millones de años respecto a lo que se conocía antes.

Lo más interesante es que este caso dice algo muy importante sobre cómo funciona la ciencia

La historia de este fósil tiene algo especialmente valioso: recuerda que la ciencia no avanza solo encontrando cosas nuevas. A veces también avanza corrigiendo con mejores herramientas lo que creíamos haber entendido bien.

Durante 25 años, este ejemplar ayudó a sostener una idea poderosa sobre el origen de los pulpos. Hoy, gracias a una tecnología que ni siquiera estaba disponible cuando fue descrito, esa historia cambió por completo. Y probablemente esa sea la parte más fascinante de todo esto. No que el fósil estuviera mal durante décadas, sino que incluso 300 millones de años después todavía puede seguir diciéndonos algo nuevo.

Compartir esta historia

Artículos relacionados