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Ciencia

Durante años fue una práctica habitual en muchos hogares españoles. Ahora la Ley de Bienestar Animal prohíbe que perros y gatos vivan de forma permanente en balcones, terrazas o azoteas

La normativa no impide que las mascotas accedan a estos espacios de manera puntual, pero sí establece límites claros cuando se convierten en su lugar habitual de residencia. Las sanciones pueden alcanzar cifras muy elevadas en los casos más graves.
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Desde septiembre de 2023, la relación legal entre los españoles y sus animales de compañía cambió de forma significativa. La entrada en vigor de la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales introdujo nuevas obligaciones para los propietarios y reforzó las medidas destinadas a garantizar unas condiciones de vida adecuadas para perros, gatos y otras mascotas.

Entre las disposiciones que más debate han generado se encuentra una que afecta a una práctica todavía habitual en algunos hogares: mantener a los animales viviendo de forma permanente en balcones, terrazas, patios o azoteas.

La ley no prohíbe que una mascota salga al balcón, pero sí que viva allí

Durante años fue una práctica habitual en muchos hogares españoles. Ahora la Ley de Bienestar Animal prohíbe que perros y gatos vivan de forma permanente en balcones, terrazas o azoteas
© HogarMania.

Uno de los aspectos que más confusión genera es la interpretación de la norma. La legislación no impide que un perro o un gato acceda ocasionalmente a una terraza o un balcón para tomar el aire, descansar o disfrutar de un espacio exterior. Lo que prohíbe expresamente es que estos lugares se conviertan en su residencia habitual o permanente.

El artículo 27 de la Ley de Bienestar Animal establece que los animales no pueden mantenerse de forma continuada en terrazas, balcones, azoteas, patios, sótanos, vehículos u otros espacios similares.

La norma también considera problemáticas aquellas situaciones en las que el animal permanece durante largos periodos sin supervisión o sin posibilidad de acceder al interior de la vivienda.

El objetivo es evitar situaciones de aislamiento, estrés y riesgo físico

La medida no responde únicamente a una cuestión de comodidad para las mascotas. Veterinarios y especialistas en comportamiento animal llevan años alertando sobre los efectos negativos que puede provocar el aislamiento prolongado. La falta de interacción social, la escasa estimulación ambiental y la ausencia de contacto habitual con las personas pueden derivar en problemas de comportamiento y deterioro emocional.

Entre las consecuencias más frecuentes se encuentran episodios de ansiedad, conductas compulsivas, apatía, miedo excesivo o agresividad. A ello se suma un factor especialmente importante en España: las condiciones climáticas.

Durante el verano, las temperaturas en balcones y terrazas pueden dispararse hasta niveles peligrosos, aumentando el riesgo de golpes de calor que pueden resultar mortales en cuestión de minutos. En invierno, la exposición continuada al frío, la humedad o la lluvia también puede afectar gravemente a la salud de los animales.

Los gatos también están expuestos a peligros específicos

Durante años fue una práctica habitual en muchos hogares españoles. Ahora la Ley de Bienestar Animal prohíbe que perros y gatos vivan de forma permanente en balcones, terrazas o azoteas
© HogarMania.

En el caso de los felinos, la ley busca además reducir uno de los accidentes más habituales que atienden las clínicas veterinarias. Las caídas desde ventanas y balcones, conocidas popularmente como síndrome del gato paracaidista, provocan cada año numerosas lesiones de gravedad. Aunque los gatos poseen una notable capacidad para girar su cuerpo durante la caída, eso no evita fracturas, traumatismos y daños internos potencialmente graves.

Por ello, la normativa considera especialmente importante que estos animales no permanezcan sin supervisión en espacios que puedan representar un riesgo.

Las sanciones pueden ser muy importantes

El incumplimiento de estas obligaciones puede derivar en consecuencias económicas significativas. Cuando las autoridades consideran que las condiciones en las que se encuentra el animal generan sufrimiento, estrés injustificado o ponen en riesgo su bienestar, la conducta puede calificarse como infracción grave, con multas que oscilan entre los 10.001 y los 50.000 euros.

En situaciones especialmente severas, cuando existe riesgo para la vida del animal o se producen daños graves, las sanciones pueden incrementarse considerablemente y llegar a encuadrarse como infracciones muy graves. Además de las multas, la administración puede acordar la retirada del animal e incluso prohibir temporalmente al propietario la tenencia de mascotas.

La filosofía detrás de la ley es clara: perros y gatos ya no son considerados simples bienes materiales. La legislación los reconoce como seres sintientes y, como consecuencia, exige que las condiciones en las que viven garanticen tanto su seguridad física como su bienestar emocional.

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