Ejecución de Louis XVI. Wikimedia Commons

El se√Īor Laborde se sinti√≥ aliviado cuando se fue a vivir al campo y descubri√≥ que la gente de all√≠ no respetaba las leyes como en Par√≠s. En la capital no soportaba la ‚Äúest√ļpida‚ÄĚ ley que obstaculizaba su trabajo. Un maldito ‚Äúestatuto‚ÄĚ que exig√≠a que los cad√°veres deb√≠an ser enterrados‚Ķ en vez de dej√°rselos a √©l.

En realidad y en aquel momento, Par√≠s era el √ļnico lugar de Europa que manten√≠a activa aquella ley que exig√≠a que el cad√°ver de una persona ejecutada fuera transportado a las puertas del cementerio y se le hiciera una especie de funeral simulado. En cambio, Jean Baptiste Vincent Laborde pretend√≠a que esos cuerpos fueran liberados r√°pidamente para que estuvieran en condiciones de ser utilizados para su hist√≥rico examen cient√≠fico.

Lo de la rapidez no era una urgencia sin importancia. Unos minutos podían separar el fracaso o el éxito para el estudio de aquellos cuerpos sin cabeza. Su trabajo partía de una pregunta tan sencilla como perturbadora:

¬ŅDurante cu√°nto tiempo es consciente nuestro cerebro tras ser decapitado?

La vida después de la guillotina

Ejecución de Robespierre. Wikimedia Commons

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El objetivo de Laborde era averiguar cu√°nto tiempo podr√≠a ‚Äúvivir‚ÄĚ o funcionar la cabeza de una persona despu√©s de haber sido cortada del torso. Desde la introducci√≥n de la guillotina en Francia en 1791 como un m√©todo supuestamente justo y humano de ejecuci√≥n, se hab√≠a planteado la cuesti√≥n de lo cruel que podr√≠a ser en realidad.

Algunos expertos m√©dicos afirmaron que la conciencia y la capacidad de sentir dolor a√ļn estaban presentes incluso un cuarto de hora despu√©s de que la persona hubiera sido decapitada. Fue curioso, porque realmente se trataba de un tema tab√ļ hasta entonces, el del momento preciso de la muerte, y de repente pas√≥ a ser un tema candente incluso para la literatura. Contaba V√≠ctor Hugo en El √ļltimo d√≠a de un condenado que¬†el prisionero que iba a morir escrib√≠a en su diario:

Una vez que se ha hecho el acto, se dice que hay un fin para todos los sufrimientos pero, ¬ŅC√≥mo pueden estar seguros? ¬ŅQui√©n les dijo eso? ¬ŅQui√©n oy√≥ hablar de una cabeza cortada balance√°ndose en el borde de la cesta y gritando a la multitud reunida: ‚Äú¬°No doli√≥ ni un poco!‚ÄĚ?

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En otra novela de la √©poca, Le Secret de l‚Äô√©chafaud, de Villiers de l‚ÄôIsle-Adam, el cirujano Armand Velpeau intenta disipar toda incertidumbre al hacer un pacto con el condenado, el doctor Edmond-Desire Couty de la Pommerais. El hombre le dice que despu√©s de ser decapitado el m√©dico debe responder a una se√Īal que acordar√≠an y gui√Īar tres veces el ojo‚Ķ si es que todav√≠a est√° consciente en esta etapa.

The Brain That Wouldn’t Die. Wikimedia Commons

Obviamente, todas estas escenas s√≥lo eran ficci√≥n en la imaginaci√≥n de los novelistas. Pero lo cierto es que utilizando m√©todos un tanto ‚Äúpeculiares‚ÄĚ los cient√≠ficos hab√≠an intentado durante mucho tiempo responder a la cuesti√≥n del momento exacto de la muerte. En algunos casos las cabezas decapitadas fueron golpeadas, mientras que en otros los investigadores les gritaban o dec√≠an su nombre esperando una reacci√≥n.

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La t√©cnica de Laborde fue un poco m√°s original. El hombre ya hab√≠a intentado varias veces conectar cabezas humanas cortadas al sistema circulatorio de un perro vivo, pero los preciosos minutos que se perdieron gracias a la ‚Äúest√ļpida ley‚ÄĚ fueron un factor clave.

Sin embargo, Laborde era un hombre de ciencia, tanto, que incluso para no desperdiciar ni un momento el hombre lleg√≥ a esperar una vez en las puertas del cementerio a un coche f√ļnebre que le iba a entregar el cad√°ver de un criminal decapitado. El m√©dico comenz√≥ a operar sobre la cabeza a√ļn caliente durante el viaje de regreso a su laboratorio.

La cabeza que habla

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Por tanto, fuera de la capital las cosas iban a ser mucho m√°s simples. As√≠ fue como un buen d√≠a Laborde se encontr√≥ de pie en la plaza del peque√Īo pueblo de Troyes, a 150 kil√≥metros al este de Par√≠s. Era el 2 de julio de 1885 y nuestro hombre estaba esperando ansiosamente la ejecuci√≥n de un asesino con el nombre de Gagny. Seis meses antes, en la granja Gloire-Dieu, Gagny y un c√≥mplice hab√≠an asesinado al due√Īo, a su madre y a su doncella.

Con el apoyo de un médico de Troyes y la aprobación del alcalde de la ciudad, Laborde tomó posesión de la cabeza de Gagny siete minutos después de su ejecución. Rápidamente estableció la conexión de su arteria carótida izquierda con la de un perro grande. A través de la carótida derecha de la cabeza del asesino planeó introducir sangre de buey caliente con una jeringuilla.

Laborde estaba frustrado en este punto. El médico había percibido que las guillotinas no estaban tan bien mantenidas como las de la ciudad. El corte había sido mal ejecutado y el tejido de la víctima estaba aplastado y lacerado, lo que hacía extremadamente difícil localizar las arterias carótidas.

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Sin embargo (y aqu√≠ les pedimos que se imagen mentalmente la situaci√≥n), incluso sin mantener un flujo de sangre y sosteniendo una vela en frente de los ojos de la cabeza, esta todav√≠a produc√≠a un efecto: las pupilas se estrecharon. Finalmente y despu√©s de 20 minutos, la transfusi√≥n doble parec√≠a funcionar. El efecto se not√≥ de inmediato. Seg√ļn recogi√≥ el m√©dico:

El lado izquierdo especialmente, el que estaba siendo suministrado con la sangre del perro, tom√≥ un tono purp√ļreo, lo que sorprendi√≥ a los que no hab√≠an presenciado mis experimentos anteriores.

Ilustración japonesa. Wikimedia Commons

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A trav√©s de agujeros que hab√≠a perforado en el cr√°neo Laborde comenz√≥ a aplicar descargas el√©ctricas al cerebro. Pero incluso cuando aplic√≥ la carga m√°xima, no sucedi√≥ nada. Seg√ļn explic√≥: ‚ÄúA medida que pasaba el tiempo las caras de muchas personas comenzaron a registrar decepci√≥n‚ÄĚ.

Imp√°vido, Laborde perfor√≥ nuevos agujeros. Fue a trav√©s de uno de estos, uno a la derecha, cuando tuvo suerte: la estimulaci√≥n el√©ctrica del cerebro en este punto provoc√≥ espasmos musculares en el lado izquierdo de la cara. Cuarenta minutos despu√©s de la ejecuci√≥n escuch√≥ chasquear los dientes de la cabeza. M√°s tarde incluso oy√≥ hablar a la cabeza en un idioma extra√Īo.

Los conocimientos obtenidos por estos macabros experimentos no fueron suficientes. Seg√ļn Laborde, estos mostraron que el cerebro permanece activo despu√©s de la muerte el doble de tiempo, tanto si se administra la sangre como si no.

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Sin embargo, Laborde jamás descubrió las implicaciones que esto podría tener para una persona que ha sido ejecutada. Porque lo cierto es que el médico jamás supo si una cabeza decapitada todavía retiene la conciencia y, si es así, durante cuánto tiempo.