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Ciencia

Durante décadas intentamos tratar el cerebro con fármacos y estimulación externa. Ahora unos científicos han conseguido algo mucho más radical: crear “bypass” neuronales conectando células específicas como si fueran cables biológicos

La nueva tecnología LinCx, desarrollada por investigadores de la Universidad de Duke, permite construir conexiones eléctricas artificiales entre neuronas concretas con precisión celular. El avance ya funciona en animales y podría cambiar para siempre la manera de reparar circuitos cerebrales dañados.
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Hay algo profundamente extraño en imaginar el cerebro como una instalación eléctrica averiada. Como si ciertos problemas neurológicos pudieran solucionarse no con medicamentos, sino tendiendo nuevos “cables” entre neuronas que dejaron de comunicarse correctamente.

Y, sin embargo, eso es exactamente lo que plantea LinCx, una nueva tecnología desarrollada por investigadores de la Universidad de Duke y presentada recientemente en Nature. El sistema funciona como una especie de bypass neuronal biológico: conecta células nerviosas específicas mediante sinapsis eléctricas artificiales creadas a medida.

No hablamos de implantes tipo Neuralink ni de electrodos externos estimulando regiones enteras del cerebro. Aquí la idea es otra. Mucho más quirúrgica.

Un “cable” biológico inspirado en un pez

Durante décadas intentamos tratar el cerebro con fármacos y estimulación externa. Ahora unos científicos han conseguido algo mucho más radical: crear “bypass” neuronales conectando células específicas como si fueran cables biológicos
© Kunyang Sui.

La clave de LinCx está en unas proteínas llamadas conexinas, presentes de forma natural en ciertos animales. Los investigadores tomaron como referencia a la perca blanca americana (Morone americana), un pez que utiliza sinapsis eléctricas extremadamente rápidas para comunicar células. A partir de esas proteínas diseñaron dos moléculas artificiales que solo pueden conectarse entre sí. No interactúan con las conexiones normales del cerebro. Y ahí está la parte realmente importante.

Gracias a ese aislamiento, los científicos pueden decidir exactamente qué neuronas quieren unir, evitando alterar otras rutas cerebrales. En esencia, construyen un pequeño puente eléctrico personalizado entre células concretas.

Los propios investigadores describen el sistema como una herramienta capaz de crear “conexiones eléctricas con precisión a nivel celular”. La diferencia respecto a tratamientos tradicionales es enorme. Muchos fármacos afectan poblaciones enteras de neuronas, como si se intentara arreglar una calle apagando la electricidad de media ciudad. LinCx, en cambio, apunta directamente al cable exacto que interesa modificar.

Ya funciona en animales y puede alterar comportamientos

De momento, el experimento se ha probado únicamente en gusanos nematodos y ratones. Pero los resultados han sido suficientemente sólidos como para despertar muchísimo interés en neurociencia.

En los gusanos, los investigadores consiguieron modificar los circuitos relacionados con la regulación térmica, alterando la manera en la que buscaban determinadas temperaturas. En ratones fueron más allá. El equipo reorganizó conexiones neuronales específicas vinculadas a la interacción social y a las respuestas de estrés.

Eso no significa que hayan “controlado” cerebros ni mucho menos. Pero sí demuestra algo crucial: estas conexiones artificiales pueden integrarse en circuitos vivos y modificar cómo fluye la información dentro del sistema nervioso. Y eso cambia las reglas del juego.

El objetivo final es reparar cerebros dañados

Durante décadas intentamos tratar el cerebro con fármacos y estimulación externa. Ahora unos científicos han conseguido algo mucho más radical: crear “bypass” neuronales conectando células específicas como si fueran cables biológicos
© Kunyang Sui.

La gran promesa de LinCx está en enfermedades neurológicas donde ciertas conexiones dejan de funcionar correctamente. Trastornos genéticos, daños neuronales o enfermedades neurodegenerativas podrían, al menos en teoría, beneficiarse de este tipo de “recableado” selectivo. Por ahora, queda muchísimo camino.

Los experimentos siguen estando muy limitados y nadie sabe todavía si el sistema podrá utilizarse de forma segura en cerebros humanos. Además, el cerebro no es un circuito sencillo: intervenir conexiones específicas podría generar efectos difíciles de prever a largo plazo. Pero el simple hecho de haber conseguido crear sinapsis eléctricas artificiales tan precisas ya supone un cambio enorme.

Porque durante décadas la neurociencia intentó influir sobre el cerebro desde fuera: con químicos, impulsos eléctricos o luz. LinCx propone algo diferente. Entrar directamente en el circuito y reconstruir conexiones desde dentro. Y quizá eso sea lo más fascinante de todo. Que por primera vez empezamos a acercarnos no solo a entender el cerebro humano, sino también a modificar su arquitectura con una precisión que hasta hace poco parecía imposible.

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