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Tecnología

La IA ya puede reconocer la escritura de personas muertas hace 3.500 años. El sistema identifica a distintos escribas hititas a partir de tablillas cuneiformes rotas

Reconstruir tablillas hititas siempre fue un trabajo lento, casi artesanal, reservado a especialistas capaces de detectar pequeñas diferencias en marcas sobre arcilla. Ahora, una inteligencia artificial entrenada con millones de caracteres cuneiformes está cambiando por completo ese proceso: ya puede distinguir la “caligrafía” individual de escribas que vivieron hace 3.500 años.
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Hay algo casi inquietante en todo esto. Pensar que una inteligencia artificial moderna puede reconocer la forma de escribir de una persona que murió hace más de tres milenios suena más a ciencia ficción arqueológica que a un proyecto académico real. Pero eso es exactamente lo que acaba de ocurrir con el llamado Palaeographicum.

Desarrollada por investigadores de la Universidad Julius-Maximilians de Würzburgo y de la Academia de Ciencias y Literatura de Maguncia, esta herramienta analiza tablillas cuneiformes hititas y detecta diferencias minúsculas en la forma de los signos. Diferencias que, hasta ahora, solo podían identificar expertos tras horas (o días) de trabajo manual.

La IA puede distinguir estilos personales en escritura cuneiforme

La IA ya puede reconocer la escritura de personas muertas hace 3.500 años. El sistema identifica a distintos escribas hititas a partir de tablillas cuneiformes rotas
© Palaeographicum.

La escritura cuneiforme fue uno de los grandes inventos del Próximo Oriente Antiguo. Durante milenios, distintos pueblos presionaron signos en forma de cuña sobre tablillas de arcilla húmeda utilizando punzones. Después, aquellas tablillas se secaban y quedaban convertidas en documentos extraordinariamente resistentes.

El problema es que muchísimas acabaron fragmentadas. Hoy, los restos aparecen repartidos entre museos y colecciones de todo el mundo, obligando a los especialistas a reconstruir piezas como si fueran un gigantesco puzzle histórico.

En el caso hitita, además, el desafío es enorme. Su sistema incluía unos 375 signos distintos capaces de representar sílabas o palabras completas. Y aunque a primera vista muchas tablillas parecen similares, cada escriba dejaba pequeños rasgos personales en la forma de presionar el punzón sobre la arcilla.

Algunos generaban remates más marcados. Otros separaban los caracteres de manera muy concreta. Había quienes inclinaban ligeramente ciertos trazos o imprimían más fuerza en determinadas marcas. En esencia, algo parecido a una caligrafía personal.

Lo que antes llevaba tres días ahora se hace en cinco minutos

La IA ya puede reconocer la escritura de personas muertas hace 3.500 años. El sistema identifica a distintos escribas hititas a partir de tablillas cuneiformes rotas
© Palaeographicum.

El Palaeographicum trabaja sobre una base gigantesca: unas 70.000 fotografías con más de cinco millones de caracteres cuneiformes digitalizados dentro del Portal de Hititología de Maguncia, uno de los mayores archivos especializados del mundo.

La IA extrae automáticamente los signos presentes en las imágenes y busca coincidencias visuales entre tablillas distintas. Así puede localizar caracteres escritos de forma idéntica o muy similar y agruparlos en tablas comparativas.

El impacto práctico es enorme. Según explica Daniel Schwemer, director del Departamento de Estudios del Próximo Oriente Antiguo en Würzburgo, comparar manualmente la escritura de un mismo signo en varios fragmentos distintos podía consumir hasta tres días completos de trabajo. Con la nueva herramienta, la misma operación tarda apenas cinco minutos.

Y eso no solo acelera investigaciones. También multiplica las posibilidades de reconstruir tablillas incompletas y fechar documentos que hasta ahora resultaban extremadamente difíciles de contextualizar.

El verdadero objetivo es todavía más ambicioso

La escritura hitita evolucionó con el tiempo, igual que ocurrió siglos después con las grafías europeas. Eso significa que las variaciones en los signos pueden servir también para datar textos antiguos. Pero el equipo alemán quiere ir todavía más lejos.

El objetivo final es entrenar la IA hasta que sea capaz de identificar automáticamente a escribas individuales y reconstruir sus trayectorias profesionales completas. Saber qué documentos redactó una misma persona, cómo evolucionó su escritura con los años o incluso detectar diferencias entre textos escritos con calma y documentos redactados apresuradamente durante inspecciones oficiales del imperio hitita. Y ahí es donde la arqueología empieza a rozar algo mucho más humano.

Porque, de repente, aquellas marcas sobre arcilla dejan de ser simples signos antiguos. Empiezan a parecer rastros personales. Gestos repetidos miles de veces por individuos concretos que vivieron, trabajaron y escribieron hace 3.500 años.

La IA no está “reviviendo” a los escribas hititas, claro. Pero sí está consiguiendo algo que hasta hace poco parecía imposible: devolver individualidad a personas que la historia había reducido a fragmentos anónimos de barro seco.

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