Un tablero puede conservar algo más que las huellas de una partida. Su diseño, el lugar donde apareció y su antigüedad permiten reconstruir cómo se entretenían las personas y qué costumbres compartían con otras comunidades.
Eso es lo que ocurre con Perros y chacales, un juego de mesa cuyo origen se atribuía al antiguo Egipto. Durante décadas, los ejemplares encontrados allí sostuvieron esa interpretación. Sin embargo, seis diseños tallados en rocas de Azerbaiyán han abierto una posibilidad diferente.
El descubrimiento invita a revisar la procedencia del juego y el recorrido que siguió hasta extenderse por distintas regiones. También plantea una pregunta sobre la vida cotidiana en la antigüedad: ¿hasta qué punto compartir un entretenimiento podía acercar a personas de culturas diferentes?
Seis tableros que obligan a mirar fuera de Egipto

Los arqueólogos identificaron los grabados en yacimientos de la península de Absherón y de la reserva de Gobustán, en Azerbaiyán. Su distribución de agujeros corresponde al tablero de Perros y chacales, también conocido como Cincuenta y ocho hoyos.
Las inscripciones rupestres fueron datadas alrededor del año 2000 a. C. La referencia egipcia mencionada en la investigación procede de la tumba de un alto funcionario que murió entre el 2064 y el 1952 a. C.
Estas evidencias llevaron a Walter Crist, de la Universidad de Leiden, en los Países Bajos, y Rahman Abdullayev, de la Sociedad Histórica de Minnesota, a reconsiderar la explicación tradicional. Según sus conclusiones, el juego podría haber surgido en el suroeste de Asia, en lugar de Egipto.
El hallazgo, difundido por Science Alert, cambia así el enfoque de la investigación: los tableros egipcios siguen siendo importantes, pero los ejemplares de Azerbaiyán amplían el mapa que debe estudiarse para comprender su origen.
La identificación de estos objetos forma parte del trabajo arqueológico dedicado a reconstruir los juegos de mesa de la antigüedad, cuyas piezas y superficies pueden conservar pistas de prácticas desaparecidas.
Una carrera entre dos jugadores sobre un tablero de 58 agujeros
Perros y chacales estaba pensado para dos participantes. El objetivo consistía en mover las fichas por el tablero y alcanzar el extremo contrario antes que el oponente.
Su diseño presenta una distribución característica:
- Dos líneas paralelas de diez agujeros en la parte central.
- Un arco de 38 agujeros alrededor.
- Un total de 58 agujeros, del que procede su otro nombre.
Esa organización permite reconocer el juego en tableros encontrados en lugares diferentes. Aunque cambie el entorno del hallazgo, la disposición de las marcas conserva una estructura común.
Para los investigadores, su interés va más allá de la mecánica de una partida. Este tipo de entretenimiento podía favorecer el contacto entre personas y facilitar la creación de vínculos sociales.
La nota señala que Perros y chacales era el único juego practicado en toda la región durante el segundo milenio a. C. Su presencia en distintos territorios sugiere que funcionó como una práctica compartida entre comunidades.
Un entretenimiento que podía conectar culturas y clases sociales
Los tableros de Azerbaiyán probablemente fueron utilizados por pastores de ganado. Esa interpretación apunta a que el juego tenía presencia en distintos sectores de la sociedad y podía reunir a personas más allá de su posición social.
Hasta ahora se han encontrado cerca de 70 tableros de Perros y chacales. La mayoría procede de Egipto, aunque también existen ejemplares en otras regiones que muestran su expansión a lo largo del tiempo.
Su distribución ofrece una vía para estudiar cómo las civilizaciones compartían conocimientos y costumbres. Los contactos entre comunidades antiguas también podían expresarse en prácticas cotidianas, como sentarse frente a un tablero conocido por ambos jugadores.
En ese sentido, los objetos relacionados con los juegos del pasado ofrecen una mirada sobre formas de convivencia que no siempre quedan reflejadas en otros restos arqueológicos.
Los seis diseños de Azerbaiyán aportan nuevas pistas sobre ese intercambio. Su existencia obliga a reconsiderar el papel del suroeste asiático en la difusión de Perros y chacales y cuestiona la idea de que Egipto fuera necesariamente su punto de partida.