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Ciencia

Estaban excavando una antigua ciudad de los “guerreros de las nubes” en Perú cuando apareció una pequeña piedra llena de marcas. Podría ser un dado prehispánico usado para jugar, invocar la suerte o incluso participar en rituales

Una pequeña pieza de arenisca hallada en Ollape se parece a los enigmáticos dados pishca de los Andes. Si se confirma su función, abriría una ventana inesperada a los juegos y rituales de los chachapoyas.
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No parece uno de esos objetos capaces de cambiar lo que sabemos sobre una civilización. Es pequeño, está fabricado en arenisca, tiene forma de prisma alargado y varias líneas horizontales grabadas sobre sus caras. Pero esas marcas son precisamente las que llamaron la atención de los arqueólogos.

Investigadores del Instituto de Investigación de Arqueología y Antropología Kuélap (INAAK), perteneciente a la Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza de Amazonas, encontraron la pieza durante las excavaciones del sitio arqueológico de Ollape, en el norte de Perú. Su aspecto recuerda poderosamente a unos objetos conocidos en las fuentes andinas como pishca o pichca: una especie de dado prehispánico relacionado no solo con los juegos, sino también con la suerte y determinados rituales.

Los incas tenían dados. El problema es que esto apareció en territorio chachapoya

Estaban excavando una antigua ciudad de los “guerreros de las nubes” en Perú cuando apareció una pequeña piedra llena de marcas. Podría ser un dado prehispánico usado para jugar, invocar la suerte o incluso participar en rituales
© Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza de Amazonas.

El nombre ya ofrece una pista: pichqa significa “cinco” en quechua. Las fuentes históricas describen objetos similares utilizados como dados en el mundo andino. Un estudio arqueológico publicado en Chungara recoge testimonios coloniales según los cuales la pichca se jugaba con una sola pieza marcada y podía aparecer tanto en contextos lúdicos como ceremoniales. Algunas fuentes la relacionan incluso con festejos incas y ritos funerarios.

Eso convierte al objeto de Ollape en algo especialmente intrigante.

Los investigadores no han confirmado todavía que fuese literalmente un dado. Por ahora hablan de una semejanza formal y consideran que su función debe estudiarse junto con el contexto arqueológico. Podría haber servido para jugar, tomar decisiones vinculadas al azar o formar parte de una práctica ritual.

La cautela importa porque Ollape está asociado a la cultura Chachapoya, que ocupó esta zona aproximadamente entre los siglos IX y XV, antes de quedar incorporada al Imperio inca. Si la pieza perteneció realmente a sus habitantes, habría que determinar si representa una tradición local, un intercambio cultural o una práctica extendida posteriormente por los Andes.

Y apareció en un lugar bastante extraño

Estaban excavando una antigua ciudad de los “guerreros de las nubes” en Perú cuando apareció una pequeña piedra llena de marcas. Podría ser un dado prehispánico usado para jugar, invocar la suerte o incluso participar en rituales
© Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza de Amazonas.

El objeto tampoco estaba cuidadosamente depositado dentro de una tumba o colocado sobre el suelo de una vivienda. Fue descubierto en la Unidad de Excavación 05, cuadrícula B, en el exterior de una estructura. Los arqueólogos estaban retirando un montón desordenado de piedras largas parecidas a cornisas, sin argamasa y aparentemente desplazadas de su posición original, cuando apareció la pieza.

Eso complica todavía más la interpretación: el dado pudo haber sido movido mucho tiempo después de utilizarse.

Y Ollape ya estaba demostrando ser mucho más grande de lo esperado. Las investigaciones del Proyecto Arqueológico Xalca Grande utilizaron drones y LiDAR para identificar más de 200 estructuras prehispánicas, muchas de ellas construcciones circulares. También han aparecido frisos geométricos, sistemas de drenaje y cabezas humanas esculpidas en piedra que originalmente estuvieron fijadas a los muros.

Por eso esta diminuta piedra puede terminar siendo tan interesante como las enormes construcciones que la rodean. Los arqueólogos ya saben bastante sobre dónde vivían los chachapoyas y cómo construían. Este supuesto dado podría empezar a revelar algo mucho más difícil de fosilizar: qué hacían cuando jugaban, confiaban en la suerte o intentaban comunicarse con aquello que no podían controlar.

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