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Ciencia

Durante más de un siglo intentamos traducir el Disco de Festo como si escondiera un idioma perdido. Una vieja teoría propone que, en realidad, los minoicos lo utilizaban para jugar

El Disco de Festo contiene 241 signos estampados que nadie ha conseguido descifrar. Un nuevo trabajo recupera una hipótesis olvidada: quizá no sea una escritura, sino un antiguo juego de mesa diseñado alrededor de un recorrido en espiral.
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Durante más de un siglo, investigadores de todo el mundo han intentado descubrir qué dice el Disco de Festo. Tal vez el problema sea que nunca dijo absolutamente nada.

El objeto fue encontrado el 3 de julio de 1908 en el palacio minoico de Festo, en la isla griega de Creta. Mide unos 16 centímetros de diámetro y ambas caras están cubiertas por una espiral formada por pequeños dibujos de personas, animales, plantas, herramientas y armas.

Según detalla el Museo Arqueológico de Heraclión, donde se conserva actualmente, la pieza contiene 241 impresiones realizadas con pequeños sellos sobre la arcilla todavía húmeda. Esas impresiones corresponden a 45 signos diferentes cuya secuencia continúa sin ser descifrada.

Durante décadas se ha supuesto que esos símbolos forman un texto escrito en una lengua perdida. Sin embargo, un preprint publicado en enero de 2026 plantea una posibilidad bastante más inesperada: el disco podría ser el tablero de un juego minoico cuyas piezas y reglas desaparecieron hace miles de años.

Quizá llevamos un siglo intentando leer algo que nunca fue escrito

El nuevo trabajo fue elaborado por Constantinos Ragazas, de The Lawrenceville School, y todavía no ha superado una revisión por pares. Eso obliga a tratar sus conclusiones como una hipótesis preliminar, no como la resolución definitiva de uno de los mayores enigmas de la arqueología.

Según sostiene Ragazas en el preprint disponible en ResearchGate, el fracaso de todos los intentos de desciframiento podría deberse a una clasificación incorrecta del objeto. En lugar de preguntar qué significan los símbolos, propone estudiar cómo fue fabricado el disco, cómo están organizadas sus casillas y desde qué posición debían observarse.

La idea de que fuera un juego tampoco es completamente nueva. Tal como recuerda el propio trabajo, el arqueólogo italiano Alessandro Della Seta ya sugirió en 1909 que su rígida división en compartimentos y su recorrido en espiral encajaban mal con un texto convencional. Della Seta planteó que podía tratarse de un juego o de algún tipo de dispositivo regido por reglas, pero la propuesta quedó relegada mientras otros especialistas trataban de traducirlo.

La interpretación lingüística continúa teniendo argumentos a su favor. De acuerdo con el proyecto académico Mnamon, coordinado por la Escuela Normal Superior de Pisa, los 45 signos resultan demasiados para un alfabeto, pero demasiado pocos para un sistema puramente ideográfico. Esa cantidad sería compatible con una escritura silábica, similar en principio a otros sistemas cretenses como el Lineal A o el Lineal B.

El gran problema es que no existe ningún otro documento conocido escrito con exactamente los mismos signos. Sin textos comparables, resulta casi imposible comprobar si una traducción es correcta o simplemente una interpretación ingeniosa.

La espiral se parece más a un recorrido que a una página

Durante más de un siglo intentamos traducir el Disco de Festo como si escondiera un idioma perdido. Una vieja teoría propone que, en realidad, los minoicos lo utilizaban para jugar
© Oxford University Press.

La principal pista a favor del juego está en la propia arquitectura del disco. Sus símbolos no forman líneas, columnas ni bloques convencionales, sino que aparecen encerrados en compartimentos a lo largo de una espiral que avanza desde el borde hacia el centro.

Según explica el nuevo preprint, las dos caras mantienen una separación clara entre las casillas exteriores, pegadas al borde, y el recorrido interior. Además, varias figuras situadas en la zona exterior miran hacia fuera, como si estuvieran orientadas hacia personas colocadas alrededor del disco, y no hacia alguien que tratara de seguir la secuencia como un lector.

Ragazas compara este diseño con antiguos juegos de recorrido en espiral conocidos en Egipto y el Mediterráneo oriental. Uno de ellos es Mehen, cuyo tablero representaba una serpiente enrollada y estaba dividido en espacios por los que avanzaban las piezas. El Disco de Festo no reproduce sus símbolos ni permite recuperar sus reglas, pero comparte la idea de un camino segmentado que conduce hacia un punto central.

Los grupos de signos también aparecen comprimidos para caber dentro de espacios previamente delimitados. De acuerdo con el autor, esa rigidez sería extraña en una inscripción, donde el escriba normalmente adaptaría las divisiones al contenido, pero tendría sentido en un juego donde cada compartimento representa una posición, una acción o un estado diferente.

No obstante, esa interpretación está lejos de ser una prueba concluyente. No se han encontrado fichas, dados ni instrucciones asociadas con el disco, y el nuevo estudio tampoco intenta reconstruir cómo se jugaba. Su propuesta se limita a sostener que el diseño encaja mejor con un objeto interactivo que con una inscripción tradicional.

También pudo ser un prototipo que el fuego convirtió en pieza arqueológica

La forma de fabricación ofrece otra pista. Los signos no fueron dibujados o grabados uno por uno, sino presionados sobre la superficie utilizando sellos previamente preparados. Por ese motivo, el disco suele presentarse como uno de los ejemplos más antiguos conocidos del principio tipográfico, aunque no sea impresión en el sentido moderno.

Tal como explica el Museo Arqueológico de Heraclión, los 241 signos se estamparon sobre la arcilla antes de su cocción. La repetición de las mismas figuras demuestra que su creador disponía de un conjunto de moldes reutilizables, una técnica muy poco habitual para una inscripción de la Edad del Bronce.

El nuevo trabajo añade que las impresiones de una cara parecen más profundas y regulares que las de la otra. Según Ragazas, esto podría indicar que ambas superficies se completaron en momentos diferentes, cuando la arcilla ya había empezado a perder humedad. La segunda cara sería una versión refinada o una nueva etapa de un diseño que seguía evolucionando.

El disco apareció en una capa de destrucción afectada por el fuego. El preprint interpreta que pudo depositarse todavía sin cocer y endurecerse accidentalmente durante el incendio que destruyó el espacio, lo que respaldaría la idea de un prototipo inacabado almacenado en el palacio.

Sin embargo, el contexto arqueológico no permite afirmarlo con total seguridad. Una revisión publicada en 2024 por Oxford University Press sitúa el objeto en una habitación que probablemente tuvo funciones industriales relacionadas con el procesamiento de líquidos o la producción textil. Además, el estrato fue alterado siglos después, durante el período helenístico, lo que dificulta reconstruir exactamente por qué estaba allí.

La nueva teoría es atractiva, pero el misterio sigue abierto

La hipótesis del juego resuelve algunas rarezas, aunque crea otras nuevas. Explica por qué el recorrido está dividido en casillas, por qué ciertos personajes miran hacia el exterior y por qué los mismos grupos de símbolos se repiten. Pero no aclara qué función cumplía cada dibujo, qué movían los jugadores ni por qué había información estampada en las dos caras.

También compite con interpretaciones académicas que continúan considerando el disco una forma de escritura. Según el estudio de contexto arqueológico publicado por Oxford University Press, las similitudes con marcas de alfarero, sellos y otros motivos descubiertos en Festo respaldan su autenticidad y su relación con las prácticas simbólicas minoicas. Su autora, Giorgia Baldacci, considera razonable que tuviera una función ritual, mágica o ceremonial, aunque admite que su propósito exacto sigue siendo imposible de determinar.

Por ahora, el nuevo preprint no ha “resuelto” el Disco de Festo. Ha hecho algo quizá más útil: cambiar la pregunta.

Después de más de cien años intentando averiguar qué dicen sus símbolos, puede que el próximo paso no sea traducirlos. Puede que consista en descubrir qué hacían los minoicos con ellos.

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