Científicos, turistas y también saqueadores se han sentido atraídos desde hace mucho tiempo por la Cova de la Font Major, de Cataluña. Es una cueva conocida por sus maravillosas vistas y su valor científico, aunque el consenso general era que sus paredes eran demasiado blandas como para que los artistas prehistóricos hubieran podido dejar su arte grabado allí. Pero la verdad es que nadie había mirado con atención, hasta ahora.
En 2019 Josep Maria Vergès descubrió una serie de líneas verticales en las paredes de la Cova de la Font Major, que resultaron formar parte de un conjunto de imágenes más amplio, de tiempos prehistóricos. Junto a su colega Míriam Salas-Altès, estudiaron formalmente los grabados e identificaron 280 motivos en las paredes y techo de la cueva, que incluyen 55 figuras de animales que representan caballos, ciervos o bovinos, 40 líneas paralelas, y otras formas geométricas. Ha sido complejo poder datar los grabados pero el equipo logró determinar que tienen al menos 19.000 años, con lo que datan del Paleolítico superior, en el último período glaciar.
Vergès y Salas-Altès son arqueólogos del Instituto Catalán de Paleoecología y Evolución Social Humana, y publicaron su trabajo en Antiquity hoy, con detalles sobre lo que descubrieron.
“Al descubrir esto sentí una mezcla de entusiasmo por haber hallado algo inesperado, y una profunda e increíble incredulidad. Parecía inconcebible que ninguno de los muchos visitantes que habían caminado por la galería jamás hubiesen notado la presencia de estos grabados prehistóricos”, dijo Vergès en los comentarios conjuntos a Gizmodo.
Los turistas y su pista
Para ser justos, el equipo no estaba precisamente buscando los dibujos. Vergès estaba supervisando excavaciones efectuadas en la cueva cuando uno de los investigadores le habló sobre un grupo de turistas que estaban con trajes de agua porque participaban de una “ruta de la aventura”. Salían de una abertura que llevaba a una pequeña cueva que estaba a un costado, y Vergès decidió investigarla un poco.

“Al entrar vi que las paredes de la cueva estaban cubiertas con los nombres y fechas de personas que habían pasado por la galería desde 1957”, recordó. Luego usó la linterna del casco para iluminar los grafitis y echar una mirada. Entonces fue que notó las líneas más viejas. Una tras otra. La pequeña cueva era toda una galería de arte paleolítico.
El arte finalmente sale a la luz
“En cuanto al estilo no había dudas de que estos grabados eran prehistóricos”, explicaron ambos. Pero para asegurarse, analizaron con atención las características físicas de los dibujos y compararon su composición química para garantizar que no se tratara de simulaciones modernas. Cuando tuvieron la certeza de que eran, sí, grabados prehistóricos usaron como referencia otros conjuntos de arte con datación confirmada para afinar su apreciación sobre su antigüedad, basándose en características técnicas, de estilo y de temática. Además llevaron a cabo trabajos de datación por radiocarbono para obtener más información sobre el período de la ocupación humana del lugar.
Varias de las características hicieron que la Cova de la Font Major se destacara entre las demás. Por ejemplo, el hecho de que se trata de un conjunto realmente grande. Del arte rupestre en la región, menos del 10% tiene más de 20 dibujos de animales, y el 75% tiene solo unos 5, o menos. Estos dibujos de animales eran buenos, además. Por ejemplo, hay un oso (figura inusual en el arte paleolítico) dibujado con las orejas hacia el frente y la boca levemente abierta

¿Bajo nuestras narices?
Los investigadores sospechan que hubo razones bastante reales por las que durante tanto tiempo esos dibujos pasaron desapercibidos. Ante todo, son dibujos menos visibles con iluminación frontal, que es la forma en que tanto los guías como los visitantes iluminan con las linternas de sus cascos. Los grafitis modernos también saltan a la vista y la gente quizá notaba lo más obvio, como parte de las marcas del caballo, pero no se detenían ni prestaban mucha atención como para relacionar todas las líneas.

“De hecho, es cuestión de cómo filtra y estructura el cerebro la información visual”, explicaron. Para ponerlo en perspectiva, una de las guías con más experiencia le habría dicho al equipo que había estado cientos de veces en la galería y jamás había notado el caballo.
“Pero cuando dirigimos su atención al dibujo, se le hizo imposible no verlo. A partir de allí, siempre era lo primero que notaba cada vez que ingresaba en la galería”, añadieron.
Escondido y enterrado
Para bien o para mal, la galería no está abierta al público porque sus paredes son demasiado frágiles. Pero ahora que ya la tenemos en mente, tal vez descubramos pronto más arte paleolítico “perdido”. El equipo quiere seguir refinando la datación del conjunto de dibujos pero hay entradas a la cueva que quedaron bloqueadas por depósitos de sedimentos. Tal vez, podría haber más galerías cultas ya que este descubrimiento también había estado sellado por sedimentos hasta que se abrió en 1853.

“En oposición a lo que se pensaba, el noreste de Iberia tiene sitios de arte rupestre paleolítico de gran calidad”, expresó el equipo. “El arte mediterráneo del oeste de Europa ahora se enriquece con esta nueva colección de arte rupestre y eso nos permite conocer más y en mayor profundidad una tradición gráfica mediterránea que tiene su propia identidad, diferente a la de la región franco-cantábrica”, expresó el equipo.