Una obra de construcción en las afueras de París terminó revelando un escenario que nadie esperaba encontrar bajo el suelo. Donde estaba previsto levantar un complejo residencial, los arqueólogos descubrieron un cementerio de aproximadamente 6.500 años de antigüedad, con once sepulturas, treinta grandes bloques de piedra y un monumento extraordinario: una figura humana tallada en roca que pesa casi diez toneladas.
El hallazgo tuvo lugar en Champigny-sur-Marne, al sureste de la capital francesa, durante una excavación preventiva realizada por el Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas de Francia (Inrap). Pero el tamaño de la escultura es solo una parte de la historia. Entre los restos apareció una persona enterrada sentada, un montículo ceremonial sin ningún cadáver y evidencias de una mezcla de construcción comparable a un cemento rudimentario.
El Inrap anunció el descubrimiento el 2 de noviembre de 2026, situando el conjunto entre los años 4750 y 4300 antes de Cristo. Se trata de un periodo del Neolítico medio del que se conocen enterramientos aislados en la región parisina, pero muy pocos complejos funerarios de semejante tamaño.
Una estatua de casi diez toneladas con forma humana que podría haber estado pintada

La pieza más sorprendente es una estatua-menhir, un enorme bloque de arenisca trabajado para representar esquemáticamente una figura humana. Mide 3,04 metros de largo, 1,68 de ancho y 74 centímetros de grosor, con un peso calculado de 9,7 toneladas.
Sus constructores no se limitaron a colocar una roca. Picaron cuidadosamente su superficie y grabaron una especie de cinturón, además de pequeñas cavidades circulares conocidas como cazoletas. En determinadas zonas también aparecieron manchas blancas y negras que podrían corresponder a pigmentos antiguos.
Si los análisis confirman esa interpretación, el monumento no solo habría tenido una forma humana: también podría haber estado decorado con colores.
La escultura apareció tumbada dentro de la fosa que originalmente había servido para mantenerla erguida. Los arqueólogos consideran que su posición podría reflejar el abandono del lugar después de que el monumento se desplomara, aunque todavía se desconoce cuándo y por qué ocurrió.
Las investigaciones sobre el conjunto funerario también documentaron otros dos bloques de arenisca de menor tamaño, posiblemente relacionados con la delimitación simbólica del cementerio.
Once tumbas, un entierro sentado y una técnica de construcción que nadie esperaba encontrar

El cementerio contiene once sepulturas distribuidas en diferentes sectores. La mayoría de los cuerpos fueron depositados extendidos, acompañados por objetos de piedra tallada, puntas de proyectil y algunas herramientas de hueso.
Sin embargo, uno de los enterramientos rompe completamente ese patrón. Los arqueólogos encontraron el esqueleto de un adulto colocado en posición sentada dentro de una fosa estrecha y circular, semejante a un pozo. La parte inferior de sus piernas y los pies estaban cubiertos por depósitos de calcita.
Por ahora, los investigadores no saben por qué recibió un tratamiento funerario diferente. Tampoco han podido explicar la función de un montículo de tierra de unos 30 metros cuadrados, construido con postes, piedras y zanjas, bajo el cual no apareció ningún cuerpo.

Otro detalle está relacionado con los materiales utilizados por los constructores. Los análisis preliminares identificaron una mezcla de arena, limo rico en carbonatos, grava y agua que se endurecía al secarse. Esta especie de cemento primitivo fue empleada en tumbas, estructuras de soporte y zonas asociadas con los monumentos.
No era cemento moderno ni constituye la primera evidencia de materiales semejantes en la prehistoria. Lo excepcional es encontrar esta técnica aplicada a un conjunto funerario megalítico de la región parisina.
El equipo prevé realizar análisis de ADN antiguo y estudios isotópicos para reconstruir la procedencia, alimentación y posibles relaciones de parentesco de las personas enterradas.
El descubrimiento demuestra que las comunidades neolíticas que habitaron los alrededores de París desarrollaron prácticas funerarias y conocimientos constructivos más complejos de lo que permiten apreciar los enterramientos aislados conocidos hasta ahora.

Lo que todavía no sabemos es a quién representaba aquella figura de diez toneladas, por qué terminó derrumbada y qué significado tenía un cementerio donde algunas personas fueron enterradas de maneras tan diferentes. Y esas preguntas podrían resultar incluso más importantes que el tamaño del monumento.