Durante años, se ha dicho que moverse por la noche es enemigo del buen sueño. Sin embargo, un estudio reciente está poniendo en jaque esa idea. Breves ejercicios, realizados tras la cena, podrían tener un efecto positivo en el descanso. ¿Es posible transformar nuestras noches con pequeños cambios? Aquí lo analizamos.
El estudio que cuestiona lo que sabíamos sobre el ejercicio nocturno
Tradicionalmente, los expertos en sueño recomendaban evitar cualquier tipo de actividad física después de las 20 horas. El motivo era simple: el ejercicio eleva la temperatura corporal y la frecuencia cardíaca, algo que no parece compatible con la relajación necesaria para dormir bien. Sin embargo, una nueva investigación publicada en BMJ Open Sport & Exercise Medicine propone una visión distinta.

Este trabajo estudió a 28 personas sedentarias, principalmente mujeres entre 18 y 40 años. Los participantes realizaron breves ejercicios de fuerza de tres minutos cada media hora, entre las 17 y las 21 horas. Las sesiones se guiaban mediante un vídeo para asegurar que todos siguieran el mismo ritmo y técnica. El objetivo era claro: comprobar si pequeñas dosis de actividad —los llamados “snacks” de ejercicio— podían mejorar el sueño sin interferir en el proceso de conciliación.
Los resultados que sorprenden a los expertos
El experimento arrojó datos reveladores. Quienes participaron lograron dormir, de media, 27 minutos más tras introducir estos breves ejercicios. Además, no se observaron interrupciones importantes durante el sueño, lo que sugiere que esta práctica no genera despertares nocturnos ni impide un descanso profundo. Los investigadores destacan que estas conclusiones podrían contradecir las recomendaciones clásicas de evitar toda actividad física avanzada la tarde.

Expertos como María José Martínez, de la Sociedad Española del Sueño, señalan que el riesgo real suele surgir con el ejercicio extenuante que eleva demasiado la temperatura o retrasa la cena. En este caso, la duración y moderación de la actividad parecen no tener efectos negativos e incluso aportar beneficios.
Cómo adaptar el ejercicio y la cena para dormir mejor
La clave está en equilibrar el ejercicio y los horarios. Las recomendaciones tradicionales proponen cenar sobre las 21 horas y acostarse hacia las 23, evitando actividad intensa tras las 20. Sin embargo, los “snacks” de ejercicio abren la puerta a nuevas opciones: pequeñas rutinas después de la cena, como paseos o estiramientos suaves, podrían ser beneficiosas.
Adaptar ligeramente los horarios o introducir ejercicios moderados entre las 21 y las 22 horas, sin retrasar en exceso la cena, puede contribuir a mejorar el metabolismo y facilitar el descanso. Todo apunta a que el movimiento, en su justa medida, podría ser un aliado inesperado de nuestras noches.
Fuente: Meteored.