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Ciencia

El aditivo de cocina que ayudó a fabricar miles de mini cerebros en Stanford

Investigadores de la Universidad de Stanford desarrollaron una técnica pionera que permite crear miles de mini cerebros humanos en laboratorio usando goma xantana, un aditivo alimentario común. El avance promete revolucionar la investigación de enfermedades neurológicas y mejorar la seguridad de fármacos durante el desarrollo cerebral.
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Una revolución científica nacida de un ingrediente cotidiano

En los laboratorios del Wu Tsai Neurosciences Institute de la Universidad de Stanford, un equipo dirigido por Sergiu Pasca y Sarah Heilshorn logró lo que hasta hace poco parecía inalcanzable: producir miles de organoides cerebrales —estructuras tridimensionales que imitan la forma y función del cerebro humano— de manera uniforme y a gran escala.

El secreto de este avance no provino de un compuesto exótico, sino de un aditivo alimentario habitual: la goma xantana, utilizada en productos cotidianos como salsas o postres. Esta sustancia permitió evitar que los organoides se fusionaran entre sí durante el cultivo, garantizando su crecimiento independiente y homogéneo.

“Podemos fabricar 10.000 mini cerebros sin inconvenientes”, aseguró Pasca. “Hasta hace poco, eran tan pocos que incluso les poníamos nombre propio”.


Cómo un espesante de cocina resolvió un problema biotecnológico

El gran desafío de los organoides cerebrales era mantener su forma y tamaño uniformes. Al desarrollarse, tendían a fusionarse, reduciendo la cantidad utilizable para la experimentación. Tras probar más de veinte materiales biocompatibles, el equipo encontró en la goma xantana el equilibrio perfecto entre compatibilidad biológica, accesibilidad y facilidad de uso.

Científicos de Stanford fabrican miles de mini cerebros humanos con un aditivo alimentario
© Anna Shvets – Pexels

El procedimiento consiste en cultivar células madre durante seis días en una solución nutritiva y luego añadir el aditivo. Gracias a esta innovación, los investigadores pudieron generar 2.400 mini cerebros en paralelo y exponerlos a 298 fármacos aprobados por la FDA, muchos de ellos administrados a mujeres embarazadas o niños.

Los resultados sorprendieron: algunos medicamentos —incluido uno utilizado contra el cáncer de mama— afectaron el desarrollo del tejido cerebral, lo que sugiere riesgos hasta ahora desconocidos.


Un modelo ético y escalable para estudiar el cerebro humano

El método del equipo de Stanford supone un cambio de paradigma. Permite estudiar enfermedades neurológicas y evaluar la seguridad de fármacos sin recurrir a pruebas invasivas en humanos o animales.

“Seleccionamos materiales que cualquier laboratorio pueda conseguir sin dificultad”, explicó Heilshorn. “Queremos que esta tecnología sea accesible y reproducible en todo el mundo”.

El Programa de Organogénesis Cerebral de Stanford, fundado en 2018, ha liberado públicamente los protocolos para que otros centros los utilicen. Según Pasca, “la colaboración internacional será clave para acelerar el descubrimiento de tratamientos para trastornos como el autismo o la epilepsia”.

Científicos de Stanford fabrican miles de mini cerebros humanos con un aditivo alimentario
© cottonbro studio – Pexels

Hacia una nueva era de la neurociencia experimental

El desarrollo de miles de organoides idénticos abre un horizonte inédito: probar terapias potenciales de manera masiva, estandarizada y ética. Además, estos “mini cerebros” ofrecen un modelo fiel del desarrollo humano temprano, útil para estudiar el impacto de contaminantes, drogas o deficiencias nutricionales.

“A menos que aumentemos la escala, no lograremos avanzar lo suficiente en el tratamiento de los trastornos del neurodesarrollo”, afirmó Pasca.

Con este avance, la Universidad de Stanford marca un punto de inflexión en la neurobiología experimental. Lo que antes era un proceso artesanal se transforma ahora en un sistema industrial de precisión, capaz de replicar a pequeña escala los secretos más profundos del cerebro humano.

Fuente: Infobae.

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