En los últimos años, Guyana ha visto una transformación económica radical gracias al descubrimiento de enormes reservas de petróleo. Este pequeño país sudamericano ha pasado de ser una de las economías menos desarrolladas de la región a liderar el crecimiento mundial. Sin embargo, este crecimiento también trae consigo desafíos y dudas sobre la sostenibilidad de su modelo a largo plazo. A continuación, analizamos los efectos de esta nueva «fiebre del oro negro.»
Un crecimiento sin precedentes
Guyana, con una población de apenas 800.000 personas, ha experimentado un auge económico impulsado por el descubrimiento de petróleo en 2015. Desde entonces, el país ha registrado los mayores índices de crecimiento económico del mundo, con un aumento del PIB del 49,7% en el primer semestre de 2024. Se estima que para 2027, Guyana producirá más petróleo per cápita que países como Arabia Saudita y Kuwait.
El gobierno de Guyana ha comenzado a repartir parte de esta riqueza entre sus ciudadanos, anunciando un programa que otorgará 2.000 dólares a cada hogar. Además, han eliminado más de 200 impuestos, incluidos los de combustibles y alimentos básicos, con el objetivo de combatir la inflación y mejorar la calidad de vida.
A pesar de las impresionantes cifras de crecimiento, algunos expertos han expresado su preocupación por las presiones inflacionarias que podrían derivarse de un aumento del gasto público. La inflación del país ha subido del 2,3% antes de la pandemia al 3,3% en 2024, lo que plantea dudas sobre el manejo de esta riqueza a largo plazo.
El debate sobre la distribución de la riqueza
El reparto de 2.000 dólares por hogar ha sido visto como un paso hacia la redistribución de la riqueza, pero algunos señalan que no es comparable a una renta básica universal. El debate está abierto sobre si este tipo de iniciativas deberían ser recurrentes y garantizar una mayor equidad en el país.
Guyana parece estar siguiendo el ejemplo de países como Noruega, que ha gestionado sabiamente sus recursos petroleros mediante la creación de un fondo soberano. Guyana ya ha establecido su propio fondo en 2019, lo que podría ayudar a proteger su economía de la volatilidad del mercado energético.
Un futuro incierto
Aunque el crecimiento actual de Guyana es innegable, el futuro no está libre de desafíos. A largo plazo, la nación deberá enfrentarse a la inflación y encontrar un equilibrio entre el desarrollo económico y la sostenibilidad. Además, otros países de la región también están experimentando descubrimientos de petróleo, lo que podría cambiar el panorama del mercado.
Finalmente, surge la pregunta sobre cómo este auge del petróleo afectará los compromisos climáticos de Guyana y otros países en desarrollo. A corto plazo, parece difícil que estos países reduzcan sus emisiones mientras se benefician del «oro negro,» lo que añade una compleja capa a este debate global.