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El avance nuclear de Irán preocupa a Occidente: te contamos todo lo que necesitas saber

El plazo para frenar la reimposición de sanciones internacionales sobre Irán se agota. Teherán enfrenta nueva presión mientras aumenta la tensión en Oriente Medio, en un contexto marcado por la guerra entre Israel y Hamás
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Irán está a punto de volver a enfrentar sanciones internacionales a través del mecanismo conocido como snapback. Francia, Alemania y el Reino Unido notificaron en agosto que Teherán no cumplía con lo pactado en el acuerdo nuclear de 2015. Con ello, se activó un plazo de 30 días que concluye este mes, lo que reimpondría automáticamente medidas como el congelamiento de activos en el extranjero, la prohibición de acuerdos de armas y restricciones al desarrollo de misiles balísticos.

El programa nuclear bajo la lupa

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© Raspopova Marina – Unsplash

El mecanismo fue diseñado en su momento para ser “a prueba de vetos” dentro del Consejo de Seguridad de la ONU, de manera que ni Rusia ni China puedan bloquearlo. Y aunque ambos países han apoyado económicamente a Teherán —China sigue comprando crudo iraní y Rusia ha recibido drones para su guerra en Ucrania—, poco podrán hacer si las sanciones entran en vigor antes del 18 de octubre.

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, y su ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, tienen esta semana en la Asamblea General de la ONU la última oportunidad para intentar frenar un golpe económico que podría ser devastador para un país ya castigado por décadas de aislamiento financiero.

Irán insiste en que su programa nuclear es pacífico, pero la comunidad internacional observa con creciente preocupación su acelerado enriquecimiento de uranio. Bajo el acuerdo de 2015, Teherán podía enriquecer hasta un 3,67 % y mantener 300 kg de reservas. Hoy acumula más de 9.800 kg, con casi medio millar de uranio enriquecido al 60 %, un paso muy corto hacia el nivel armamentístico.

El Organismo Internacional de Energía Atómica ha denunciado la falta de transparencia y acceso a instalaciones clave, especialmente después de los bombardeos israelíes y estadounidenses durante la guerra de junio. Tanto la planta de Natanz como la de Fordo fueron atacadas con bombas antibúnker, mientras que otras instalaciones asociadas también sufrieron daños.

Aunque las agencias de inteligencia estadounidenses señalan que Irán aún no ha iniciado un programa formal de armas nucleares, reconocen que ha avanzado en capacidades técnicas que lo colocan en una posición más favorable si decide dar ese paso.

Una relación marcada por décadas de tensión

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© Aaron Schwartz/CNP/Bloomberg via Getty Images.

Las tensiones entre Irán y Estados Unidos no son nuevas. Durante el reinado del Sha, Teherán fue un aliado clave de Washington en la región, pero la Revolución Islámica de 1979 rompió de raíz aquella relación. La crisis de los rehenes en la embajada estadounidense, la guerra Irán-Irak y los incidentes en el Golfo durante los años ochenta cimentaron una desconfianza mutua que persiste hasta hoy.

El acuerdo nuclear de 2015 supuso el mayor acercamiento diplomático en décadas, pero la retirada unilateral de Estados Unidos bajo el mandato de Donald Trump en 2018 destruyó ese frágil equilibrio. Desde entonces, Irán ha restringido las inspecciones internacionales y acelerado su programa nuclear, mientras la región se ve sacudida por conflictos en Gaza, Siria, Irak y el Golfo Pérsico.

La posible reactivación de sanciones por parte de la ONU amenaza con cerrar aún más las puertas a una diplomacia ya debilitada. A medida que Israel y Estados Unidos mantienen la presión militar, el riesgo de que Teherán dé un paso definitivo hacia el arma nuclear sigue siendo una de las mayores preocupaciones de la seguridad internacional.

[Fuente: AP]

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