Imagen: Aubert et al./IPGP/CNRS Photo library (Nature)

Nuestro campo magnético, el mismo que nos protege de la radiación cósmica y solar, se mueve. El polo norte terrestre no solo deriva lentamente a un ritmo de unos 48 km anuales. Además, cada diez años, nuestro escudo invisible sufre un espasmo súbito con efectos a escala planetaria. La ciencia sabía de estos cambios bruscos, pero no qué los causaba, hasta ahora.

Un reciente estudio publicado en la revista Nature Geoscience acaba de dar con una posible explicación a estos espasmos, y tiene que ver con cambios en el mismo “motor” que genera el campo magnético en primer lugar: el núcleo de nuestro planeta. La respuesta ha surgido tras introducir el equivalente a cuatro millones de horas de cálculos en un superordenador. El resultado ha sido una simulación computerizada que muestra los flujos de metal fundido en el núcleo de nuestro planeta durante décadas. La simulación ha permitido descubrir que los espasmos en el campo magnético terrestre coinciden en el tiempo con la aparición de burbujas de hierro fundido.

Desplazamiento del polo norte magnético en las últimas décadas.
Gráfica: Newitt et al., “Location of the North Magnetic Pole in April 2007 (CC BY 4.0)

El campo magnético terrestre se genera en la capa exterior del núcleo terrestre, una región de hierro y níquel fundido a unos 2.900 kilómetros de profundidad bajo nuestros pies. El flujo de metal líquido suele ser muy lento (unos 9 km al año), pero de vez en cuando una burbuja de hierro fundido escapa del núcleo y asciende más rápidamente debido a su mayor temperatura.

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Según las conclusiones a las que han llegado los geofísicos Julien Aubert y Christopher Finlay, son estas burbujas las que provocan alteraciones súbitas en el campo magnético. El fenómeno sucede con una frecuencia de entre 6 y 12 años y afecta a la magnetosfera sobre diferentes regiones del planeta. En 1969, por ejemplo (uno de los primeros espasmos geomagnéticos de los que se tiene constancia) una burbuja alteró el campo magnético sobre el oeste de Europa.

Se da la circunstancia, además, de que estas burbujas ocurren hasta 25 años antes de la perturbación en el campo magnético. El descubrimiento es de gran importancia a la hora de predecir los cambios súbitos en el campo magnético, unos fenómenos que pueden alterar nuestras telecomunicaciones y la telemetría GPS. [Nature Geoscience vía LiveScience]