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Ciencia

La ESA detecta un fenómeno extremo en un visitante interestelar. El cometa 3I/ATLAS está perdiendo el equivalente a 70 piscinas olímpicas de hielo al día tras su paso por el Sol

Las observaciones de la misión JUICE revelan una expulsión masiva de vapor de agua y dióxido de carbono desde su núcleo. La actividad, mucho más intensa de lo esperado, equivale a unos 175 millones de litros diarios liberados al espacio. Y podría ofrecer una de las pistas más valiosas hasta ahora sobre cómo se forman los sistemas planetarios fuera del nuestro.
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El dato impresiona, pero también ayuda a dimensionar el fenómeno: el cometa interestelar 3I/ATLAS está expulsando al espacio el equivalente a unos 175 millones de litros de agua al día. No se trata de una metáfora exagerada, sino de una estimación basada en observaciones directas de la Agencia Espacial Europea (ESA), que ha detectado una actividad mucho más violenta de lo esperado tras su paso por el perihelio.

Este comportamiento se explica por un proceso conocido como sublimación, en el que el hielo del núcleo del cometa se transforma directamente en gas al recibir la radiación solar. Sin embargo, lo que diferencia a 3I/ATLAS de otros cometas observados hasta ahora es la intensidad de ese proceso. Los instrumentos MAJIS y JANUS de la misión JUICE han registrado emisiones sostenidas de vapor de agua y dióxido de carbono, lo que indica que no se trata de una liberación puntual, sino de una actividad continua y estructural del objeto.

Un visitante de otro sistema estelar que no se comporta como esperábamos

La ESA detecta un fenómeno extremo en un visitante interestelar. El cometa 3I/ATLAS está perdiendo el equivalente a 70 piscinas olímpicas de hielo al día tras su paso por el Sol
© SPHEREx / NASA / JPL – Caltech.

El interés por 3I/ATLAS no se limita a su espectacular pérdida de masa. Este cometa es apenas el tercer objeto interestelar detectado atravesando el sistema solar, lo que lo convierte en una oportunidad única para estudiar materiales formados en entornos completamente distintos al nuestro. A diferencia de los cometas tradicionales, cuya historia está ligada al nacimiento del sistema solar, este objeto procede de otro sistema estelar, posiblemente con condiciones físicas y químicas diferentes.

Las observaciones realizadas tras su descubrimiento en julio de 2025 obligaron al equipo de JUICE a adaptar rápidamente la misión para capturar datos en ventanas de tiempo muy limitadas. Esto añadió una complejidad técnica considerable, pero permitió obtener información inédita sobre su comportamiento. Los datos, que no llegaron a la Tierra hasta febrero de 2026, muestran un núcleo altamente activo, con chorros de gas, filamentos y estructuras radiales que revelan una dinámica interna mucho más compleja de lo que cabría esperar.

Lejos de una evaporación uniforme, el cometa parece liberar material desde distintas regiones de su superficie, lo que sugiere que los hielos volátiles no están distribuidos de forma homogénea. Esta heterogeneidad podría ser clave para entender no solo la evolución del propio objeto, sino también los procesos de formación en otros sistemas planetarios.

La clave está en lo que se está liberando… y en cómo se libera

Las detecciones repetidas de vapor de agua y dióxido de carbono apuntan a la existencia de depósitos de hielo enterrados bajo la superficie que se activan al aumentar la temperatura. Este fenómeno genera una presión interna que acaba expulsando el material al espacio, alimentando la coma y la cola del cometa.

Lo relevante no es solo la cantidad, que se estima en torno a dos toneladas por segundo, sino el patrón de emisión. La presencia de chorros y estructuras dirigidas indica que el proceso no es caótico, sino que responde a condiciones físicas específicas del núcleo. Esto abre la puerta a modelos más complejos sobre la actividad cometaria, especialmente en objetos que no se han formado en nuestro entorno.

Además, el análisis de estas emisiones permite estudiar la composición química del cometa con un nivel de detalle que, en otros casos, resulta mucho más difícil de obtener. En el caso de 3I/ATLAS, esta información es especialmente valiosa porque actúa como una muestra directa de otro sistema estelar.

Más que un cometa: una ventana a otros sistemas planetarios

La ESA detecta un fenómeno extremo en un visitante interestelar. El cometa 3I/ATLAS está perdiendo el equivalente a 70 piscinas olímpicas de hielo al día tras su paso por el Sol
© NASA / ESA / STScI / D. Jewitt (UCLA) / J. DePasquale (STScI).

El verdadero valor de este hallazgo no está solo en la espectacularidad de la pérdida de masa, sino en lo que implica para la ciencia planetaria. Cada gramo de material expulsado por 3I/ATLAS contiene información sobre las condiciones en las que se formó, lo que permite comparar directamente esos datos con los del sistema solar.

En ese sentido, el cometa funciona como una cápsula del tiempo, pero también como un punto de contraste. Permite evaluar hasta qué punto los procesos que dieron origen a nuestro sistema son comunes o excepcionales en el universo. Y en ese análisis, la intensidad de su actividad podría ser una pista clave.

Una misión diseñada para Júpiter que termina mirando más lejos

El papel de la misión JUICE en este descubrimiento es otro de los aspectos relevantes. Diseñada originalmente para estudiar Júpiter y sus lunas heladas, ha demostrado una capacidad de adaptación que va más allá de sus objetivos iniciales. La posibilidad de aprovechar una oportunidad inesperada como la aparición de 3I/ATLAS refuerza la importancia de contar con instrumentos versátiles en la exploración espacial.

Este tipo de hallazgos también pone de relieve un aspecto fundamental de la ciencia: no todo se puede planificar. En ocasiones, los avances más interesantes surgen precisamente cuando se observa algo que no encaja con lo esperado.

Un objeto fugaz que deja preguntas duraderas

El paso de 3I/ATLAS por el sistema solar será breve en términos astronómicos, pero su impacto científico podría prolongarse durante años. Los datos recogidos obligan a revisar algunos supuestos sobre la actividad de los cometas, especialmente en el caso de objetos interestelares, y abren nuevas líneas de investigación sobre la formación y evolución de sistemas planetarios.

Al mismo tiempo, el hallazgo deja una sensación difícil de ignorar: si un objeto tan pequeño puede revelar tanto en tan poco tiempo, es probable que haya muchos más ahí fuera esperando a ser observados. Y la próxima vez, puede que no solo midamos cuánta materia pierden… sino que entendamos realmente por qué lo hacen así.

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