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Ciencia

El cometa 3I/ATLAS nos habló clara y concretamente. Emitió una doble señal desde el espacio y podría esconder las claves de su origen interestelar

Por primera vez, el radiotelescopio MeerKAT captó dos marcas idénticas a las que dejan los cometas que contienen agua. Es la prueba más sólida hasta ahora de que el 3I/ATLAS no es una nave ni un asteroide, sino un cuerpo helado que viaja hacia nuestro sistema solar. En diciembre pasará cerca de la Tierra.
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Desde su detección en julio de 2025, el cometa interestelar 3I/ATLAS ha sido una fuente de especulaciones, teorías y fascinación. Su velocidad descomunal y su trayectoria abierta —tan diferente de la de cualquier cometa conocido— despertaron las sospechas más audaces: que podría no ser natural, que quizá se trataba de una sonda o nave de origen desconocido.

Pero el espacio, como suele ocurrir, responde con señales más sencillas y menos espectaculares, aunque igual de reveladoras.

En las últimas semanas, astrónomos del radiotelescopio MeerKAT, en Sudáfrica, detectaron algo que cambió la conversación: dos líneas claras en el espectro radioastronómico, una a 1665 MHz y otra a 1667 MHz. Son las mismas frecuencias en las que las moléculas de hidroxilo (OH) suelen absorber radiación, una firma inconfundible del agua presente en los cometas.

Las huellas que confirman la presencia de agua

El radiotelescopio MeerKAT detectó dos señales en el cometa 3I/ATLAS. Así confirmaron los astrónomos que contiene moléculas de agua
© NASA / SOFIA / Lynette Cook.

El hallazgo fue posible gracias a la sensibilidad extrema de MeerKAT, que el 24 de octubre registró una absorción con desplazamientos de −15.6 km/s y un ancho de apenas 1 km/s, lo que indica que el gas que rodea al objeto se mueve con calma y a baja temperatura.

En astronomía, los desplazamientos negativos significan que un cuerpo se aproxima a nosotros. Y las líneas del hidroxilo, esas pequeñas muescas en el ruido cósmico, cuentan una historia muy concreta: la del hielo que se activa bajo la luz del Sol.

El hidroxilo —una combinación de oxígeno e hidrógeno— se forma cuando el agua (H₂O) se descompone por radiación. Su presencia es la confirmación indirecta de que el 3I/ATLAS contiene o libera agua congelada en su superficie, como cualquier cometa clásico que entra en calor al acercarse a nuestra estrella.

De la especulación a la evidencia

El radiotelescopio MeerKAT detectó dos señales en el cometa 3I/ATLAS. Así confirmaron los astrónomos que contiene moléculas de agua
© NASA.

Durante meses, el misterio en torno al 3I/ATLAS alimentó comparaciones inevitables con ‘Oumuamua, el primer visitante interestelar descubierto en 2017. Aquel objeto, con su forma alargada y su comportamiento inusual, dio pie a teorías sobre su posible origen artificial.

En este nuevo caso, los astrónomos prefieren la prudencia. A falta de imágenes de alta resolución, la radioastronomía es el mejor ancla para comprender qué está ocurriendo. La detección de las líneas de hidroxilo es, hasta ahora, la evidencia más sólida de que estamos ante un cometa real y no un artefacto.

“La radio nos da lo que aún no podemos ver con claridad”, explican desde el equipo que opera MeerKAT. “Las moléculas de OH son las huellas digitales de los hielos activados por el Sol.”

Un cometa diferente a todos los anteriores

El radiotelescopio MeerKAT detectó dos señales en el cometa 3I/ATLAS. Así confirmaron los astrónomos que contiene moléculas de agua
© NASA.

El 3I/ATLAS no solo es el tercer objeto interestelar jamás detectado —después de 1I/‘Oumuamua y 2I/Borisov—, sino también el más enigmático. Su tamaño parece ser mayor que el de Borisov, y su brillo, más inestable.

La NASA estima que alcanzará su punto más cercano a la Tierra el 19 de diciembre de 2025, cuando se sitúe a unos 270 millones de kilómetros, suficiente para que los observatorios terrestres puedan estudiarlo en detalle, pero lejos de representar riesgo alguno.

Durante ese paso, los científicos esperan observar directamente la liberación de gases y polvo, lo que confirmaría definitivamente su naturaleza cometaria. Si se cumplen las predicciones, podría ser visible con telescopios medianos, aunque no a simple vista.

La voz de los cometas

Las señales de radio de 3I/ATLAS no son sonidos en el sentido humano, pero en su interpretación simbólica hay algo poético: el cometa habló, y lo hizo con el lenguaje más antiguo del cosmos, el de la química elemental.

Dos líneas de frecuencia bastaron para recordar que el agua —esa molécula que sostiene la vida— no es patrimonio exclusivo de la Tierra, sino un elemento común en los viajes más lejanos del universo.

A medida que el ATLAS se acerque, los radiotelescopios del mundo seguirán escuchando. Y quizás entonces podamos responder una pregunta que va más allá de su órbita o su composición: ¿qué nos está diciendo, realmente, este visitante interestelar sobre el origen del agua y, en última instancia, sobre nosotros mismos?

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