Saltar al contenido
Ciencia

El continente perdido bajo Europa que aún guarda secretos

Hace millones de años, una masa de tierra llamada Gran Adria se desgajó de Gondwana y emprendió un viaje que cambiaría para siempre la geografía del planeta. Su colisión con Europa la hundió en el manto terrestre, pero fragmentos de su existencia siguen visibles en nuestras montañas actuales.
Por

Tiempo de lectura 2 minutos

Comentarios (0)

Imaginar que un continente entero yace bajo nuestros pies es tan fascinante como inquietante. Gran Adria, una vasta porción de tierra del tamaño de Groenlandia, se separó hace más de 200 millones de años y acabó sumergida bajo Europa. Su historia no solo reescribe la tectónica del Mediterráneo, también revela cómo la Tierra guarda en silencio capítulos completos de su memoria.

Un continente que nació del desgarro

El relato de Gran Adria comienza hace unos 240 millones de años, cuando se separó del supercontinente Gondwana, que entonces unía a América del Sur, África, India, Australia y la Antártida. Impulsado por el antiguo océano Tetis, avanzó lentamente hacia el norte, convertido en un microcontinente cubierto por mares cálidos y poco profundos. Durante decenas de millones de años vivió como una entidad propia, hasta que el destino lo llevó a chocar con la placa euroasiática.

El choque con Europa y la subducción

Hace unos 120 millones de años, el encuentro fue inevitable. Gran Adria comenzó a hundirse bajo Europa en un proceso conocido como subducción. Sin embargo, no fue una desaparición limpia: fragmentos de su corteza quedaron atrapados en la superficie, incrustados en cordilleras como los Alpes, los Apeninos o los Balcanes. Lo que se hundió, un bloque de unos 100 kilómetros de espesor, descendió hasta 1.500 kilómetros en el manto terrestre, donde los científicos aún pueden rastrear sus huellas mediante ondas sísmicas.

Montañas como vestigios de un mundo oculto

Gran parte de lo que alguna vez fue la superficie de este continente perdido hoy forma parte de cadenas montañosas que recorren desde Grecia hasta Turquía, pasando por Italia y Suiza. Esos pliegues rocosos son, en realidad, páginas deformadas del pasado, testigos de una colisión monumental que redibujó el mapa de Europa. Aunque solo una fracción sigue expuesta, el resto permanece fragmentado y enterrado bajo el continente.

Un rompecabezas en construcción

El descubrimiento de Gran Adria, confirmado por investigadores de Utrecht, Oslo y Zúrich, representa un hito en la reconstrucción del Mediterráneo antiguo. Lejos de ser un recuerdo fosilizado, su historia continúa viva en cada montaña que pisamos. Comprender su destino es, en última instancia, desentrañar cómo nuestro planeta se reinventa a través de cataclismos que, aunque invisibles al ojo humano, cambian la historia de la Tierra para siempre.

Compartir esta historia

Artículos relacionados