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Ciencia

El coral que se niega a morir. Así sobrevive Oculina patagonica a temperaturas extremas cuando todo el Mediterráneo se recalienta

En un mar cada vez más cálido, un coral del Mediterráneo ha encontrado la manera de resistir. Investigadores del Centro de Regulación Genómica de Barcelona descubrieron que la Oculina patagonica adopta una estrategia de supervivencia única: puede vivir con o sin sus algas simbióticas, adaptándose al calor como ningún otro coral conocido.
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Mientras los arrecifes tropicales se blanquean y mueren bajo las olas de calor, en las costas del Mediterráneo sobrevive un coral discreto y resistente, casi anacrónico. Su nombre es Oculina patagonica, y su existencia se ha convertido en una rareza biológica: una especie capaz de soportar temperaturas que superan los 30 grados Celsius, cuando la mayoría de los corales colapsan a los 28.

El secreto no está en su tamaño ni en su ubicación, sino en una estrategia metabólica dual que le permite cambiar de modo de vida según las condiciones del entorno.

El coral que se adaptó al Mediterráneo

Un coral desafía al calor del Mediterráneo. Científicos revelan el mecanismo genético que le permite sobrevivir cuando otros mueren
© Unsplash – Pedro Vit.

La historia de Oculina patagonica comenzó hace millones de años, pero su protagonismo es reciente. Fue identificada por primera vez en 1966, en el golfo de Génova, y durante décadas se la consideró una especie invasora llegada desde el Atlántico. Solo estudios recientes demostraron lo contrario: su linaje es auténticamente mediterráneo, un vestigio antiguo que sobrevivió en pequeñas poblaciones hasta que el calentamiento global cambió el equilibrio del mar.

El aumento de la temperatura, que amenazó a tantas especies, fue su oportunidad. Hoy, este coral ha colonizado la mayoría de las costas poco profundas del Mediterráneo, adaptándose a variaciones que van desde los 10 grados en invierno hasta más de 30 en verano.

“Cuando se documentó por primera vez, nadie creía que sobreviviría a los veranos levantinos. Pero no solo sobrevivió: prosperó”, explica Shani Levy, investigadora del Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona y autora principal del estudio publicado en Nature.

La clave: una alimentación dual

En la naturaleza, casi todos los corales dependen de una relación simbiótica con algas dinoflageladas, que les proporcionan energía a través de la fotosíntesis.
Cuando las aguas se calientan, esa relación se rompe: el coral expulsa a las algas, pierde su color y, sin su fuente de energía, muere. A ese proceso se lo conoce como blanqueamiento.

Pero Oculina patagonica es distinta. Cuando el calor del Mediterráneo supera los 29 grados, también expulsa a las algas… pero no muere. Durante semanas —incluso meses— sobrevive alimentándose por su cuenta, capturando y digiriendo partículas orgánicas suspendidas en el agua.

Esta “estrategia de alimentación dual”, como la llaman los investigadores, le da una flexibilidad metabólica que ningún otro coral del Mediterráneo posee. Puede nutrirse tanto de los productos fotosintéticos de las algas como de su propia caza microscópica, cambiando de un modo a otro según lo exija el ambiente.

“La capacidad de vivir sin un socio fotosintético le permite asentarse en aguas turbias o profundas, donde la luz escasea”, señala Xavier Grau Bové, coautor del estudio e investigador posdoctoral del CRG.

Un genoma adaptado al calor

Un coral desafía al calor del Mediterráneo. Científicos revelan el mecanismo genético que le permite sobrevivir cuando otros mueren
© Unsplash – Heidi Bruce.

Para entender cómo logra semejante hazaña, los científicos del CRG secuenciaron su genoma completo y analizaron decenas de miles de células individuales.
Compararon sus resultados con dos especies tropicales mucho más sensibles al calor, identificando genes exclusivos que se activan cuando el coral pierde sus algas simbióticas.

Los resultados revelaron una maquinaria celular distinta: Oculina puede ajustar su metabolismo y su respuesta inmunitaria, activando genes que compensan la falta de fotosíntesis y reducen el estrés térmico. Su sistema biológico no se apaga ante el calor, sino que cambia de ritmo, como si tuviera un plan de emergencia incorporado.

“La Oculina es resistente porque no depende completamente de las algas. Puede sobrevivir con ellas o sin ellas”, explica Arnau Sebé Pedrós, investigador ICREA y autor principal del estudio.

Un superviviente en un mar en crisis

Un coral desafía al calor del Mediterráneo. Científicos revelan el mecanismo genético que le permite sobrevivir cuando otros mueren
© Unsplash – Heidi Bruce.

El Mediterráneo es un mar singular: pequeño, semicerrado y con variaciones extremas de temperatura, salinidad y nutrientes. Esa naturaleza cambiante lo ha convertido en un laboratorio natural del cambio climático. Los científicos lo describen como una “prueba de estrés del futuro”, donde las especies enfrentan en unas pocas décadas lo que otras regiones del planeta vivirán en siglos.

En este contexto, Oculina patagonica se alza como una de las pocas especies que parecen beneficiarse de la crisis. Su resistencia al calor no solo le permite sobrevivir, sino expandirse, ocupando hábitats que antes eran demasiado cálidos o turbios.

Sin embargo, los investigadores aclaran que no sustituirá a los corales constructores de arrecifes. Aunque su historia es esperanzadora, Oculina no forma estructuras masivas, por lo que no puede reemplazar los ecosistemas de arrecife que sustentan la vida marina tropical.

“El Mediterráneo ofrece una visión de cómo podría adaptarse la vida marina al calentamiento global, pero también de lo que perderemos si no frenamos el aumento de temperatura”, advierte Levy.

El mensaje del coral

El caso de Oculina patagonica demuestra que la naturaleza puede reinventarse, pero también tiene límites. Su éxito no debería verse como una excusa para el optimismo, sino como un recordatorio de que la supervivencia siempre exige un costo: millones de especies no tendrán su misma capacidad de adaptación.

En un mar donde el calor se multiplica y la biodiversidad se tambalea, este coral solitario ofrece una lección silenciosa: la vida puede resistir, pero solo si le damos el tiempo y el espacio para hacerlo.

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