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Ciencia

El Desierto de Atacama es uno de los últimos lugares de la Tierra donde todavía se ven 250 estrellas — y la minería y los satélites están a punto de apagar esa oscuridad para siempre

El Observatorio de Paranal, en Chile, es uno de los seis lugares en el mundo donde la contaminación lumínica todavía está por debajo del 1%. Pero la minería avanza, los satélites de Starlink cruzan el cielo en filas de 30 y las leyes chilenas siguen usando un umbral de los años 70 que ya no protege nada
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A las 2 de la madrugada en el Desierto de Atacama, Richard Fisher se despertó en la oscuridad más completa que había experimentado en su vida. Salió de su habitación y caminó sobre roca y arena. Arriba, las estrellas eran tan densas y vívidas que distinguió a simple vista las Nubes de Magallanes —dos galaxias enanas cuya luz tardó 200.000 años en llegar hasta él. Ese paisaje nocturno existe porque el Atacama está entre los últimos lugares del planeta donde la contaminación lumínica humana no llegó todavía. Esa condición está a punto de terminar.

Por qué el Atacama es el lugar más importante del mundo para la astronomía

Very Large Telescope
© tayifmukta – Shutterstock

El Observatorio de Paranal, operado por el Observatorio Europeo Austral (ESO) en el Atacama chileno, alberga algunos de los instrumentos astronómicos más avanzados del planeta: el Very Large Telescope (VLT) y el Extremely Large Telescope (ELT), cuya construcción terminará en 2027 con un espejo de 39 metros de diámetro —demasiado grande para ponerlo en un cohete. Desde Paranal se tomó la primera imagen directa de un exoplaneta y se confirmó la presencia del agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea.

La razón por la que estos telescopios están aquí es la oscuridad: Paranal es uno de solo seis observatorios profesionales del mundo donde la contaminación lumínica sigue por debajo del umbral crítico del 1%. Esa condición no es resultado de regulaciones especialmente estrictas. «No es realmente el resultado de protecciones humanas. Básicamente es el resultado de la ausencia humana: las distancias en el Desierto de Atacama son tan grandes que han sido mucho más efectivas que cualquier regulación», explica el astrónomo Eduardo Unda-Sanzana de la Universidad de Antofagasta.

La escala global: el 80% de la humanidad ya no puede ver el cielo

Una partícula con una energía absurda cruzó el Mediterráneo a la velocidad de la luz y dejó a los astrofísicos con una pregunta enorme. Nadie sabe todavía qué pudo acelerarla tanto
© YouTube / KM3NeTneutrino.

Lo que ocurre en el Atacama es el extremo crítico de un problema global. Alrededor del 80% de la población terrestre vive bajo cielos contaminados por luz artificial. Un estudio reciente de visibilidad estelar encontró que el cielo nocturno se iluminó globalmente casi un 10% por año entre 2011 y 2022. Si en 2011 alguien podía ver 250 estrellas desde un lugar dado, en 2022 solo podía ver 100.

Para 2022, dos tercios de los grandes telescopios del mundo ya habían superado el umbral crítico del 10% de contaminación sobre el nivel natural —el nivel que los astrónomos de los años 70 identificaron como el punto a partir del cual la astronomía desde tierra queda severamente comprometida. El Atacama era uno de los pocos que permanecían por debajo. Tal como reporta la BBC en su cobertura del Observatorio de Paranal, el titular de ESO en Chile, Itziar de Gregorio-Monsalvo, lleva años monitoreando la avanzada: «Alrededor de cuatro o cinco años atrás, vimos un incremento en la contaminación lumínica que fue muy alto, con más y más industrias en la zona acercándose a Paranal».

El megaproyecto que estuvo a punto de destruir Paranal — y el que podría venir

La amenaza más concreta llegó con el complejo industrial Inna, propuesto por la empresa AES Andes a solo unos kilómetros de Paranal. Un análisis de ESO publicado en 2025 advirtió que Inna amenazaba con aumentar la contaminación lumínica sobre los telescopios hasta un 50%, además de incrementar la turbulencia del aire y las vibraciones que degradan las observaciones. A comienzos de 2026, AES Andes anunció que no procedería con el proyecto —por razones de negocio propias, no por las objeciones de los científicos.

Pero los astrónomos saben que la victoria fue circunstancial. «Los marcos legales son exactamente los mismos que teníamos hace un año… nada está realmente decretado todavía», advierte Unda-Sanzana. «Si perdemos el sentido de urgencia, podría ser perfectamente real que un proyecto de seguimiento sea presentado durante 2026 y nos enfrentemos exactamente a la misma crisis».

El problema de los satélites: filas de 30 atravesando el campo de visión

Constelacion De Satelites
© Shutterstock

Además de la industria terrestre, los satélites se están convirtiendo en una presión creciente. Durante la visita de la BBC al observatorio, el corresponsal contó una fila de más de 20-30 satélites pasando uno detrás del otro, todos visibles a simple vista. Por ahora, los satélites son manejables para la astronomía mediante software que elimina sus trayectorias de las imágenes. Pero si SpaceX expande Starlink como planea —y si los proyectos de centros de datos orbitales para IA avanzan— podría haber miles o incluso un millón de satélites adicionales en órbita.

Una regulación de los 70 que ya no protege nada

El problema regulatorio es estructural. Las decisiones de impacto ambiental para instalaciones industriales en Chile se toman usando el umbral del 10% de contaminación adicional como límite aceptable, una cifra que data de la década de 1970 —cuando el nivel de protección necesario para los mejores observatorios no era todavía conocido. «En los años 70, no eran conscientes de sitios como Paranal. Si permitís un 10%, básicamente destruís el sitio», explica Unda-Sanzana. Para Paranal, cualquier aumento por encima del 1% ya es perjudicial.

En 2025, la Unión Astronómica Internacional actualizó sus directrices, reduciendo significativamente ese umbral. Pero la aplicación de esas recomendaciones en la legislación chilena todavía no se concretó. Y existe además un problema de efectos acumulativos: dos proyectos industriales pueden recibir aprobación por separado, pero juntos superan el límite. Los astrónomos lobbyan por una norma secundaria que permita al gobierno intervenir si los niveles de luz en la región superan un umbral definido, con capacidad de ordenar reducción de emisiones o cambios tecnológicos.

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