El pasado 28 de abril, España vivió un episodio eléctrico sin precedentes: un apagón total que dejó al país con 0 megavatios y 0 hercios. Fue la primera vez que un sistema energético basado mayoritariamente en renovables tuvo que enfrentarse a un reinicio completo. Este evento puso a prueba no solo la infraestructura nacional, sino también la preparación frente a emergencias energéticas. ¿Qué ocurrió realmente y por qué tardamos tanto en volver a la normalidad?

Cuando la red colapsa: el desafío de empezar desde la nada
A las 12:33, una doble desconexión en el suroeste de la península ibérica provocó un colapso en cadena. En cinco segundos, más de la mitad de la demanda eléctrica desapareció. La frecuencia de la red se desplomó y se rompió la conexión con Francia por inestabilidad. España quedó sin generación ni referencia: un apagón completo.
Lo más impactante no fue el corte, sino el proceso de recuperación. Red Eléctrica tuvo que realizar una de las maniobras más delicadas del sistema eléctrico europeo: un black start, o reinicio desde cero. No se trata solo de volver a conectar las centrales: es necesario crear pequeñas «islas» eléctricas estables, con la frecuencia justa, antes de reconectar consumidores.
Agua, gas y paciencia: así se reconstruyó la red
El proceso duró más de 15 horas. Primero se recurrió a las centrales hidroeléctricas, únicas capaces de reactivarse sin apoyo externo. Centrales como La Muela o Aldeadávila fueron clave: pasaron de cero a tres gigavatios en minutos gracias a grupos electrógenos auxiliares. Cada central formó su propia «isla» de 50 Hz antes de asumir carga.

Con la energía nuclear inactiva —algunos reactores bloqueados químicamente por xenón-135—, el gas natural tomó el relevo. La calma del viento y la falta de sol dificultaron incorporar energía renovable. Marruecos fue otro actor inesperado, inyectando energía clave en el sur.
Una red resiliente en un futuro renovable
Este apagón dejó claras las limitaciones de una red con alta penetración de renovables. Sin la inercia síncrona que proporcionan las centrales convencionales, mantener la estabilidad es mucho más complejo. Aunque el 70% de la generación era verde, no fue suficiente para sostener el sistema tras la desconexión.
¿La lección? Es hora de invertir en tecnologías como baterías, inversores a gran escala, hidráulica de bombeo y mejores interconexiones. El futuro será renovable, pero necesita estar mejor preparado para lo inesperado. El “black start” de España puede haber sido una advertencia disfrazada de apagón.
Fuente: Xataka.