Solo hay una variable igual de importante que la forma de un logo: su color. De hecho hay marcas que reconocemos casi primero por su color que por la forma del logo. Para comprobar hasta qué punto asociamos un determinado color a una marca, la diseñadora Paula Rupolo tuvo la curiosa idea de cambiarlo en firmas muy conocidas. ¿El resultado?
Básicamente, cambian todas las asociaciones que podríamos tener respecto a esa marca. Rupolo explicó a Fast.Co su idea: «Estas son todas marcas grandes y reconocidas. Son las dueñas del color de sus logos. Cuando lo cambias por los de su competidor, tu cerebro se da cuenta que algo no encaja». Cuando el diseño y el marketing se convierten en psicología, funcionan.
Ojo, en Europa McDonald’s cambio el año pasado justo del rojo-amarillo al verde-amarillo para huir de la percepción de comida-basura y asociarse más a la de comida saludable. Lo explican bien por aquí.