Se llama Kijong-dong, y seguramente lo has visto de fondo en alguna foto de la zona
desmilitarizada de Corea. Un pequeño pueblo coqueto, situado en la mitad norte
que pertenece a Corea del Norte, donde destaca entre los edificios una enorme
torre con una bandera. Resulta que el pueblo es mentira.
Corea del Norte lo llama el Pueblo de la
Paz, y aseguran que oficialmente alberga
una granja colectiva de 200 familias equipada con guarderías, escuelas de
primaria y secundaria, y un hospital.
Lo cierto es que de lejos parece que es así. Las luces se encienden y se apagan,
y las carreteras se limpian periódicamente, sin embargo, si te acercas un poco
más, te das cuenta de un detalle importante: las ventanas no tienen vidrio y no
hay residentes detrás de ellas. Por esa razón, al otro lado de la frontera Kijong-dong
es llamado el Pueblo de la Propaganda.
El enclave fue construido en la década de
1950 para atraer a desertores potenciales a Corea del Norte, una muestra del
progreso y la modernidad del estado comunista. No es la única en el mundo, de
hecho, aunque las ciudades simuladas a escala real son raras, han existido.
Muchas veces se citan a los denominados pueblos
Potemkin, con el ministro ruso que supuestamente construyó aldeas falsas, incluso
con chimeneas, en las tierras conquistadas de Crimea. Se dice que esperaba
convencer a Catalina II de que eran unas tierras prósperas y pobladas.
Desafortunadamente, no parece que sea cierta la leyenda. En cambio, en la
Segunda Guerra Mundial si se dieron, sobre todo con las ciudades señuelo, bastante
comunes.
Volviendo a Corea, Kijong-dong fue un
producto del tratado de armisticio firmado en 1953 entre Norte y Sur. Se
estableció la zona desmilitarizada de 4 kilómetros de ancho entre las dos
naciones, y a cada una se le permitió un asentamiento dentro de esta tierra de
nadie de 250 kilómetros de largo. El Sur decidió retener la aldea de cultivo de
arroz, Daeseong-dong. Los norcoreanos optaron por construir Kijong-dong
directamente enfrente, a 2 kilómetros de la frontera.
El pueblo era grande, e
incluso las imágenes de Google Earth muestran una ciudad en expansión que
comprende tres centros principales intercalados con tierras de cultivo. Cada
uno de los centros tiene filas de lo que parecen ser casas muy grandes o
edificios públicos, muchos con grandes jardines.
Básicamente, Kijong-dong fue construido
para impresionar. Los costosos edificios y el suministro de energía eléctrica
proclaman una visión anacrónica del lujo y el éxito. En el contexto de los
edificios campesinos con techo de paja típicos de la zona en la década de 1950,
Kijong-dong debía ser lo más parecido al futuro.
En ese momento, las grandes viviendas y
la electrificación eran símbolos del progreso comunista, aunque, obviamente, es
poco probable que hoy los vecinos de Sur los encuentren impresionantes. No sólo saben que sus vecinos son pobres,
con unos prismáticos desde la zona desmilitarizada se puede ver que el pueblo está vacío.
Por cierto, esa bandera en lo alto de la
torre a 160 metros fue erigida en represalia por la colocación de una bandera
de 100 metros en Daeseong-dong por parte de Corea del Sur. Hasta 2004, los
altavoces en los edificios vacíos de Kijong-dong lanzaban discursos de denuncia y óperas
patrióticas a través de los campos, y lo hacían casi a cada hora del día y de la noche.
Aunque como contamos hace no mucho, en el tema de los altavoces no puede
competir con sus vecinos del Sur.
Kijong-dong puede parecer una novedad,
pero es parte de una tradición de espectáculos arquitectónicos totalmente huecos
del siglo XX. Los regímenes comunistas de Moscú a Beijing a menudo se permitían
edificios monumentales y totalmente inútiles. Construcciones tan vacías
por dentro como por fuera. En el que caso de Kijong-dong quizás es lo de menos,
para el régimen norcoreano, por mucho esfuerza que conlleve, supone mantener las
apariencias a la vista (lejana) del planeta entero. [Wikipedia, NYPost, Slate, NowIKnow]