El verano invita a sumergirse en el agua, bailar en festivales y pasar más tiempo al aire libre. Pero, aunque todo suene a diversión, esta temporada también es crítica para la salud auditiva. El contacto constante con el agua y la exposición a ruidos intensos pueden provocar problemas que, si no se previenen, podrían dejar secuelas duraderas. Por suerte, existen hábitos muy simples que marcan la diferencia.
¿Por qué tus oídos están en riesgo durante el verano?
Aunque debemos cuidar los oídos durante todo el año, el verano los pone a prueba de forma especial. Dos son las principales amenazas: el agua, por un lado, y el ruido excesivo, por otro.
El contacto frecuente con agua no estéril puede generar infecciones, sobre todo si esta queda atrapada en el canal auditivo. Una de las más comunes es el llamado «oído del nadador», causada por la proliferación de bacterias en un entorno húmedo. Por su parte, la música a gran volumen —especialmente en conciertos y festivales— puede dañar el oído interno, provocando desde zumbidos persistentes hasta pérdida auditiva. Y esto afecta tanto a adultos como a niños, cuyo sistema auditivo ya está completamente desarrollado desde el nacimiento.

Trucos y precauciones para evitar infecciones y lesiones
Los expertos de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello ofrecen recomendaciones sencillas pero muy efectivas para disfrutar del verano sin dañar nuestros oídos:
Evita aguas sucias: Aunque el mar, las piscinas y los ríos parecen limpios, nunca están libres de microorganismos. Bañarte en aguas contaminadas aumenta el riesgo de infecciones.
No te lances desde gran altura: Las zambullidas intensas pueden introducir agua a presión en el canal auditivo y favorecer lesiones o acumulación de humedad.
Controla la profundidad: Si no eres buzo profesional, evita inmersiones profundas. Los cambios de presión pueden dañar los tímpanos si no se aplican técnicas adecuadas.
Sécate bien después del baño: Usa una toalla para secar suavemente la zona externa y la entrada del oído. Nunca introduzcas bastoncillos, ya que pueden empujar bacterias hacia dentro o dañar la piel interna.
Cuida tus auriculares: En la playa, mantenlos alejados de la arena y guárdalos siempre en su estuche. La suciedad puede acabar dentro del canal auditivo.
Usa protección física: Tapones, cintas o gorros son aliados importantes, sobre todo si tienes patologías previas, has pasado por una cirugía o eres inmunodeprimido.

No subestimes los riesgos del ruido: aprende a protegerte
El ruido intenso y constante es otro gran enemigo. Sonidos superiores a 85 decibelios pueden causar daño irreversible. En festivales o conciertos, se alcanzan fácilmente los 120 dB. Por eso, se aconseja alejarse de los altavoces y limitar la exposición.
En el caso de los niños, la protección debe ser aún más estricta. Auriculares especiales pueden ayudar, pero lo mejor es evitar llevarlos a lugares con música estridente o fuegos artificiales. Aunque sus oídos están tan formados como los de un adulto, son mucho más sensibles a los sobresaltos y no comprenden el entorno de la misma forma.
Disfrutar del verano no implica poner en riesgo la salud auditiva. Unos pocos cuidados pueden marcar la diferencia entre unas vacaciones perfectas y problemas duraderos. Si vas a la playa, a un festival o simplemente compartes días de ocio con niños, recuerda: proteger los oídos no cuesta nada, pero puede evitarte mucho.
Fuente: Hipertextual.