Durante la última campaña agrícola, la incertidumbre reinó entre los productores de maíz. Sin embargo, el invierno de 2024 trajo consigo un cambio que pocos esperaban: un frío intenso que debilitó a uno de los enemigos más temidos por el cultivo. A ello se suman avances técnicos, condiciones favorables y un renovado interés por sembrar. ¿Estamos ante el comienzo de una nueva etapa para el cereal?
Un invierno imprevisto que cambió las reglas
El invierno pasado fue inusualmente crudo, con cuatro olas de frío polar que dejaron huella. Según la red GEA de la Bolsa de Comercio de Rosario, fue el segundo invierno más riguroso en dos décadas, superado solo por el de 2007. Esto tuvo una consecuencia directa: la drástica reducción de poblaciones de chicharrita, el insecto que había diezmado al maíz en la campaña 2023/24 al actuar como vector del spiroplasma.

Este alivio sanitario fue detectado por técnicos del norte y centro del país, quienes observaron una presión de plaga significativamente menor al cierre de la temporada. Este escenario alentó a muchos productores a replantear sus estrategias de siembra de cara a 2025/26.
Un cereal que vuelve a tomar impulso
Los primeros relevamientos de intención de siembra revelan un repunte notable: la superficie destinada al maíz en la región núcleo aumentaría un 10 %, llegando a 1,8 millones de hectáreas. Esta cifra representa una recuperación tras la caída de 300.000 hectáreas sufrida el ciclo anterior. Además, se espera un trimestre con lluvias normales o levemente superiores, y temperaturas estacionales moderadas, gracias a la neutralidad climática en el Pacífico.
Otro dato clave es la mejora en los controles: en provincias como Santa Fe y Córdoba ya se aplican productos biológicos eficaces, acompañados de estrategias ajustadas como las siembras tempranas. El conjunto de estos factores construye un entorno más favorable que en años anteriores.

Confianza, pero sin relajarse
El impacto de la plaga había sido profundo: una merma del 18 % en la cosecha nacional y una pérdida significativa de superficie sembrada. Pero la situación comienza a revertirse. Si se concretan las proyecciones, esta podría ser la tercera mayor campaña en 18 años en la región núcleo, con una producción estimada de hasta 15 millones de toneladas.
Aun así, los especialistas advierten que la amenaza no ha desaparecido. El monitoreo permanente y la eliminación de maíces guachos siguen siendo medidas esenciales. El contexto es más alentador, sí, pero la batalla sanitaria continúa.
Fuente; Meteored.