En la Isla de Vancouver y otras regiones de Columbia Británica, los habitantes conviven periódicamente con un fenómeno tan fascinante como incómodo: plagas masivas de orugas de la polilla de la tienda occidental. Estos brotes, que tiñen de seda blanca árboles y superficies, han sido estudiados durante más de 50 años por la Dra. Judith Myers, cuyas investigaciones ofrecen respuestas sobre su dinámica, sus consecuencias y la sorprendente resistencia de esta especie al cambio climático.
Un ciclo natural que sorprende y preocupa
El ciclo comienza en abril con la eclosión de los huevos y la construcción de las características tiendas de seda. En junio, las orugas migran para pupar, concentrándose en muros y cercados, una escena inquietante para vecinos y turistas. Su presencia, además de molesta, tiene repercusiones económicas: en Salt Spring Island, la infestación de 2012 obligó a cancelar el festival de la manzana y redujo notablemente la llegada de visitantes.
⚠️MUCHO CUIDADO ⚠️
Ya es la época de procesionarias del pino, esta oruga es MUY NOCIVA para nuestras mascotas incluso sin tocarla y con solo olerla. Se puede llegar fácilmente a la muerte. Mirad bien cuando vayáis de paseo e intentad ir a sitios donde no haya pinos. pic.twitter.com/F9MWb5hD83
— 🍁 Mei 🍁 (@JirafitaBlue) February 24, 2024
El papel invisible de un virus
La investigación de la Dra. Myers y su colaboración con la profesora Jenny Cory reveló el factor decisivo detrás de estas desapariciones abruptas: un virus específico que se propaga cuando la densidad de orugas es muy elevada. La infección provoca un colapso poblacional que explica por qué, tras el auge, los insectos se esfuman en cuestión de semanas.
A pesar de los temores por el cambio climático, los estudios demuestran que el ciclo no se ha visto alterado en cinco décadas. La clave está en la capacidad de adaptación de las orugas: aprovechan el calor del sol en días fríos y se refugian en sus tiendas de seda cuando la temperatura sube.
Impacto en comunidades y ecosistemas
Los brotes afectan a árboles frutales y a la agricultura local. También han tenido consecuencias inesperadas, como el caso de un caballo enfermo tras ingerir accidentalmente larvas. Estas experiencias ilustran cómo un fenómeno biológico puede alterar la vida social y económica de pueblos enteros.
Es época de orugas, y para quien no lo sepa:
Izquierda: Ocnogyna baetica, oruga peluda o de los prados. Típica oruga naranja, negra y blanca
Derecha: Thaumetopoea pityocampa u oruga procesonariaSe parecen mucho, pero solo la 2ª es tóxica. Así que cuidado con vuestras mascotas pic.twitter.com/huQ8EIfh4V
— Maribel 🍫🌺🐕 (@mbeluque96) February 27, 2018
El lado positivo es que, al ser predecibles, los brotes permiten planificar medidas. El monitoreo temprano ayuda a anticipar plagas con hasta tres años de margen, y los productores recurren a Btk, un insecticida microbiano seguro y eficaz, para proteger cultivos.
Mirando hacia el futuro
El último brote intenso se registró en 2023 en Galiano y otras islas; para 2024 la población ya había colapsado, en línea con el patrón habitual. Los expertos prevén un nuevo auge dentro de seis a ocho años.
Más allá de la anécdota, estas investigaciones invitan a reflexionar: si unas simples orugas logran mantener su ciclo en equilibrio con el entorno, ¿qué lecciones puede extraer la humanidad frente a su propio reto climático?
Fuente: Infobae.