Sabemos que pasar meses en el espacio modifica los músculos, los huesos, la distribución de los líquidos corporales e incluso el funcionamiento del cerebro, pero los efectos de la microgravedad llegan también a una región mucho menos evidente: el intestino y los miles de millones de microorganismos que viven en él.
Una investigación realizada por científicos de la Universidad de Copenhague en colaboración con la NASA analizó 488 muestras de plasma pertenecientes a 52 astronautas que permanecieron entre dos y nueve meses en la Estación Espacial Internacional. Los resultados, publicados en Nature Communications, revelaron cambios metabólicos compatibles con una modificación sostenida de la actividad de la microbiota mientras los tripulantes permanecían fuera de la Tierra.
Las bacterias intestinales empiezan a comportarse de otra manera
Las muestras fueron obtenidas antes del lanzamiento, durante las misiones y después del regreso, lo que permitió seguir la evolución de los cambios con bastante precisión. Los investigadores identificaron alteraciones en alrededor de 40 compuestos presentes en la sangre, muchas de las cuales aparecieron pocas semanas después de llegar al espacio y comenzaron a desaparecer una vez que los astronautas volvieron a la gravedad terrestre.
La señal más llamativa apuntaba a un aumento de la fermentación de proteínas por parte de las bacterias intestinales.

Normalmente, buena parte de la microbiota obtiene energía fermentando fibra y otros carbohidratos que llegan al colon. Sin embargo, cuando esos recursos se agotan, determinados microorganismos pueden comenzar a utilizar proteínas, generando compuestos diferentes que terminan pasando al torrente sanguíneo.
Entre los metabolitos que aumentaron durante las misiones aparecieron sustancias como p-cresol sulfate, phenylacetylglutamine y 4-ethylphenol sulfate, todas ellas relacionadas con este tipo de fermentación.
La microgravedad podría ralentizar el intestino
La principal hipótesis de los investigadores apunta directamente a la ausencia de gravedad. En la Tierra, los movimientos musculares del aparato digestivo impulsan continuamente su contenido, mientras que en microgravedad esa dinámica podría modificarse y prolongar el tiempo que los alimentos permanecen dentro del intestino.
Si el tránsito se vuelve más lento, las bacterias disponen de más tiempo para consumir la fibra disponible y terminan recurriendo a las proteínas como fuente de energía.
Esto no significa que viajar al espacio provoque automáticamente enfermedades intestinales. Sin embargo, algunos productos derivados de la fermentación proteica han sido relacionados en investigaciones previas con efectos negativos sobre los riñones, el envejecimiento celular y determinadas funciones cerebrales, por lo que conocer su evolución resulta especialmente importante cuando se piensa en misiones de muchos meses o incluso años.
Constipation is common in astronauts — blood tests provide new answers.
A study from the University of Copenhagen, working with NASA, analyzed blood samples from 52 astronauts who spent months on the International Space Station. The results explain a long-known problem: why… pic.twitter.com/88hx2UXlsr
— Black Hole (@konstructivizm) August 17, 2026
Marte convierte un pequeño problema en algo mucho más importante
La buena noticia es que los cambios observados parecían reversibles. Una vez que los astronautas regresaban a la Tierra, gran parte de las alteraciones metabólicas tendían a desaparecer.
Aun así, una futura misión a Marte podría mantener a una tripulación en condiciones de gravedad reducida durante mucho más tiempo, haciendo necesario prevenir estos cambios antes de que se conviertan en un problema médico.
Entre las posibles estrategias aparecen aumentar la cantidad de fibra y carbohidratos de fermentación lenta, utilizar prebióticos o encontrar formas de favorecer el movimiento intestinal durante el vuelo.
El estudio encontró además otros cambios, como una reducción aproximada del 10% del ácido úrico durante las misiones y pequeñas variaciones relacionadas con la dieta, aunque ninguna explicó por sí sola la señal principal.
La exploración espacial suele asociarse con cohetes, radiación y tecnologías extremas, pero llegar algún día a Marte dependerá también de detalles mucho más pequeños. Entre ellos, conseguir que las bacterias que llevamos dentro aprendan a vivir durante meses en un lugar donde prácticamente toda su evolución ocurrió bajo una fuerza que ya no está: la gravedad.