Saltar al contenido
Ciencia

Muchos dinosaurios tragaban piedras a propósito y durante décadas creímos saber por qué. Su forma acaba de revelar que algunos tenían una auténtica “molleja” 150 millones de años antes que las aves modernas

Los gastrolitos aparecen acumulados dentro del abdomen de numerosos fósiles, pero tener piedras no significa necesariamente utilizarlas para triturar comida. Un nuevo estudio ha descubierto que las redondeadas conservan la huella de un estómago musculoso y permiten reconstruir cómo digerían los dinosaurios sin haber conservado el órgano.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Encontrar un dinosaurio con un montón de piedras dentro del abdomen puede parecer una casualidad geológica. En muchos casos no lo es.

Son gastrolitos, piedras ingeridas por el propio animal que podían permanecer durante un tiempo dentro de su aparato digestivo. Durante décadas, los paleontólogos tendieron a interpretar su presencia de una forma bastante sencilla: si un dinosaurio había tragado piedras, probablemente las utilizaba como las gallinas y otras aves actuales, triturando alimentos dentro de una molleja.

El problema es que también aparecen gastrolitos en animales carnívoros. Incluso dinosaurios como Tarbosaurus podían tenerlos. Así que piedras en el estómago no equivale automáticamente a dinosaurio herbívoro ni a estómago triturador.

Un estudio publicado en Paleobiology propone ahora mirar otra cosa: no cuántas piedras había, sino qué aspecto tenían después de pasar por el estómago.

Un estómago potente convierte las piedras en cantos rodados

Muchos dinosaurios tragaban piedras a propósito y durante décadas creímos saber por qué. Su forma acaba de revelar que algunos tenían una auténtica “molleja” 150 millones de años antes que las aves modernas
© R. Takasaki et al. 2026.

El equipo dirigido por Ryuji Takasaki reunió datos de 104 individuos pertenecientes a 46 especies actuales de aves y cocodrilianos, animales que permiten comparar directamente el tipo de alimentación, la musculatura del estómago y la forma de sus gastrolitos.

El patrón fue especialmente claro. Los animales con estómagos musculosos capaces de triturar comida presentaban piedras más redondeadas y desgastadas. El movimiento repetido dentro del aparato digestivo hace que choquen entre ellas y contra el alimento hasta ir eliminando sus aristas.

Cuando el estómago ejerce poca acción mecánica, las piedras permanecen mucho más angulosas. Eso convierte algo aparentemente insignificante en una especie de fósil indirecto del aparato digestivo. Los estómagos blandos prácticamente nunca fosilizan, pero las piedras que estuvieron trabajando dentro de ellos sí pueden hacerlo durante más de 100 millones de años.

Los investigadores llevaron después el método al registro fósil, estudiando 29 ejemplares de 16 especies de dinosaurios. Y encontraron estrategias digestivas muy diferentes.

Algunos gigantes herbívoros tenían piedras, pero probablemente no las utilizaban como una molleja

Aquí llega una de las sorpresas. Dinosaurios herbívoros como Psittacosaurus y saurópodos como Diplodocus conservaban gastrolitos relativamente angulosos. Eso apunta a que sus estómagos no estaban triturando violentamente esas piedras, pese a que comían plantas.

No significa que no fueran herbívoros. Significa que resolvían el mismo problema de otra manera.

Los ornitisquios disponían de dientes y mandíbulas capaces de procesar considerablemente el alimento antes de tragarlo. Los enormes saurópodos, con mucha menos masticación, pudieron compensarlo mediante grandes aparatos digestivos, fermentación microbiana y tiempos prolongados de procesamiento. La idea de que todos aquellos gigantes necesitaran una especie de “molino de piedras” en el estómago pierde así todavía más fuerza.

Los terópodos próximos a las aves cuentan otra historia. Especies como Caudipteryx, Jeholornis y Archaeorhynchus presentan gastrolitos mucho más redondeados, compatibles con un estómago muscular que los hacía chocar y desgastarse continuamente.

La molleja de una gallina empezó a construirse en los dinosaurios

Muchos dinosaurios tragaban piedras a propósito y durante décadas creímos saber por qué. Su forma acaba de revelar que algunos tenían una auténtica “molleja” 150 millones de años antes que las aves modernas
© Tiouraren (Y.-C. Tsai).

Al colocar todos esos datos sobre el árbol evolutivo, los investigadores sitúan la aparición de un estómago muscular desarrollado como mínimo en la base de Maniraptoriformes, dentro de los terópodos, hace más de 150 millones de años. Es una innovación mucho más importante de lo que parece.

Trasladar parte de la trituración desde la boca hasta el estómago habría facilitado que diferentes linajes redujeran progresivamente sus dientes. Dinosaurios como los oviraptorosaurios, tericinosaurios y ornitomimosaurios terminaron experimentando precisamente reducciones dentales importantes, mientras esa solución digestiva sobrevivió en sus parientes que todavía existen: las aves. Eso también responde a la pregunta inicial de una forma menos sencilla de lo esperado.

Algunos dinosaurios probablemente tragaban piedras para convertir su estómago en un molino. Otros las tenían dentro sin utilizarlas de esa manera. Después de millones de años, son las propias piedras las que permiten distinguirlos: cuanto más redondas quedaron, más duro tuvo que trabajar el estómago que desapareció alrededor de ellas.

Compartir esta historia

Artículos relacionados