El estrecho de Ormuz es una de las zonas más tensas y estratégicas del planeta. Separando Irán de la península Arábiga, este corredor marítimo es vital para el transporte de petróleo y gas natural. Con millones de barriles atravesándolo cada día, su control representa poder económico y militar. En este artículo exploramos quién lo domina, por qué es tan importante y qué implicaría su bloqueo.
¿Dónde está el estrecho de Ormuz?
El estrecho de Ormuz se encuentra en el suroeste de Asia, conectando el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo. Al norte limita con Irán y al sur con la península Arábiga, hogar de países como Omán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.

Con una anchura que varía entre 55 y 95 kilómetros, su paso es lo suficientemente profundo para que transiten buques de gran calado, incluidos superpetroleros y buques gaseros.
Este estrecho es el único canal marítimo que permite la salida del petróleo del golfo Pérsico hacia el océano Índico, lo que lo convierte en un “punto de estrangulamiento” geoestratégico.
Un cuello de botella para el petróleo mundial
Según datos del Strauss Center y la Enciclopedia Britannica, por el estrecho de Ormuz circulan entre 17 y 20 millones de barriles de petróleo cada día. Esto representa entre el 20 % y el 30 % del consumo mundial. Casi el 88 % de todo el crudo exportado desde el golfo Pérsico depende de este paso.
Además del crudo, también es una vía esencial para el comercio de gas natural licuado, fundamental para los países asiáticos.

En resumen, cualquier incidente o bloqueo en esta zona tendría consecuencias directas e inmediatas sobre el precio del petróleo y el equilibrio económico global.
¿Quién controla realmente el estrecho de Ormuz?
Aunque se trata de aguas internacionales, la influencia de Irán es dominante. De las ocho islas principales que salpican el estrecho, siete están bajo control iraní. El país mantiene presencia militar en ellas desde los años 70.
Esta posición otorga a Irán una ventaja geopolítica significativa. Según el Strauss Center, su presencia militar constante y la capacidad de movilización en la zona convierten al régimen iraní en el actor más poderoso del estrecho.
Cualquier intento de cierre del paso —incluso parcial— podría tener un efecto dominó en los mercados globales. Por eso, la región se vigila con lupa desde Washington, Bruselas, Pekín y más allá.

Un paso vital… y vulnerable
La relevancia del estrecho de Ormuz es tal que su sola mención en contextos de tensión internacional suele disparar los precios del petróleo. Su importancia trasciende lo regional: es un termómetro de la estabilidad energética global.
Aunque su control de facto recae en Irán, el tránsito está garantizado por normas internacionales que, hasta ahora, han evitado bloqueos prolongados. Pero la amenaza siempre está latente.
En un mundo que aún depende de los combustibles fósiles, Ormuz seguirá siendo, durante años, uno de los lugares más sensibles —y vigilados— del planeta.
Fuente: National Geographic.