El 9 de diciembre de 2005 llegó a los cines Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario, la adaptación de la novela más popular de la saga de Las crónicas de Narnia. La expectación era enorme: siete libros, una base de fans sólida y una historia con potencial épico comparable a Harry Potter o El señor de los anillos.
El resultado fue arrollador. La película recaudó más de 745 millones de dólares en todo el mundo y obtuvo una recepción mayoritariamente positiva por parte del público y la crítica. Todo apuntaba a que Disney tenía entre manos una franquicia a largo plazo. Pero no fue así.
Un éxito inicial que se fue desinflando
Tras el impacto de la primera entrega llegaron Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian en 2008 y Las crónicas de Narnia: La travesía del Viajero del Alba en 2010. Ambas superaron los 400 millones de dólares en taquilla, cifras respetables, pero muy inferiores a las expectativas generadas por el debut.
Con cada nueva entrega, el entusiasmo se enfriaba. La crítica fue perdiendo interés y el público comenzó a desconectarse. La travesía del Viajero del Alba apenas alcanzó una valoración media del 50/100 entre medios especializados, dejando claro que la saga había perdido impulso.

Problemas creativos y de continuidad
Uno de los grandes obstáculos fue la falta de continuidad. El cambio de director —de Andrew Adamson a Michael Apted— alteró el tono y el estilo de las películas. Además, el crecimiento natural de los actores infantiles complicó la coherencia narrativa: Georgie Henley, Anna Popplewell, William Moseley y Skandar Keynes ya no encajaban físicamente con los personajes de las novelas siguientes.
A diferencia de otras sagas juveniles que crecieron junto a su reparto, Narnia no logró sostener ese vínculo emocional con el espectador.
Llegar tarde al boom de la fantasía
Otro factor clave fue el contexto. Cuando Narnia intentó consolidarse, el género fantástico ya estaba saturado. Harry Potter dominaba la taquilla, El señor de los anillos acababa de cerrar su trilogía y Piratas del Caribe había redefinido el cine de aventuras.
Aunque la primera película funcionó, el público parecía menos dispuesto a invertir emocionalmente en una nueva saga extensa. Algo similar ocurriría años después con franquicias como Divergente o El corredor del laberinto.

Proyectos frustrados y un silencio prolongado
En 2011, los derechos pasaron a The Mark Gordon Company, con planes para adaptar La silla de plata. Se contrató al guionista David Magee y al director Joe Johnston, pero el proyecto se desvaneció sin explicaciones claras. Nunca llegó a rodarse.
Durante años, Narnia quedó en pausa, como una franquicia con enorme potencial que nunca terminó de encontrar su lugar.
Una segunda vida en Netflix
En 2018 llegó el gran giro: Netflix adquirió los derechos de los siete libros, algo inédito hasta entonces. La plataforma planteó un ambicioso universo cinematográfico y televisivo supervisado por Matthew Aldrich, coguionista de Coco.
La gran apuesta inicial es una película dirigida por Greta Gerwig, responsable de Barbie. Gerwig escribirá y dirigirá al menos dos películas, comenzando por Narnia: El sobrino del mago, que se estrenará en cines IMAX el 26 de noviembre de 2026, antes de llegar a Netflix.
Quizá ahora, con una visión unificada y sin las presiones del viejo modelo de franquicias, Las crónicas de Narnia tenga por fin la oportunidad de convertirse en lo que siempre prometió ser: una gran saga de fantasía a la altura de su legado literario.
Fuente: SensaCine.