Aunque siempre hay vida más allá de la potencia bruta de un procesador, porque su verdadero impacto depende de lo optimizado que esté el sistema, el lanzamiento de un nuevo teléfono insignia siempre es motivo para lanzarlo al ruedo de los benchmarks y realizar comparativas. Para sorpresa de nadie, el nuevo Galaxy S9 se desenvuelve realmente bien.

Hasta el lanzamiento del nuevo terminal insignia de Samsung, el rival a batir era el iPhone X, que con el A11 Bionic consiguió dejar el listo realmente alto. En el caso del Galaxy S9, el modelo que hemos probado a pie de stand llevaba un procesador Exynos, que es el que se comercializa aquí en España y en casi todo el resto del mundo excepto en Estados Unidos y China. Los resultados, hechos con Antutu, arrojan que el terminal de Samsung se queda, con 243.000, unos 20.000 puntos por encima del iPhone X.

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Considerando que el Galaxy S8, el modelo anterior, rondaba los 160.000 puntos, eso implica que el S9 ha incrementado el rendimiento técnico en un 50%, una auténtica bestialidad. Aquí la captura de Antutu en un iPhone X.

Y aquí una fotografía (los modelos de la feria tienen restringida la capacidad de tomar capturas de pantalla) del Galaxy S9, también con Antutu.

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Otros tests realizados por medios técnicos como GSMArena con otras herramientas como Geekbench también dejan al Galaxy S9 ligeramente por encima. Es complicado explicar, o determinar más bien, cómo y cuánto impacta esto al usuario medio en el día a día pero, en lo que a la carrera por el rendimiento de procesadores móviles se refiere, Samsung lleva (de momento) la delantera).