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Ciencia

El impacto del asteroide no solo extinguió a los dinosaurios y oscureció el planeta durante años. También provocó un gigantesco brote de hongos que transformó la Tierra en un inmenso ecosistema de descomposición

Tras la colisión del asteroide de Chicxulub, el mundo quedó cubierto por oscuridad, cenizas y materia orgánica en descomposición. Según varios investigadores, aquellas condiciones permitieron el mayor auge de hongos de toda la historia del planeta, creando un entorno biológico tan hostil que incluso los supervivientes de la catástrofe tuvieron dificultades para resistir.
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El mundo posterior al impacto del asteroide no se parecía al planeta que solemos imaginar en las películas sobre dinosaurios. No era un paisaje lleno de fuego constante ni criaturas huyendo eternamente entre volcanes. Durante buena parte del tiempo, la Tierra se convirtió en algo mucho más extraño: un lugar oscuro, húmedo, cubierto de materia orgánica en descomposición y prácticamente sin luz solar.

Un gigantesco sótano planetario. Y en ese ambiente hubo organismos que prosperaron como nunca antes en la historia de la vida.

Los hongos.

Ahora, un estudio publicado en PNAS plantea que el colapso ecológico provocado por el impacto de Chicxulub desencadenó el mayor brote fúngico conocido en la Tierra. Una expansión tan enorme que pudo alterar profundamente la recuperación de los ecosistemas tras la extinción de los dinosaurios y convertir al planeta en un auténtico laboratorio biológico de descomposición.

El impacto del asteroide destruyó mucho más que a los dinosaurios

Hace unos 66 millones de años, un asteroide de entre 10 y 15 kilómetros de diámetro impactó contra la región que hoy corresponde a la península de Yucatán, en México.

La energía liberada fue descomunal. El choque provocó megaterremotos, tsunamis gigantescos, incendios globales y una enorme liberación de polvo, azufre y hollín hacia la atmósfera. La luz solar quedó parcialmente bloqueada durante largos períodos, las temperaturas descendieron y gran parte de las cadenas alimenticias colapsaron.

El resultado es bien conocido: aproximadamente el 75% de las especies desaparecieron. Entre ellas, casi todos los dinosaurios no avianos. Pero mientras enormes animales morían y los ecosistemas se derrumbaban, otro grupo de organismos encontró condiciones prácticamente ideales para expandirse.

El planeta se llenó de materia muerta y oscuridad. Exactamente lo que necesitan los hongos

La investigación liderada por Rosanna Baker y Arturo Casadevall describe un escenario casi perfecto para la proliferación fúngica. Los bosques destruidos, los cadáveres acumulados y la reducción drástica de luz solar transformaron el planeta en un ambiente húmedo y rico en materia orgánica. Algo parecido, según los autores, a las condiciones de un sótano. Y los hongos son especialistas absolutos en ese tipo de ecosistemas.

Su función ecológica principal consiste precisamente en descomponer organismos muertos y reciclar nutrientes. Cuanta más materia orgánica disponible existe, mayores oportunidades tienen para expandirse.

Tras Chicxulub, la cantidad de recursos disponibles debió ser gigantesca. Los investigadores creen que aquella situación permitió una explosión fúngica global sin precedentes.

Los fósiles muestran una expansión masiva de esporas y tejidos fúngicos

El impacto del asteroide no solo extinguió a los dinosaurios y oscureció el planeta durante años. También provocó un gigantesco brote de hongos que transformó la Tierra en un inmenso ecosistema de descomposición
© Getty Images / Stocktrek Images.

La evidencia apareció en registros geológicos del límite K/Pg, la frontera que marca la extinción masiva de finales del Cretácico. Los científicos analizaron depósitos sedimentarios en las cuencas de Denver y Williston, en Norteamérica, buscando rastros microscópicos de esta proliferación. Y los resultados fueron sorprendentes.

En algunos estratos del yacimiento Bowring Pit, más del 50% de los microfósiles recuperados correspondían a hongos. Eso significa que durante ciertos momentos posteriores a la extinción, las esporas y estructuras fúngicas llegaron a dominar gran parte de la actividad biológica registrada en esos ecosistemas.

Además, el aumento de hongos coincidía temporalmente con episodios volcánicos masivos en India relacionados con las erupciones de Poladpur. Eso sugiere algo todavía más inquietante: los ecosistemas ya estaban debilitándose incluso antes del impacto definitivo del asteroide.

Los hongos no solo descomponían cadáveres. También pudieron atacar a los supervivientes

Aquí aparece una de las partes más fascinantes (y perturbadoras) del estudio. Los autores creen que la expansión fúngica no se limitó a consumir materia muerta. También pudo afectar directamente a muchos de los animales que sobrevivieron inicialmente al impacto. Las condiciones extremas debilitaban los sistemas inmunológicos de las especies restantes. Y en un planeta saturado de esporas y organismos patógenos, las infecciones fúngicas pudieron convertirse en una amenaza enorme.

Según los investigadores, ni siquiera era necesaria una mortalidad masiva inmediata para explicar el fenómeno. Bastaba con que los ecosistemas alterados redujeran la resistencia biológica de los supervivientes. En otras palabras: incluso los animales que lograron escapar del desastre inicial podrían haber terminado muriendo lentamente en un mundo dominado por hongos.

El dominio fúngico pudo cambiar completamente la recuperación de la vida en la Tierra

La gran paradoja de las extinciones masivas es que destruyen ecosistemas enteros… pero también abren espacio para nuevas formas de vida. Tras la desaparición de los dinosaurios, los mamíferos comenzaron una expansión evolutiva que eventualmente terminaría llevando a la aparición de los humanos millones de años después.

Pero antes de eso, el planeta tuvo que atravesar una fase extremadamente hostil. Y los hongos parecen haber desempeñado un papel crucial en ese período de transición.

Al acelerar la descomposición de organismos muertos y reciclar nutrientes, ayudaron a reorganizar completamente las cadenas tróficas y el funcionamiento de los ecosistemas posteriores al impacto. Es decir, la recuperación de la vida moderna podría haber comenzado literalmente sobre una inmensa red global de hongos.

Quizá los verdaderos vencedores de la extinción no fueron los mamíferos

Cuando pensamos en la caída de los dinosaurios solemos imaginar inmediatamente el ascenso de los mamíferos. Pero los primeros grandes beneficiados pudieron ser organismos muchísimo más pequeños.

Mientras el cielo permanecía cubierto de cenizas y gran parte del planeta se hundía en un invierno oscuro y húmedo, los hongos encontraron el escenario perfecto para expandirse a escala global. Y quizá ahí reside la parte más inquietante de toda esta historia.

Porque durante un breve período, tras una de las peores catástrofes biológicas de la Tierra, el mundo dejó de pertenecer a los grandes animales y pasó a manos de organismos microscópicos capaces de devorar lentamente los restos de un planeta entero.

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