Uno de los glaciares más importantes de la Antártida parece haber alcanzado un punto preocupante en su evolución. El glaciar Thwaites, conocido popularmente como el glaciar del Juicio Final, seguirá perdiendo hielo durante al menos los próximos 150 años, incluso bajo condiciones extremas de enfriamiento del océano.
Esta es la principal conclusión de una investigación dirigida por el British Antarctic Survey (BAS), publicada en la revista científica Geophysical Research Letters.
El descubrimiento plantea un desafío para la lucha contra el cambio climático: algunos procesos de pérdida de hielo iniciados hace décadas podrían continuar durante generaciones, aunque se reduzcan las temperaturas oceánicas.
El glaciar del Juicio Final podría elevar el nivel del mar 65 centímetros
Ubicado en la Antártida Occidental, el glaciar Thwaites es una de las masas de hielo más vigiladas del planeta debido a su tamaño y vulnerabilidad.
Su desaparición completa podría contribuir aproximadamente 65 centímetros al aumento del nivel medio global del mar, una cantidad suficiente para incrementar significativamente el riesgo de inundaciones en numerosas regiones costeras.
Los científicos estiman que cada centímetro adicional de aumento del nivel del mar puede exponer a millones de personas más a inundaciones.
Sin embargo, esto no significa que el glaciar vaya a desaparecer completamente durante los próximos 150 años. El estudio advierte sobre la continuidad de la pérdida de hielo, no sobre una fecha determinada para su colapso total.
The Thwaites Glacier, commonly referred to as the "Doomsday Glacier," has passed a critical threshold and is committed to irreversible ice loss for at least the next 150 years. Computer simulations indicate that cooling the oceans will not halt this ongoing melt and retreat #News pic.twitter.com/COVS1HWcz4
— GodfreyDubon (@GodfreyDubon) October 16, 2026
Los científicos descubrieron que el deshielo continuará incluso sin calentamiento oceánico
Para comprender el futuro del glaciar, los investigadores realizaron simulaciones informáticas sobre Thwaites y su vecino, el glaciar Pine Island. Utilizaron tres modelos independientes en los que eliminaron completamente el derretimiento provocado por el océano bajo ambos glaciares.
Los resultados mostraron comportamientos diferentes.
Mientras Pine Island dejó de perder hielo y comenzó a recuperar espesor, Thwaites continuó adelgazándose y retrocediendo durante los 150 años simulados. Aunque su pérdida de hielo disminuyó progresivamente, nunca se detuvo por completo.
Según Rosie Williams, glacióloga del British Antarctic Survey y autora principal del estudio, los cambios históricos provocados por el océano ya han comprometido al glaciar con una pérdida de hielo que no puede revertirse simplemente enfriando el agua.
El problema comenzó hace más de 80 años
Los investigadores explican que el glaciar Thwaites comenzó a retroceder alrededor de la década de 1940.
Desde entonces, el calentamiento oceánico ha desempeñado un papel fundamental en su transformación.
El problema es que los cambios acumulados en su estructura y dinámica pueden mantener la pérdida de hielo incluso cuando desaparece el factor que inicialmente aceleró el proceso.
Además, los científicos destacan que eliminar completamente el derretimiento oceánico es un escenario hipotético, ya que el contacto entre el agua de mar y el hielo puede seguir provocando fusión.
¿Todavía es posible evitar una catástrofe en la Antártida?
Aunque los resultados parecen preocupantes, los investigadores advierten que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero continúa siendo fundamental.
El hecho de que parte de la pérdida de hielo sea inevitable no significa que todos los escenarios futuros sean iguales. Limitar el calentamiento global puede reducir la velocidad y magnitud del deshielo, evitando consecuencias todavía mayores para las comunidades costeras.
Los científicos también reconocen que todavía desconocen si otros grandes glaciares antárticos están entrando en procesos similares.
La investigación deja una advertencia importante: los efectos del calentamiento climático pueden persistir durante siglos, incluso después de que desaparezcan algunas de las condiciones que los provocaron.