Uno de los glaciares más peligrosos de la Tierra podría desempeñar un papel mucho mayor en el futuro aumento del nivel del mar de lo que se pensaba hasta ahora.
Un equipo de glaciólogos de la Universidad de California y del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA ha desarrollado un nuevo modelo de las capas de hielo para obtener una proyección más precisa del deshielo del glaciar Thwaites, en la Antártida Occidental.
Los resultados, publicados en la revista Nature Communications, estiman que el glaciar podría contribuir a elevar el nivel del mar hasta 30 milímetros de aquí a 2100, incluso sin un calentamiento climático adicional. El estudio apunta, por tanto, a un riesgo de inundaciones costeras durante las próximas décadas todavía mayor de lo que se había calculado anteriormente.
Bajo el hielo
También conocido como el glaciar del Juicio Final, Thwaites ha experimentado una profunda transformación en las últimas décadas. Su espesor se ha reducido, su movimiento se ha acelerado y su frente ha retrocedido hacia el interior del continente, mientras las aguas oceánicas cálidas erosionan desde abajo sus plataformas de hielo flotantes.
Durante décadas, los glaciólogos han recurrido al concepto de «línea de apoyo» para comprender la dinámica de las capas de hielo. Se trata del límite donde el hielo deja de descansar sobre el lecho rocoso y comienza a flotar sobre el océano, una frontera que tradicionalmente se consideraba relativamente estrecha y estable.
Los científicos utilizan modelos informáticos para predecir cómo se desplazan los glaciares hacia el océano y a qué velocidad pierden hielo. Al mismo tiempo, las observaciones por satélite permiten medir la rapidez con la que se mueve el hielo en la Antártida. Sin embargo, las predicciones de esos modelos y las observaciones reales no terminan de coincidir.
Thwaites resulta especialmente importante porque, en muchas zonas, el lecho rocoso sobre el que descansa se encuentra a mayor profundidad cuanto más se adentra en el continente. Cuando el agua cálida del océano derrite el hielo cerca de su zona de apoyo, el glaciar puede retroceder hacia aguas más profundas, lo que potencialmente permite que una mayor cantidad de hielo fluya hacia el mar.
La discrepancia entre las predicciones de los modelos y las observaciones por satélite plantea una pregunta inquietante: ¿han estado los científicos subestimando la velocidad a la que están cambiando los glaciares de la Antártida?
Un riesgo todavía mayor
Los investigadores responsables del nuevo estudio intentaron resolver esa discrepancia comparando los modelos de las capas de hielo con las observaciones recopiladas durante los últimos 20 años.
Gracias a los datos de radar de apertura sintética de la constelación de satélites finlandeses ICEYE, detectaron fluctuaciones en la zona de apoyo del glaciar Thwaites, a lo largo de su principal corredor de flujo. Las observaciones sugieren que el agua de mar penetra varios kilómetros por debajo del hielo que descansa sobre el lecho rocoso y lo levanta en respuesta a las variaciones de las mareas.
Este movimiento permite que el agua marina a presión se desplace por debajo del hielo, transportando potencialmente el calor del océano hacia zonas más interiores e intensificando el deshielo en la base del glaciar. La infiltración también podría verse influida por las corrientes oceánicas, que están siendo modificadas por el cambio climático.
El nuevo estudio publicado en Nature Communications sugiere que los procesos que tienen lugar en la zona de apoyo están acelerando el retroceso del glaciar Thwaites y provocando que pierda contacto con las crestas submarinas que contribuyen a estabilizarlo. Esto permite que el hielo fluya con mayor rapidez hacia el océano y aumenta su vulnerabilidad frente a un deterioro todavía mayor.
«Llevamos décadas documentando y cuantificando los efectos del cambio climático sobre las sensibles capas de hielo de nuestro planeta, pero lo que hemos ido descubriendo en los últimos años sobre lo que ocurre bajo glaciares como Thwaites está generando una preocupación cada vez mayor», afirmó Eric Rignot, profesor de Ciencias del Sistema Terrestre de la Universidad de California en Irvine y coautor del estudio, en un comunicado de la universidad.
«Nuestro nuevo modelo, que incorpora una representación más completa de los procesos físicos, consigue reproducir las observaciones y, a partir de ellas, genera proyecciones que duplican las estimaciones anteriores».