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Ciencia

El desierto no polar más seco del planeta lleva 45 millones de años casi sin lluvia: un par de tormentas de agosto podrían cubrirlo de flores en 15.000 km²

Durante casi todo el año parece un territorio sin vida. Pero bajo esa superficie árida hay semillas que llevan años, a veces décadas, esperando el momento exacto para germinar todas juntas
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El desierto de Atacama se extiende por más de 1.000 kilómetros al oeste de la cordillera de los Andes y ocupa unos 105.000 kilómetros cuadrados en el norte de Chile. Está considerado el desierto no polar más seco del mundo, con sectores donde el agua es prácticamente inexistente. Su promedio anual de lluvia ronda apenas los 15 milímetros, frente a los 75 milímetros que recibe el Sahara, y existen áreas que apenas acumulan entre 1 y 3 milímetros al año; algunas estaciones meteorológicas instaladas en su núcleo hiperárido nunca registraron una sola precipitación.

Esa aridez extrema tiene una explicación geográfica precisa: la cordillera de los Andes bloquea la humedad que llega desde la región amazónica, mientras que la fría corriente de Humboldt enfría el aire sobre el océano Pacífico e impide que las nubes asciendan y descarguen lluvia con facilidad.

45 millones de años de sequía extrema

Atacama
© Amanda.Teodoro – Shutterstock

Durante décadas se pensó que esta hiperaridez se había instalado hace entre 10 y 20 millones de años, coincidiendo con cambios en las corrientes oceánicas y la formación de los Andes. Un estudio publicado en 2026 en Nature Communications, liderado por el investigador Benedikt Ritter Prinz de la Universidad de Colonia, corrigió esa cronología: usando concentraciones de isótopos cosmogénicos en 135 muestras de cuarzo, el equipo determinó que el núcleo hiperárido del desierto ya estaba establecido hace unos 45 millones de años, ligado a un período de enfriamiento climático global posterior al Óptimo Climático del Eoceno Temprano. Eso adelanta el origen de esta aridez extrema unos 20 millones de años respecto de lo que se creía hasta ahora, y lo convierte en una de las regiones continuamente secas más antiguas del planeta.

Lo que hace falta para que el desierto florezca

Que un territorio tan árido pueda cubrirse de flores depende de una combinación puntual de factores. Hace falta que caigan entre 15 y 30 milímetros de lluvia, principalmente durante junio y julio, sumado a una acumulación suficiente de horas de frío. Cuando esas condiciones se dan, semillas que pueden llevar años latentes bajo tierra germinan de manera simultánea, y más de 200 tipos de flores llegan a aparecer en distintos sectores del territorio, entre hierbas como el tomillo, la llareta y la salicornia.

Un fenómeno que este año promete ser histórico

Desierto De Acatama Florido
© Camila.ag Shutterstock

Las lluvias inusualmente intensas registradas en la región de Atacama durante julio y agosto de 2026 activaron todas las condiciones necesarias para un nuevo Desierto Florido, el nombre con el que se conoce a este fenómeno en Chile. Según proyecciones de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), la floración de este año podría manifestarse en una superficie de hasta 15.000 kilómetros cuadrados, una extensión comparable a la de toda la Región Metropolitana de Santiago, y algunos especialistas la comparan en magnitud con el episodio de 1997, uno de los más recordados de las últimas décadas.

El calendario estimado ubica las primeras floraciones en plenitud a comienzos de septiembre, con el pico de mayor intensidad durante la segunda quincena de octubre, y una posible extensión hasta noviembre. Las zonas más favorecidas incluirían sectores de Huasco, Freirina, Vallenar, Caldera, Copiapó y Chañaral, aunque la localización final del fenómeno depende de cómo se hayan distribuido las lluvias en cada sector.

Un desierto que también mira al cielo

Fuera de la temporada de floración, las mismas condiciones extremas que definen a Atacama lo vuelven un lugar clave para la ciencia. La altitud, la sequedad atmosférica y la escasísima contaminación lumínica favorecen la observación astronómica y permitieron instalar allí grandes instrumentos, entre ellos el radiotelescopio ALMA (Atacama Large Millimeter Array). Algunas zonas del desierto, además, presentan una composición del suelo y una escasez de microorganismos tan particulares que sirven como banco de pruebas para instrumentos pensados para futuras misiones a Marte, un territorio que durante buena parte del año se comporta casi como otro planeta y que, por unas semanas, se cubre de color.

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