Foto: AP Images.

Buenas noticias: parece que el gato del fundador de Wikileaks, Julian Assange, está vivo en la embajada ecuatoriana. Sin embargo, también hay malas noticias: el gobierno ecuatoriano se ha visto obligado a decirle a Assange que cuide del gato o tendrá que encontrar un nuevo hogar.

Durante los últimos seis años, Assange se ha estado escondiendo en la sede diplomática de Ecuador en Londres. No obstante, al nuevo gobierno de Ecuador no le gusta que Assange cause problemas con otros gobiernos en el mundo y le han cortado el acceso a internet en marzo. Recientemente, Ecuador ha descrito varias condiciones que debe cumplir para recuperar sus privilegios de WiFi, recibir visitas y permanecer en la embajada. The Guardian obtuvo una copia del documento que describe los nuevos términos de su estadía.

Advertisement

El memo fue publicado por la página web ecuatoriana Código Vidrio y dice que el asilo continuo de Assange está condicionado a que evite cualquier actividad que pueda considerarse política, o interfiera en asuntos internos de otros estados. El documento también exige que Assange asuma la responsabilidad por el “bienestar, nutrición, limpieza y cuidado adecuado” de su gato mascota y “la limpieza e higiene del baño y otros espacios” que utiliza dentro de la embajada.

Además, la actividad en internet de Assange está restringida al uso de su computadora personal o teléfono en el WiFi de la embajada. Anteriormente fue acusado de “comprometer” los sistemas de comunicaciones de la embajada y ahora tiene prohibido traer equipos electrónicos que no hayan sido autorizados explícitamente.

Advertisement

A falta de un completo desalojo, el documento lo amenaza con “la desconexión inmediata del acceso a internet” los limites de comunicación y establece que la embajada le pedirá que “entregue la mascota a otra persona” si no cuida adecuadamente a su gato.

Assange originalmente obtuvo asilo en la embajada ecuatoriana para evitar los cargos del gobierno británico relacionados con el incumplimiento de una fianza en 2012, y teme la extradición a los Estados Unidos si pone un pie fuera de la sede diplomática. Desde entonces, la reputación de Wikileaks como defensor de los denunciantes y un oponente de la corrupción se ha marchitado. Y Assange se ha mostrado cada vez más como un imbécil. Cuando un gatito de 10 semanas apareció como un regalo de sus hijos en 2016, se convirtió en el accesorio perfecto para ayudar a mejorar su imagen, especialmente cuando el gatito lleva corbata.

Advertisement

Resulta que el gato era, en realidad, un accesorio demasiado perfecto. El año pasado, uno de sus allegados dijo a New Yorker que la historia de que el gatito era un regalo de sus hijos es mentira. Incluso su nombre no está claro. A veces se le conoce como “Cat-stro”, “Michi” y “Embassy Cat” (o gato de la embajada). Ahora, la relación de Assange con el gobierno ecuatoriano y su nuevo presidente, Lenín Moreno, es tensa y la embajada aparentemente no está de humor para cuidar su gato.

Foto: AP Images.

En septiembre, Assange renunció como editor en jefe de Wikileaks y entregó las riendas al periodista islandés Kristinn Hrafnsson. Se creía que esa decisión era un intento de restablecer su acceso a internet, y también estaba motivada por el hecho de que no es práctico llevar las riendas de una publicación en línea mientras se lleva una vida real o “1.0” muy estricta.

Advertisement

El abogado de Assange, Carlos Poveda, comentó a The Guardian que su cliente aún no ha tenido acceso a internet, y que no puede leer el memorándum porque no se ha traducido al inglés. Poveda protestó por las condiciones a las que Assange está sometido a decir: “este nuevo régimen va en contra de su dignidad humana básica como asilado”.

Es una situación difícil para Assange, pero al menos puede comunicarse (fuera de internet, por ahora) con quienes lo defienden en el mundo exterior. Mientras tanto, el gato está atrapado con un megalómano al que se le debe ordenar que se ocupe de sus necesidades básicas mientras lo viste con corbatas lindas para obtener simpatía. [The Guardian]