Hoy cuesta imaginarlo. El paisaje del altiplano granadino transmite una sensación seca, áspera y casi desértica. Pero hace aproximadamente 1,5 millones de años, este rincón del sur de España era radicalmente distinto. Donde ahora predominan terrenos áridos existía un enorme humedal alimentado por las aguas de Sierra Nevada y por manantiales hidrotermales.
Aquella inmensa masa de agua ocupaba más de 1.000 kilómetros cuadrados y alrededor de ella prosperaba uno de los ecosistemas más sorprendentes del Pleistoceno europeo. Hipopótamos gigantes, elefantes, hienas y félidos con dientes de sable convivían en la región. Ahora, un nuevo descubrimiento demuestra que también lo hacían aves gigantes y antiguos carroñeros cuya importancia ecológica había permanecido oculta durante décadas.
El hallazgo fue publicado en la revista Swiss Journal of Palaeontology y se basa en fósiles recuperados en Venta Micena, uno de los yacimientos paleontológicos más importantes del Geoparque de Granada.
Los científicos encontraron la grulla gigante más antigua conocida en Europa

Durante años, Venta Micena proporcionó abundante información sobre grandes mamíferos prehistóricos y sobre algunas de las evidencias humanas más antiguas de Europa occidental. Sin embargo, las aves apenas aparecían en el registro fósil.
La explicación tiene lógica: los huesos de las aves son extremadamente frágiles y ligeros debido a su adaptación al vuelo. Eso hace que se destruyan con mucha más facilidad que los restos de grandes mamíferos. Pero tras revisar decenas de miles de fósiles almacenados durante décadas en el Museo Arqueológico de Granada, los investigadores consiguieron identificar 18 restos pertenecientes a aves. Siete de ellos conservaban suficiente información para determinar a qué especies pertenecían.
Uno de los descubrimientos más impactantes fue el de una enorme grulla fósil identificada provisionalmente como Grus cf. primigenia. La relevancia del hallazgo es enorme porque representa el registro más antiguo conocido en Europa de las llamadas grullas gigantes del Pleistoceno. Y su tamaño era extraordinario. El hueso analizado muestra una anchura aproximadamente un 30% superior a la de las grullas actuales, lo que sugiere que el animal podía superar los 10 kilogramos de peso.
El cuervo prehistórico también competía con hienas y grandes depredadores

El estudio también identificó restos de Corvus corax antecorax, considerado el cuervo más antiguo hallado hasta ahora en la Península Ibérica. Pero su importancia no se limita a la antigüedad.
Los investigadores utilizaron modelos ecológicos para analizar cómo se distribuía la carroña en los ecosistemas de Venta Micena. Al incluir a estos cuervos dentro de las simulaciones, descubrieron algo inesperado: las aves reducían en más de un 15% la cantidad de alimento disponible para hienas, félidos y otros grandes depredadores terrestres.
Eso significa que los cuervos pleistocenos no eran simples oportunistas secundarios. Formaban parte activa de las cadenas alimenticias y tenían un impacto ecológico mucho más importante del que se pensaba.
El hallazgo también ayuda a reconstruir el humedal perdido de Granada
Entre los fósiles apareció además el tarro blanco (Tadorna tadorna), un ave acuática vinculada a ambientes salobres. Su presencia aporta nuevas pistas sobre cómo era aquel paisaje desaparecido. Los científicos creen que alrededor del gran lago existían pequeñas charcas sometidas a fuertes procesos de evaporación, donde prosperaban caracoles e invertebrados adaptados a aguas salinas.
La combinación de todos estos hallazgos permite reconstruir con mucho más detalle el ecosistema del sur peninsular durante el Pleistoceno inferior. Y quizá eso sea lo más fascinante de la investigación: descubrir que bajo uno de los paisajes más secos de España todavía descansan las huellas de un mundo completamente distinto, lleno de humedales gigantes, aves enormes y animales que hoy parecen sacados de otra era del planeta.