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Ciencia

El hielo del Ártico no está muerto. Bajo la superficie blanca, los científicos hallaron un mundo verde que sigue vivo incluso a -15 °C

Durante una expedición en el mar de Chukotka, los investigadores descubrieron lo impensable: microalgas que se mueven bajo el hielo más frío del planeta. Este hallazgo revela un ecosistema oculto y redefine lo que entendemos por vida en los límites extremos de la Tierra.
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El descubrimiento, publicado en PNAS, marca un nuevo récord biológico: es la temperatura más baja jamás registrada en la que una célula eucariota puede moverse. Y no estamos hablando de microbios simples, sino de microalgas complejas capaces de deslizarse en un entorno donde el agua está casi completamente congelada.

El hallazgo que cambió la idea del hielo “muerto”

El hielo del Ártico no está muerto. Bajo la superficie blanca, los científicos hallaron un mundo verde que sigue vivo incluso a -15 °C
© Pexels – Mikhail Nilov.

Todo comenzó en una expedición al mar de Chukotka, entre Rusia y Alaska. Los científicos perforaron núcleos de hielo y los llevaron al laboratorio, donde intentaron replicar las condiciones polares. Fue entonces cuando ocurrió lo impensable: bajo el microscopio, pequeños puntos verdes comenzaron a desplazarse lentamente dentro de los canales microscópicos del hielo.

“Esto no es criobiología de película de los ochenta. Las diatomeas son tan activas como podemos imaginar hasta que las temperaturas bajan a −15 °C”, explicó Manu Prakash, profesor de Bioingeniería en Stanford y uno de los autores principales del estudio.

Las protagonistas del hallazgo son diatomeas, microalgas cubiertas por una pared de sílice —como un diminuto caparazón de vidrio— que producen oxígeno, capturan CO₂ y forman la base de la vida marina. Se creía que, atrapadas bajo el hielo, quedaban inmóviles durante los meses más fríos. El nuevo estudio demuestra lo contrario: se mueven, respiran y siguen vivas.

Cómo logran moverse a −15 °C

El hielo del Ártico no está muerto. Bajo la superficie blanca, los científicos hallaron un mundo verde que sigue vivo incluso a -15 °C
© Pexels – Sergey Torbik.

El mecanismo es tan fascinante como improbable. Estas microalgas se deslizan secretando una sustancia viscosa llamada mucílago, que actúa como una especie de cinta transportadora. Luego, usando proteínas moleculares como actina y miosina —las mismas que permiten el movimiento en los músculos humanos—, “tiran” de sí mismas para avanzar.

A esas temperaturas, casi toda reacción biológica debería detenerse. Sin embargo, las diatomeas árticas se mueven más rápido que sus parientes de aguas templadas, lo que sugiere una adaptación evolutiva extrema. “Es como si patinaran sobre el hielo”, describe Qing Zhang, autora principal del estudio.

Este comportamiento no solo demuestra que pueden sobrevivir: implica que podrían redistribuir nutrientes y moldear microecosistemas enteros dentro del hielo, algo que hasta ahora nadie había considerado.

Un ecosistema oculto bajo la nieve

“El Ártico es blanco por encima, pero por debajo es verde”, resume Prakash. Ese verde es un mundo en miniatura: un ecosistema invisible que respira, se mueve y sostiene la cadena alimentaria de los mares polares.

El hallazgo cambia por completo la forma en que los científicos entienden el hielo marino. Lejos de ser una capa inerte, parece ser una piel viva que late lentamente bajo la superficie, conectando procesos físicos, químicos y biológicos.

Pero también llega con una advertencia. “Muchos colegas me dicen que en 25 o 30 años ya no habrá Ártico”, lamenta Prakash. “Y cuando se pierden estos ecosistemas, también perdemos conocimiento: ramas enteras del árbol de la vida”.

Lo que el hielo aún guarda

Las diatomeas del hielo podrían ayudarnos a comprender cómo surgió la vida en la Tierra y, quizá, cómo podría prosperar en otros mundos helados, como Europa o Encélado. Por eso, para los investigadores, cada muestra es un fragmento de tiempo y de esperanza.

Mientras el planeta se calienta, este hallazgo se convierte en un recordatorio incómodo: incluso en los lugares más hostiles, la vida insiste en moverse. Lo hace silenciosa, diminuta, a −15 °C… pero viva.

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