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Ciencia

El hallazgo que cambia lo que sabíamos del deshielo del permafrost

Científicos descubrieron que antiguos depósitos de sal en el permafrost actúan como un acelerador del deshielo en el Ártico, provocando hundimientos, filtraciones y transformaciones más rápidas de lo esperado
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En 2018, el investigador Ben Jones perforaba el suelo helado cerca de Utqiaġvik, en Alaska, cuando, a cinco metros de profundidad, el taladro no encontró permafrost duro, sino barro blando. El hallazgo sorprendió: a esas temperaturas, el terreno debería estar sólido. La explicación resultó ser una capa de sal oculta durante miles de años.

Este tipo de permafrost salino funciona como la sal en una acera helada: reduce el punto de congelación y hace que el terreno se derrita incluso a temperaturas bajo cero. Según los expertos, estas capas enterradas podrían estar acelerando la transformación del Ártico, una región que ya se calienta cuatro veces más rápido que el promedio del planeta.

Sal ancestral bajo el hielo

Los estudios, publicados en la revista Science, señalan que las capas de sal tienen su origen en un episodio ocurrido hace más de 100.000 años, cuando el deshielo de glaciares elevó el nivel del mar y cubrió con agua salada zonas que hoy forman parte de la llanura costera del Ártico. Con el tiempo, esos sedimentos se congelaron y quedaron ocultos bajo nuevas capas de tierra y hielo.

Investigadores estiman que solo en Alaska entre 1.000 y 10.000 kilómetros cuadrados podrían descansar sobre este “fundamento salado”. Cuando se descongela, puede provocar fenómenos como hundimientos repentinos del terreno, crecimiento acelerado de lagos y debilitamiento de costas ya castigadas por el retroceso del hielo marino.

Impactos en comunidades y ecosistemas

El deshielo del permafrost salino no solo altera el paisaje: también amenaza infraestructuras, libera metales tóxicos en ríos y contamina aguas. Las viviendas y caminos construidos sobre pilotes en suelo helado pueden perder estabilidad si un estrato salino se ablanda. En Utqiaġvik, incluso las tradicionales cámaras subterráneas para conservar carne de ballena comienzan a filtrar agua salada y a perder su función.

En Rusia, este fenómeno podría estar detrás de los cráteres gigantes que aparecieron en la península de Yamal, donde el metano atrapado en el permafrost explota hacia la superficie. Modelos recientes sugieren que el agua salada podría facilitar esas rupturas.

Un futuro más incierto para el Ártico

El proyecto Thaw Below Zero, financiado por la Fundación Nacional de Ciencias de EE.UU., busca mapear la extensión real de estas capas salinas. Sus primeras mediciones apuntan a que el permafrost es más delgado de lo esperado en muchas regiones.

Para los pueblos indígenas que dependen de este suelo congelado, la amenaza no es solo la sal, sino el rápido calentamiento global que ha acortado el invierno más de un mes y ha intensificado las lluvias. Como resume el cazador inupiat Qaiyaan Harcharek: “Todo se ha acelerado”.

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