La pesca de arrastre de fondo representa aproximadamente el 25% de las capturas mundiales y es el arte de pesca más controvertido desde el punto de vista ecológico. Las redes se arrastran por el lecho marino jaladas por cables que convergen en dos piezas metálicas, las puertas o portones, cuya función es mantener la boca de la red abierta. Esas puertas se apoyan en el fondo y rozan contra él durante horas, perturbando los sedimentos, destruyendo hábitats bentónicos, resuspendiendo partículas y reduciendo la biodiversidad. Es un efecto bien documentado y difícil de mitigar sin cambiar radicalmente el arte de pesca.
Salvo, quizás, cambiando las puertas. El Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) lanzó el 15 de julio una campaña científica de diez días en los caladeros de Moraira y Altea, frente a la costa de Alicante, para evaluar en condiciones de pesca comercial real si las puertas semipelágicas, conocidas como puertas voladoras, pueden hacer el mismo trabajo que las convencionales sin tocar el fondo.
Cómo funcionan las puertas voladoras: la misma apertura sin tocar el fondo

Las puertas de arrastre tienen dos funciones simultáneas: mantener la boca de la red abierta horizontalmente y dar tensión a los cables que la conectan con el barco. En el diseño convencional, esas puertas son placas metálicas pesadas que se apoyan en el fondo y se deslizan sobre él, generando la resistencia lateral que mantiene la red abierta. El problema es que esa fricción con el fondo es exactamente el mecanismo que causa el daño ecológico.
Las puertas semipelágicas o voladoras son hidrodinámicamente diferentes. En lugar de apoyarse en el fondo, están diseñadas para volar entre aguas, a cierta distancia del lecho marino, usando la presión hidrodinámica del agua que pasa sobre ellas para generar la misma fuerza lateral de apertura que las puertas convencionales generan mediante fricción. El perfil hidrodinámico de las puertas voladoras actúa como un ala: la diferencia de presión entre las dos caras de la puerta produce una fuerza perpendicular al flujo de agua, que es la que mantiene la red abierta.
La clave técnica es que ese mecanismo de apertura hidrodinámica funciona sin contacto con el fondo. Las puertas se mantienen a una altura controlada sobre el lecho marino mediante su geometría y el peso de los cables, sin necesitar el apoyo del substrato. Y al no rozar el fondo, eliminan la principal fuente de daño ecológico del arte de arrastre.
Los resultados previos: 64% menos resistencia, hasta 18% menos combustible, mismas capturas
El IEO no llega al Mediterráneo sin experiencia previa. En el proyecto REDIPESCA 2, desarrollado con la flota de arrastre de litoral del Cantábrico-Noroeste a bordo del pesquero Plaia de Rueta de Burela (Galicia), el equipo coordinado por Julio Valeiras probó las puertas voladoras en condiciones de pesca comercial con observadores científicos embarcados.
Los resultados fueron contundentes en una dirección: la reducción del 64% en la resistencia ofrecida por las puertas sobre los fondos marinos, comparando puertas voladoras frente a puertas convencionales en las mismas condiciones. Esa reducción de resistencia tiene dos consecuencias directas: menor daño ecológico al fondo (menos presión, menos resuspensión de sedimentos) y menor esfuerzo del motor del barco para arrastrar la red (al eliminar la fricción, el sistema requiere menos potencia). Los estudios internacionales citados por Oceana cifran ese ahorro de combustible entre el 5% y el 18% dependiendo del tipo de barco y la zona de pesca.
La pregunta crítica era si las capturas se veían afectadas. Una red que no roza el fondo podría en principio perder efectividad para capturar especies demersales que viven muy cerca del lecho marino, como la merluza o la gamba de altura. Los resultados del proyecto gallego mostraron que no hubo impacto significativo en las capturas. Eso convierte a las puertas voladoras en una de las pocas propuestas de pesca más sostenible que no implica un compromiso en la productividad económica del sector.
La campaña mediterránea: cartografiado antes y después con el Emma Bardán
La campaña actual, enmarcada en el proyecto GFCM_2026_PuertVolad y financiada por la Comisión General de Pesca del Mediterráneo (CGPM) de la FAO, opera con una metodología científica más rigurosa que los estudios previos. El buque de investigación Emma Bardán de la Secretaría General de Pesca realizará un cartografiado detallado del fondo marino antes y después de cada lanzamiento, usando sonar multihaz, para medir directamente la huella que dejan ambos tipos de puertas sobre el sedimento.
Simultáneamente, los equipos CTD del Emma Bardán medirán perfiles de turbidez en la columna de agua para cuantificar la resuspensión de partículas generada por cada sistema. La resuspensión de sedimentos es uno de los impactos menos visibles pero más relevantes del arrastre de fondo: las partículas finas que se levantan del lecho marino pueden viajar kilómetros antes de depositarse, afectando a organismos filtradores y reduciendo la disponibilidad de luz en la columna de agua.
El protocolo alterna arrastres con puertas voladoras y convencionales en las mismas zonas de pesca a profundidades de entre 50 y 200 metros, donde opera la flota arrastrera del Mediterráneo occidental que captura merluza, gamba de altura y cigala. Como documenta el comunicado del IEO publicado por Nova Ciencia, los resultados de la campaña aportarán la evidencia científica que la Comisión Europea y la CGPM necesitan para decidir si las puertas voladoras pueden convertirse en un requisito regulatorio para la flota arrastrera mediterránea en los próximos años.